¿Quiénes son los Niños Índigo
¿Quiénes son los Niños Índigo?
Lic. Caanly Hernández Galán
Somos testigos de la transformación, del cambio de conciencia y del movimiento hacia un mejor mañana. No es ciencia ficción, es una realidad. Basta con mirar a tu hijo, a tu hermano, a tu nieto o alumno. Los nuevos niños son como todos, que juegan y hacen travesuras, que tienen necesidades, ríen y lloran.
Se habla de niños índigo, y esto remite a una identidad, pero lo índigo más que un ser es un estado del ser, un estado de conciencia, el ser humano es más que un color, tiene capacidades tan ilimitadas que parecen mágicas o mesiánicas. Una joven de 14 años me preguntó: ¿Después de lo índigo qué sigue? La respuesta es sencilla: como los números, así es la evolución del ser, infinita. Los índigo están aquí para mostrarnos cuál es el siguiente paso que el ser humano puede dar.
Los científicos han demostrado que utilizamos sólo el 5% de nuestra capacidad mental. Aunado a esto, el cerebro es capaz de hacer conexiones neuronales que serían así: un uno seguido de un millón y medio de kilómetros de ceros, ¡una maravilla! El ser humano puede realizar cosas sorprendentes, grandes ejemplos son Jesús, quien tuvo la fuerza y fe suficientes para transmitirnos su mensaje de amor. Ghandi, quien siempre creyó en la paz y tuvo la perseverancia para lograrla, Teresa de Calcuta, quien creyó en la alegría del servicio, Leonardo Da Vinci, que a pesar de la represión siempre fue lo que quiso ser e hizo lo que quiso hacer, Albert Einstein, quien con su vida enseñó el poder de los valores sobre la tecnología de la civilización actual.
Ellos tenían una conciencia más amplia de la vida, percibían desde otro lugar, mostrándonos lo que el ser humano ha sido capaz de lograr hasta ahora. ¿Qué tienen ellos que no tengan el resto de los mortales?, ¿son seres diferentes?, ¿casos aislados? Claro que no.
La Programación Neurolingüística ha demostrado que las personas podemos realizar cualquier sueño, con sólo saber exactamente qué queremos y crearlo en nuestra mente utilizando todos nuestros sentidos. ¿Qué quiere decir esto? Que todos tenemos los recursos suficientes para realizar lo insospechado. Partiendo de aquí, la aparición de niños con capacidades que parecían sorprendentes ya no es tan imposible. Sobre todo si permanece oculto el 95% de lo que el cerebro puede hacer.
La gente pregunta: ¿Por qué hasta ahora se habla de índigo?, ¿es una moda?, ¿un invento de la new age?, ¿una alucinación colectiva? La respuesta es tan mágica y tan física como la vida. Últimamente ha crecido el diagnóstico de niños con TDA o TDAH (trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad), caracterizado por la dificultad para permanecer quieto y/o atento, la impulsividad, la intolerancia a la frustración y la impaciencia. Dicho padecimiento al ser de origen neurológico, aparece independientemente de las circunstancias del niño. Se ha observado que los niños índigo pueden estar quietos y poner atención si es contenida su energía; de modo que en lugar de un déficit de atención es totalmente lo contrario. Tienen una mayor atención al ambiente y lo confirman con sus palabras y acciones al informarnos con detalle la plática que tuvimos con la vecina, o la lección en la clase del día.
Curiosamente la descripción del TDA o TDAH parece ser una descripción de nuestra sociedad actual: vivo en la ciudad de México e igual que ustedes viajo gran cantidad de tiempo para llegar a mi trabajo, mientras lo hago puedo ver a la gente ir tan rápido que se olvida de la existencia del otro; evita el contacto físico, tocarse o mirarse a los ojos, parecen ensimismados. Por otro lado, el ansia de fast food no se queda en la comida: lo que me transporta o me comunica más rápido, lo que me alivia más rápido y lo que aprendo más rápido tiene mayor aceptación y demanda. Andamos muy rápido y ensimismados; sintiéndonos separados uno del otro. Cada vez vivimos de una manera más antinatural: alimentos procesados, el espacio en nuestros hogares se ha reducido, hemos perdido el contacto con la naturaleza. La educación se dirige a la competencia, olvidando la libertad de pensamiento y la creatividad, seguimos atados a lo que dictan los medios de comunicación decidiendo por nosotros. Con esto, es normal que haya desesperanza e inseguridad acompañada de soledad y miedo, poca tolerancia y desesperación, enojo y frustración convertidas en competencia e ira. Todo eso trae aumento de depresión, estrés, suicidios y adicciones que genera delincuencia a cada vez menor edad.
