Magnetismo
Pasado y futuro de la magnetoterapia
Enrique Rojas
Si bien la primera referencia al uso del magnetismo como terapia se remonta al Atharva Veda,1 redactado según los historiadores hacia los siglos X-IX a.C., en Occidente fue Aristóteles (siglo III a.C.) el primero que puso de relieve sus propiedades terapéuticas. Tiempo después Plinio (siglo I d.C.) menciona su uso en el tratamiento de las enfermedades de los ojos y Galeno (siglo II) elogia las propiedades del imán para curar la constipación. Otros personajes menos conocidos también lo mencionan. Es el caso de Marcelo, filósofo y médico francés del siglo IV, para el cual un imán colgado del cuello calma los dolores de cabeza; y Alejandro de Tralles (siglo VI), que lo utiliza en las articulaciones. En el medievo Avicena, el famoso médico y filósofo árabe, lo usa para tratar la melancolía y san Alberto Magno, quien tenía fama de alquimista, afirma que el imán ejerce una poderosa y benéfica influencia sobre el hombre.
Con el Renacimiento la magnetoterapia cobra nuevos bríos. Paracelso, médico, teólogo y alquimista, padre de la alopatía y la homeopatía, señala por vez primera la idea de la polaridad de los imanes, observa que su uso cura inflamaciones, ulceraciones y muchas enfermedades del intestino y el útero; concluye que cualquier parte del cuerpo se cura mejor cuando se expone a la fuerza magnética. El jesuita y cabalista Atanasio Kircher (1601-1680) publica Magnetismus medicinalium, donde describe los métodos y resultados de la magnetoterapia desde la antigüedad. El padre Hell, destacado astrónomo, es el primero que fabrica imanes especiales para adaptarlos a los miembros enfermos. En el siglo XVIII, el abate francés Le Noble publica una memoria sobre las aplicaciones del imán para tratar enfermedades. Mesmer (1734-1815) aplica con gran éxito imanes a sus pacientes y crea la teoría del mesmerismo o magnetismo animal, al que llama “agente biológico humano”.2 Samuel Hahnemann (1755-1843), patriarca de la homeopatía, recomienda el uso de imanes como agentes curativos y descubre los efectos de cada uno de los polos. Diversos médicos del siglo XIX publican importantes trabajos, como Eydam, con su tesis sobre la aplicación de campos magnéticos en el cuerpo humano; Maggiorani (1869), que presenta resultados en el tratamiento de la histeria, la ataxia y la diabetes, y Charcot (1878), el predecesor de Freud, el cual utiliza campos magnéticos para tratar la histeria.
A principios del siglo XX Hector-Henri y Gaston Durville desarrollan prendas y joyas terapéuticas como chalecos y brazaletes, con la desventaja que tales artículos eran demasiado pesados y voluminosos. Tras la segunda guerra mundial tales objetos se hacen más livianos, pues se logra dotar a metales como níquel, cobalto, tungsteno, ytrio y cerio con una intensidad magnética hasta 15 veces superior a los viejos imanes de hierro dulce. Otra ventaja es que estos imanes se desimantan mucho más lentamente, por lo que se les llama imanes permanentes. Esto permitió desarrollar estudios y técnicas cada vez más específicos. En Estados Unidos se enfocan sobre todo a las relaciones del magnetismo con la astronáutica, la desaparecida Unión Soviética a los efectos anestésicos, Canadá a la agricultura, Europa occidental y Japón a los usos terapéuticos.
En este último aspecto destacan el japonés Nakagawa, el francés Kerdaniel y los norteamericanos Davis y Rawls. De sus estudios se derivan varias conclusiones: la aplicación de un campo magnético efectúa una acción curativa, el porcentaje de eficacia de la magnetoterapia es de 90 % y los resultados aparecen antes del final del cuarto día de aplicación, no tiene ningún efecto negativo y proporciona una sensación general de mejoría y una disminución de la sensación de fatiga. Sobre el cómo actúan los imanes las explicaciones están divididas. Unos (Nakagawa) dicen que el campo magnético del planeta disminuye paulatinamente y la vida moderna en las ciudades de hierro, acero y hormigón lo inhibe aún más; los magnetos compensan ese síndrome de carencia que genera innumerables enfermedades; otros (Barnothy) dicen que la fuerza electromotriz generada por la inducción electromagnética actúa sobre la sangre en particular; otros más (Davis y Rawls), sin contradecir a los anteriores, afirman que todo cambio en la carga bio-eléctrica de las membranas celulares modifica la carga de la propia célula y afecta su equilibrio y salud. Si se aumenta el potencial bio-eléctrico negativo en la superficie de las células, se incrementa el trabajo de reparación interna.
