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EL BUSCADOR

 

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ABRIL 2009

 

 

La psicología creativa y el juego supremo


Robert S. de Ropp

 

La educación es la esencia de la psicología creativa, pero el concepto de educación de ésta difiere del aceptado comúnmente. La verdadera educación implica todos los aspectos del ser del hombre, sus funciones instintiva, motriz, emocional e intelectual. Lo que pasa por educación en nuestros centros de “conocimiento avanzado” es algo unilateral que pone todo el empeño en llenar con datos el centro intelectual, casi en la misma forma en que se llena de información una computadora.
Tratar a un humano como una computadora es insultar su humanidad. Este hecho apenas lo comprenden quienes parecen los más ansiosos por “computarizar” al hombre. Aunque tratan de expresar todas las funciones humanas en terminología de computación, no obstante admiten, en sus momentos más honrados, que ciertos aspectos de la conducta humana rehúsan ajustarse a un patrón de ese tipo. Es evidente que existe algo en el hombre que un mecanismo no puede manifestar, por complejos que hagamos sus circuitos.
Así que rellenarse de datos es desfigurar la educación. Aun la más rigurosa preparación que los científicos actuales reciben deja al hombre como un extraño para sí mismo. No lo capacita para comprender las leyes de su propio ser, las limitaciones impuestas por su tipo, la naturaleza de las fuerzas y energías que actúan dentro de él, las posibilidades de otros modos de conciencia. Para comprender estas cosas necesita una clase de educación muy diferente, proyectada para desarrollar todas las partes de su ser y no sólo para aumentar su almacenamiento de información o fortalecer sus aptitudes intelectuales. William Sheldon (en The varieties of human temperament) enlista varias clases de inteligencia: la simbólica e intelectual, la somática y manipulativa, la imaginativa, la afectiva, la estética, la sexual y social, la económica, la orientacional o religiosa, la topográfica o espacial. Los niveles de estas clases de inteligencia varían con el tipo y la forma en que los tres componentes de temperamento –viscerotonía, somatotonía, cerebrotonía– se mezclan e integran uno con otro. “Quizá la persona generalmente más inteligente sea la que contenga e integre de modo acertado una fuerte dotación de más de un componente, de ser posible de los tres. La persona más inteligente deberá ser entonces temperamentalmente algo así como un bien integrado 4-4-4 (Dios es representado dee manera habitual como 7-7-7: amantísimo, omnipotente y omnisciente)”.
Los cuatro “asientos de la inteligencia”, vagamente descritos como los centros intelectual, emocional, motor e instintivo, no están ni armoniosa ni totalmente desarrollados en el hombre que existe sólo en el tercer estado de conciencia. Una persona puede tener un brillante centro intelectual y ser un retrasado en lo emocional; o estar bien desarrollada emocionalmente y tener un centro motor tan inepto que apenas pueda atar las cintas de sus zapatos. Lo que Sheldon expresa y Gurdjieff es que el hombre no tiene y no puede alcanzar su total estatura espiritual desarrollando sólo una clase de inteligencia; debe, si es que ha de crecer de modo armónico, desarrollar las cuatro.
Es permisible, en términos anatómicos, hablar de los cuatro centros como de “cuatro cerebros”, que ocupan diferentes regiones del sistema nervioso. Cada cerebro es asiento de una clase distinta de inteligencia y cada uno desempeña un papel distinto en el mantenimiento del cuerpo. Deben estudiarse estos cuatro cerebros, hacer un esfuerzo por comprender sus operaciones, por mejorar su trabajo y eliminar el funcionamiento erróneo. Esto requiere mucho trabajo y empieza, como tales trabajos deben empezar, con la autobservación.
La autobservación conduce al autoconocimiento y éste al autodominio. Esto es verdad en todos los aspectos de la psicología creativa, pero con frecuencia la Verdad no se comprende. Así que el estudiante trata de correr antes de poder caminar, de ser amo de sí mismo antes de conocerse. Esto es imposible. Lo es también obtener control sobre las cuatro complejas organizaciones que juntas constituyen el ser del hombre sin primero reunir por un periodo de años la observación necesaria. Sólo estas observaciones, tomadas directamente de la vida y no de un libro de texto, darán al estudiante el verdadero sentimiento de sus centros, lo capacitarán para comprender cómo actúan estos cuatro cerebros. Su estudio está lejos de ser simple porque complejas organizaciones interactúan constantemente entre sí. Aunque por conveniencia pueden separarse en cerebros instintivo, motor, emocional e intelectual, debe comprenderse que sus actividades se amplían. Se influyen uno al otro, interfieren uno con otro y a veces pueden dañarse unos a otros. De hecho, toda la trágica historia de la inhumanidad del hombre hacia el hombre que hace a la historia humana tan desagradable de lerse puede verse como resultado del mal funcionamiento de los cuatro cerebros, sobre todo de los cerebros intelectual y emocional, que a veces operan de modo tan defectuoso que uno se pregunta cómo se las ha arreglado la raza humana para sobrevivir.