Éste es el contexto al que arriban los nuevos niños. Y la pregunta sería: ¿cuál es el problema?, ¿quién debe afrontarlo?, ¿serán un síntoma de la sociedad actual? ¿Será en verdad un problema o una oportunidad para recobrar el sentido de vida?
VIBRACIÓN ÍNDIGO
¿Por qué se les llama niños índigo? Recordemos que la materia está formada por átomos que vibran a tal intensidad que emanan calor y a su vez irradian un color. Esto forma un campo electromagnético, llamado aura, formado por varios cuerpos como el físico, el etérico y el astral. En 1982, Nancy Ann Tape, una cromoterapeuta estadunidense, observó que el color del cuerpo vital que rodeaba a ciertos niños era de color azul índigo y de inmediato supo que significaba un gran cambio en la conciencia de estas personas, ya que el color azul es de altísima vibración y sumamente espiritual; así nació el término niños índigo. Aunque se dice niños índigo, la vibración abarca a personas de cualquier edad, credo y raza.
Al decir “Es índigo” estamos hablando de una identidad: ser, y ésta se determina siempre en un contexto. Por ejemplo, sabemos que alguien es médico porque lo vemos en un consultorio vestido de blanco; para saber más detalles debemos preguntar ¿qué hace?, ¿cómo lo hace?, ¿por qué?, ¿para qué lo hace? También sabemos que es médico cuando lo vemos curar personas. Hasta aquí la descripción es concreta, en los siguientes niveles la respuesta se vuelve subjetiva y difiere mucho de persona a persona: quizá lo hace porque es su vocación y desea servir y curar a la gente, para ser feliz y mostrar su amor; ver una sonrisa, escuchar la felicidad en sus pacientes y sentir que hace algo por su comunidad.
En conclusión podemos saber si alguien es índigo por lo que hace, cómo lo hace, por qué, para qué y para quién más lo hace. Así podemos saber que la vibración índigo ha existido siempre en la historia de la humanidad. Sabemos que en los años 40 nacieron los suficientes en esta vibración, ya que en los 60 curiosamente surgió la liberación femenina, todo el fenómeno del rock, los rebeldes sin causa, los hippies con su amor y paz y un gran interés por lo espiritual. En distintas partes del mundo aparecieron los movimientos estudiantiles que lucharon por la libertad, la verdad y la equidad. ¿Coincidencia?
Cuando hablamos de un estado es posible moverse, por ejemplo: experimento un estado diferente si estoy comiendo, si tengo prisa, si estoy estudiando o atendiendo una clase. Cambio de estado si escucho mi música o medito o admiro un paisaje; cuando experimento el amor en su máxima expresión a través del arte o de mis hijos o de mi pareja, mi estado es más fresco y suave. Y tan sólo con mi creencia, mi pensamiento, mi emoción o mediante mi estado fisiológico puedo generarlo. Así sabemos que alguien puede nacer índigo y estar en diferentes estados según lo necesite o aun permanecer en otro estado por más tiempo de acuerdo a las experiencias de vida. De igual forma alguien que no haya nacido en índigo puede transformar su vibración si así lo desea.