IMANES Y MERIDIANOS
Uno de los puntos más interesantes en la investigación actual y futura es el encuentro entre magnetoterapia y medicina tradicional china. Según ésta, la energía o chi llena todo el universo y el mundo corporal es uno de sus aspectos. Pero, como dice el Nei Ching, el primer libro de medicina china: “La energía sólo puede verse y comprenderse por sus modificaciones materiales”.3 La medicina china habla del cuerpo sutil compuesto por canales de energía llamados meridianos en los que corren diversas energías y que poseen 361 puntos fundamentales. Durante más de dos mil años los médicos chinos han estimulado esos puntos mediante la aplicación de agujas (acupuntura), calor (moxas) o manipulación (acupresión y masajes). En las últimas décadas se ha experimentado con pequeñas cargas eléctricas ya sea con agujas (electropuntura) o directamente (electroterapia), e incluso con vibraciones sonoras, rayos láser y magnetismo. El Nei Ching dice que la acupuntura funciona gracias a que el medio que comunica el interior del ser humano con el exterior es la piel, de ahí su importancia como regulador entre el hombre y el universo. Los occidentales, en busca de una explicación fáctica o positivista, han intentado demsotrar las propiedades eléctricas de los puntos (Niboyet) o demostrar que tienen una estructura morfológica particular (Sénelar).
La medicina china considera tres fuentes de la energía humana: la ancestral o hereditaria, la procedente del aire y la procedente de los alimentos. Estas últimas se unen y difunden en el interior del ser humano gracias a un sistema llamado Los Tres Calefactores, que agrupa la mayoría de los órganos internos. La primera de estas energías no varía en su calidad ni cantidad, las otras dos dependen de la calidad y cantidad del aire que respiramos y de los alimentos que consumimos, así como de la forma de respirar y comer y del funcionamiento adecuado de los órganos internos. Juntas forman la energía esencial que se une a la ancestral y ésa es la energía que recorre los meridianos y sobre la que actúan las técnicas de manipulación. A su vez esta energía tiene dos aspectos conocidos como Yin y Yang,4 cuya oposición y complementariedad se expresa a todos niveles: la parte superior del cuerpo es Yang con respecto a la inferior que es Yin, la superficie es Yang con respecto al interior que es Yin. El organismo tiene los dos aspectos: un músculo tenso es Yang y en reposo es Yin. La personalidad también puede ser Yang o Yin. Alguien delgado, nervioso, alerta y con tendencia al insomnio y la agitación es más Yang que otro gordo, apático, perezoso, somnoliento. Para que un individuo goce de salud debe guardar entre ambos aspectos una proporción justa y en equilibrio con el ambiente. Si la energía presenta un exceso de Yang o Yin, el organismo está en desequilibrio y aparecen enfermedades. Si hay un exceso de Yin se presentan depresión, ansiedad, postración, miedo, tristeza, aerofagia, cansancio, anemia e hipotensión. Un exceso de Yang provoca cólera, irritabilidad, agitación, temeridad, contracciones, calambres, insomnio, delgadez e hipertensión. En el primer caso se debe aplicar una terapia de concentración y estimulación, en el segundo una de dispersión y relajación.
A partir de las energías fundamentales (ancestral y esencial, formada por la energía procedente del aire y los alimentos), los Tres Calefactores distribuyen por el cuerpo dos tipos de energías. La primera es la Yong, la cual es nutritiva, profunda, asegura el equilibrio y la estabilidad del sistema energético y circula en los meridianos principales. La segunda es la Wei, que asegura las primeras defensas del organismo contra las agresiones externas. No sigue el trayecto de los meridianos pero llena las zonas superficiales del cuerpo concediendo potencia a la piel y a los músculos para defenderse del exterior. Esta energía es importante para la magnetoterapia, pues se asocia con los puntos dolorosos situados fuera de los meridianos.
Son doce los meridianos principales, pero al ser simétricos, cada punto sobre una parte del cuerpo se refleja en un punto del otro lado del cuerpo y se tratan ambos conjuntamente. Los meridianos se asocian a los diez órganos y dos funciones que reconoce la medicina china. Se enumeran los meridianos correspondientes a pulmón, intestino grueso, estómago, bazo, corazón, intestino delgado, vejiga, riñón, Triple Calefactor y Maestro del Corazón. Pero en la medicina tradicional china los órganos tienen una función más amplia que la que les asigna la medicina occidental, por ejemplo, el hígado se relaciona con la sexualidad. En cuanto a las funciones orgánicas el Triple Calefactor se relaciona con las funciones respiratorias, digestivas y genito-urinarias, mientras el Maestro del Corazón se asocia con la circulación de la sangre, el corazón y los órganos sexuales. Además, los puntos característicos de un meridiano no necesariamente se relacionan con el órgano que da nombre al meridiano; así, un punto del meridiano del riñón puede actuar sobre los trastornos de la vesícula.
El camino de los meridianos comienza en las puntas de los miembros, o sea, en las manos y pies, por lo que los puntos situados entre la rodilla y el pie y entre el codo y la mano son en especial eficaces y más fácilmente afectables por la manipulación energética (acupuntura, moxas, masaje, magnetoterapia).
Hay también dos meridianos no simétricos localizados en la línea media del cuerpo conocidos como Vasos Maravillosos o Mai y Ren Mai; uno recorre la espalda y el otro la parte anterior del cuerpo. Inician su camino en el perineo y se unen entre la nariz y la boca. Existen además otros meridianos secundarios, unos profundos y otros superficiales.