 

El presente libro ofrece una síntesis de muchos métodos derivados de diversas fuentes, destinados a ayudar al practicante a emerger de la oscuridad del soñar despierto a la luz de la conciencia plena. Estos métodos son llamados colectivamente psicología creativa sólo por conveniencia: creativa porque aporta una síntesis superior, un nuevo nivel de orden dentro de la psique. La psicología creativa está basada en la idea de que el hombre puede crear con sus propios esfuerzos un nuevo ser dentro de sí mismo (el segundo nacimiento). Como resultado puede gozar ciertas experiencias, ejercitar ciertos poderes, obtener ciertos vislumbres completamente inconcebibles para el hombre en estado ordinario.
La psicología creativa implica la forma más elevada de creatividad de que el hombre es capaz, la creación de un ser verdaderamente dirigido desde el interior en vez del desamparado esclavo sin dirección que es. Este trabajo creativo abarca todos los aspectos de la conducta del hombre: el instintivo, el motriz, el emocional y el intelectual. Implica una comprensión de la química del cuerpo y de la mente; un estudio del tipo y todo lo perteneciente a éste, la fortaleza y las debilidades que el mismo impone. Implica un estudio de la actividad creadora, las artes, artesanías, técnicas de diversas clases y de los efectos que estas actividades producen en los niveles de conciencia, un estudio de los hechos en grande y pequeña escala, una conciencia de los procesos que ocurren en las comunidades humanas y no humanas que afectan al individuo adversamente o de otra forma. Porque el hombre no puede ser estudiado aparte de su medio y quien desee conocerse a sí mismo también debe conocer el mundo en que vive.
La teoría de la psicología creativa puede ser estudiada en libros; la práctica es un asunto diferente. Para esto es necesario un maestro. Si alguien trata de practicar el método sin un maestro, casi es inevitable que se encuentre con dificultades que no podrá superar. El mecanismo que crea la ilusión de la psique del hombre no deja de operar únicamente porque el hombre decida practicar la psicología creativa. De hecho, puede operar más activamente, de manera que él puede gozar toda clase de seudoexperiencias como resultado no de la expansión de la conciencia, sino del trabajo de su propia imaginación. Un maestro puede ayudarlo a separar lo verdadero de lo falso; puede prevenirlo de las trampas que se encuentran en su camino.
Más aún, el practicante solitario de la psicología creativa vive hoy en una cultura que más o menos se opone totalmente a la meta que se ha fijado, que no reconoce la existencia del juego supremo y que considera a los jugadores de este juego como tipos raros o ligeramente locos. Así, el jugador afronta gran oposición de parte de la cultura en que vive y debe luchar contra fuerzas que tienden a detener su juego aun antes de empezarlo. Sólo encontrando a un maestro y formando parte del grupo de discípulos que éste haya reunido a su alrededor puede encontrar el estímulo y el apoyo necesarios. De otra manera, simplemente olvida su propósito o se desvía hacia un lado del camino y se pierde. Desafortunadamente es muy difícil encontrar tales maestros y tales grupos. No se hacen publicidad, operan bajo disfraces. Más aún, existe abundancia de fraudes y de tontos que se hacen pasar como maestros sin tener derecho a ello. Así, el aspirante a jugar el juego supremo se enfrenta al principio a una de las pruebas más difíciles de su carrera: debe encontrar a un maestro que no sea ni un tonto ni un fraude y convencerlo de que él es digno de recibir la enseñanza. Su futuro desarrollo depende en gran parte de la habilidad con que realice esta tarea.

 

Robert S. de Ropp es autor del libro El juego supremo. Enseñanzas del Cuarto camino y la psicología creativa (Editorial Yug).

 



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