En lo índigo es importante saber lo que se hace y es mucho más importante saber hasta dónde se puede llegar. Lo podemos saber con la información que recibimos y arrojamos de nuestros sentidos. Recuerda, no tienen más capacidades, ocupan más la que tienen. Hay que aprender a ver ciertas características. La frecuencia índigo se distingue por poseer las siguientes:
MÁS SENSIBILIDAD: Sensibilidad de sentidos físicos: vista, oído, gusto, olfato, tacto. Expresamos 55% con nuestros gestos, ademanes y postura, 38% con el tono de voz y sólo 7% con nuestras palabras. Al ser hipersensibles pueden leer entre líneas las actitudes y comentarios de los padres y personas cercanas y obtener información sobre ellas: si son congruentes con su estado de ánimo o si mienten. Son personas que distinguen olores poco perceptibles para los demás y parecen hasta chocantes. Saben si pueden depositar su confianza en alguna persona y toman decisiones guiándose por su olfato. Poseen un gusto muy definido por la comida, pueden distinguir marcas diferentes de leche, jamón, mayonesa, y comer toda una semana sólo manzanas; y con algún cambio en su alimentación podemos ver una gran diferencia en su conducta.
Su sentido del tacto también es muy fino, podrían aparecer alergias a suavizantes de telas, ciertos jabones o detergentes, y las etiquetas de la ropa les resultan muy incómodas. Es tanta su sensibilidad que incluso pueden percibir más allá de lo tangible, con habilidades tan sutiles como la videncia, la telepatía o una muy fina intuición, captando cosas que los sentidos físicos no pueden.
MÁS INTELIGENCIA: Cuando alguien percibe tan profundamente con todos sus sentidos alertas, su cerebro hace más conexiones, se muestra más inteligente, en algunas ocasiones sus preguntas y sus ideas son realmente geniales. Sin embargo, la genialidad no pertenece sólo a lo índigo; abarca lo humano. Al aplicarles escalas de inteligencia estandarizadas (Escala de Inteligencia de Wescheler) muestran un coeficiente superior o muy superior, aunque no necesariamente con los mejores promedios académicos, algunos son referidos al psicólogo por aparente inmadurez.
MÁS CREATIVIDAD: La creatividad es una expresión del espíritu, es el lenguaje del alma. Un índigo vive y se relaciona en estos niveles y le es muy sencillo expresar sus ideas y sueños con imágenes, palabras, sonidos o inventos. De pequeños los vemos escudriñando cada juguete o aparato eléctrico como queriendo saber su estructura y forma; haciendo dibujos y contando elaborados cuentos fantásticos, o usando palabras poco o nada utilizadas en casa, como “Voy al inodoro”, “Ya estoy saciado”, “Eres muy amable, gracias”, “Podríamos virar hacia la derecha”; cuando tienen 3 o 4 años, o mostrando intereses musicales poco comunes a su edad.
MÁS CONCIENCIA: No es lo mismo percibir desde un primer piso, desde donde ves la fachada de una casa, los rostros de las personas, las puertas de los autos, que desde un segundo, desde un tercero… o un cuarto. Todo se ve distinto. De un cuarto piso puedes ver los techos de los autos, las cabezas de la gente, las azoteas, incluso los edificios más lejanos y las montañas; además, el aire llega con mayor fuerza, la luz se extiende y la libertad se siente. Una persona que percibe desde un cuarto piso posee una conciencia más amplia, una visión mucho mayor de los sucesos y circunstancias de un problema. Por esta razón se relacionan de manera profunda con las personas y el ambiente, de sentido a sentido, de identidad a identidad. El sentido es importante, el de los índigo va encaminado a “hacer de este mundo un lugar al cual las personas quieran pertenecer” (Robert Dilts). Son personas con valores fuertemente arraigados como la verdad, la justicia, el amor, la libertad y la familia; por ello se muestran más humanitarios y serviciales, más amorosos y nobles. El contexto no les alcanza para cubrir sus necesidades y deseos. Si quieres entender a un índigo, sólo muévete, es cuestión de pisos.
MAS ENERGÍA: Ahora a los niños no les alcanza el tiempo ni el espacio. Un lugar donde crear y jugar, un espacio para la intimidad. Las casas son cada vez más pequeñas; la inseguridad que se vive, el miedo a salir, el miedo a expresarse, el miedo a tocarse, a moverse. En estas circunstancias surgen dos cuestiones: o es menos el espacio donde se puede estar o es que estos niños son más inquietos. Seguramente son ambas. Y es cuando surge la duda acerca de los diagnósticos del TDA y TDAH, ya que han ido en aumento y no parece que vayan a disminuir pronto. La energía de un índigo es una energía para crear, para ser, para soñar, tanto en lo interno como externo.