La energía circula de un meridiano a otro siguiendo un ciclo de 24 horas que sigue un orden inmutable, como una ola que recorre un líquido. Como son doce meridianos, cada uno tiene una afluencia de energía dos horas al día. La circulación de energía sigue además un ciclo estacional acorde con las cinco estaciones chinas. Esto permite destacar tres aspectos: el carácter dinámico de la energía, la interrelación entre hombre y cosmos y cómo la acción sobre un meridiano influye en determinado órgano, pues el desarreglo de un órgano puede deberse a un bloqueo en el órgano o meridiano que lo precede y el desbloqueo de éste último permitirá reequilibrar el primero.
Los meridianos poseen puntos que forman nudos energéticos, cuya estimulación modifica la circulación de la energía. Estos puntos son 361 y se reparten desigualmente en los diversos meridianos, desde el meridiano del corazón y el Maestro del Corazón, que poseen nueve, hasta el de la vesícula, con 67. Cada uno de los 361 puntos recibe un nombre en chino y una numeración dentro del meridiano a que pertenece. Existen varias categorías de puntos, los principales son los Shu, situados en el extremo de los miembros, los Luo, encargados de trasvasar la energía de un meridiano a otro, y los puntos de origen, que regularizan el equilibrio del meridiano. Eso explica que haya puntos más importantes que otros, por ejemplo, los grandes puntos se tratan para muchos síntomas diferentes, como el 36 del estómago, situado cuatro dedos por debajo de la rótula.
Además existen muchos otros puntos fuera de los meridianos, algunos comunes a todo ser humano y otros dependen de cada individuo y de los síntomas de su enfermedad. Como dijimos, estos puntos están relacionados con la energía Wei, cuya circulación no sigue la de los principales meridianos. Los magnetos tienen una acción eficaz sobre estos puntos dolorosos, que ya el Nei Ching señala que debían ser tratados.
La enfermedad se presenta cuando hay un bloqueo en el flujo en los meridianos de la energía, cuando no hay una justa proporción entre Yang y Yin, o cuando los ciclos de energía del organismo no coinciden con los ciclos cósmicos. Una acción apropiada sobre los puntos permite restablecer la circulación armoniosa de la energía. Se aplica acción dispersante (Yin) cuando hay bloqueo de energía, un exceso de Yang, una concentración demasiado fuerte. Se aplica una acción tonificante (Yang) cuando hay falta de energía, exceso de Yin, una dispersión demasiado fuerte. Sin embargo, a veces el solo estimular un punto causa una regularización energética, sin importar el tipo de acción empleada. Es lo que sucede con las moxas (aplicación de calor) y con la magnetoterapia (magnetismo sobre los puntos de acupuntura). En este caso, si bien el polo norte del imán es más bien sedante y el sur tonificante, dado que los estudios con el polo sur siguen en la fase de experimentación, es suficiente aplicar el polo norte o imanes bipolares, como los collares y pulseras de imanes cilíndricos.
1 Bansal, H. L. y Bansal, R. S., Curación magnética, Editorial Yug. Escrito por dos renombrados médicos, explica la potencia que deben tener los imanes que se aplican en determinadas áreas del cuerpo y dicen que debe tomarse en cuenta el tipo de enfermedad para curar con determinado polo del imán: el polo norte en infecciones, artritis, tumores, úlceras, heridas y cáncer; el polo sur en todo tipo de dolores, rigidez, inflamación, debilidad digestiva o muscular y padecimientos cardiacos. Describen el uso de diversos artículos magnéticos como discos, diademas, pulseras, fajas y rodilleras.
2 Durville, H. y Busquets. J., Curación por el magnetismo, Editorial Índigo. No sólo presenta tratamientos con imanes sino también con magnetismo terrestre (orientación de la cama y lugar de trabajo), magnetismo humano a la manera de Mesmer (pases magnéticos sobre el enfermo) y medios auxiliares (compresas de agua magnetizada en zonas específicas).
3 Holzapfel, E., Crepon, P. y Phillippe, C., Magnetoterapia, Edaf. Expone los principios de la magnetoterapia y de la medicina tradicional china y su relación. Los autores detallan los puntos de acupuntura que deben tratarse con imanes en determinados padecimientos. Siguen la teoría de que sólo debe usarse el polo norte, en tanto se realizan estudios más detallados con el polo sur. De este libro procede la parte medular del presente artículo.
4 Aisha, Karuna, El pequeño libro del Yin y el Yang, Editorial Yug. Una experta en terapias energéticas explica el papel de los principios taoístas Yin y Yang en la cosmología, la medicina, la dietética, la sexualidad, la alquimia y las artes marciales. Describe la polaridad de cada meridiano y las características de los órganos y funciones corporales. Un libro muy útil para quienes desean conocer la influencia de las cinco estaciones en la salud y las bases orgánicas que marcan la diferencia entre la psicología masculina y femenina. |