Se han hecho estudios en que un maestro se pone frente a un grupo y se le dice que la mitad son muy inteligentes y la otra mitad no, sin ser esto cierto. Al finalizar las tareas, la mitad del grupo que el maestro creyó que era más inteligente pasó el examen y la que el maestro creyó que era menos lo reprobó. Esto indica que una persona trata a otra según lo que cree de ella, según su propia y muy particular realidad. Si ves a tu niño como alguien que padece un trastorno, conciente o inconcientemente lo tratarás como tal. Si lo percibes como alguien con facultades especiales, diferente de los demás, e incluso como un gran maestro de luz, así lo tratarás. En ninguno de los dos casos podemos hacer mucho por él, pero si nos quedamos en un punto medio, donde no importa el nombre con que se le llame sino darnos cuenta de que tenemos un niño, que posee un alma sabia que hay que respetar y estar preparados para criar y educar, entonces sí podemos hacer algo. Indagar sobre su procedencia cósmica es sin duda interesante, sin embargo, vengan de donde vengan, al llegar al mundo se convierten en niños, en personas, y debemos tratarlos como tales.
Para criar y educar a un niño debes estar conciente de dónde estás, porque es hasta ahí donde lo vas a llevar, no más lejos. ¿Eso deseas?, ¿eres feliz?, ¿amas?, ¿has realizado tus sueños?, ¿crees en ti mismo?, ¿practicas tus valores?, ¿sabes lo que quieres? Para criar a cualquier niño es importante saberlo, para criar a un índigo aún más, porque viven de manera profunda y eso piden de los demás, piden congruencia y libertad, amor y respeto. Ya que deseas vivir en armonía con tu niño, hace falta que lo conozcas, saber cómo percibe, qué desea, qué necesita; esto sólo es posible si te conoces a ti mismo. Empieza siempre con lo más sencillo y lo más importante.
Exprésale tu amor econcientemente con todos tus sentidos: tu mirada, el tono de tu voz, tu toque, tu caricia, tus palabras. Al pedirle que haga algo, hazlo tú, en la forma que deseas que él lo realice; sé lo que quieres que él sea. Para lograrlo debes saber qué es lo quieres, pregúntatelo y escríbelo. Dale una alimentación natural y orgánica (café, chocolate, pan, pastas, lácteos, cereales, todo orgánico), evita azúcares y harinas refinadas, prefiere las integrales. Bríndale tu tiempo y tu espacio con todos tus sentidos. Estimula su crecimiento con actividades artísticas, deportivas o científicas donde él pueda expresar sus ideas y sus sueños, desarrollar al máximo su capacidad mental. Toma muy en serio las actividades extras porque el ser humano puede crear y realizarse plenamente en varias actividades a la vez. Si ocupáramos el 100 % de nuestra capacidad mental, crearíamos algo nuevo cada segundo, imagínate lo que nos falta por estimular. Sé honesto y congruente, pon reglas, límites y deberes. Crea alternativas y opciones. Ríe, juega, baila y diviértete con él; ¿qué medicamento puede otorgar tanto beneficio que el amor y la risa no puedan? Utiliza imágenes y colores, música y movimiento, sensaciones y olores. Alimenta sus sentidos con lo que sí deseas para él.
Porque éste es tu momento, puedes hacerlo y tienes la esencia para lograrlo.
BIBLIOGRAFÍA
Carroll, Lee, Tober, Jan, Niños Indigo, Ed. Obelisco.
Hehenkamp, Carolina, El fenómeno Índigo, Ed. Obelisco.
Piedrafita Moreno, José Manuel, Niños Indigo. Educar en la nueva vibración.
Espinoza, Luis, El amor es el maestro, Errepar.
Ibarra, Luz María, Imágenes, sonidos y sensaciones, Garnik Ediciones.
Goleman, Daniel, Inteligencia emocional, Ed. Javier Vergara.
Chávez Martínez, Martha Alicia, Tu hijo, tu espejo, Editorial Grijalbo. |