CARTA DEL EDITOR
Cartas de Jesús
Carta de Abgaro a Jesús
Abgaro, rey de Edesa, a Jesús el Salvador, que se ha manifestado en Jerusalén.
He oído hablar de las curaciones que has hecho sin usar hierbas ni otros remedios ordinarios. Y sé que devuelves la vista a los ciegos y que haces andar a los cojos, y que limpias la lepra, y que arrojas a los demonios inmundos, y que curas los males más arraigados y que resucitas a los muertos.
Y escuchando de estas cosas me persuadí de que tú eres Dios, o hijo de Dios, y de que estás en la tierra para llevar a cabo esas maravillas. Y por eso te escribo, para suplicarte que vengas hasta mí y me sanes de la enfermedad que me atormenta.
Y he oído decir que los judíos murmuran de ti y que te preparan celadas. Y yo poseo una ciudad que es pequeña pero honesta, y que alcanzará para los dos.
Respuesta de Jesús
Bienaventurado seas tú, Abgaro, que has creído en mí sin aún conocerme.
Porque de mí está escrito “Los que lo vean no creerán en él, con el fin de que aquellos que no lo ven puedan creer y así ser bienaventurados.
Acerca del ruego que me diriges de ir junto a ti, es necesario que cumpla yo aquí todas las cosas para las que se me ha enviado y que después que las haya cumplido retorne a Aquel que me envió.
Y cuando haya retornado a él yo enviaré hacia ti a uno de mis discípulos para que te cure de tu enfermedad y te dé a conocer a ti y a los tuyos el camino de la bienaventuranza.
Respuesta de Jesús (2)
Yo, Jesucristo, hijo de Dios vivo y eterno, a Abgaro, rey de la ciudad de Edesa, la paz sea contigo.
Dichoso tú, y bendito tu reino de Edesa, porque sin haberme visto nunca has creído en mí.
Tú serás siempre dichoso y lo mismo será tu pueblo. La paz y la caridad se multiplicarán en tu ciudad y brillará en ella una sincera fe en mí y la ciencia morará en ella.
Yo, Jesucristo, rey del Cielo, he venido a la tierra para salvar a Adán y Eva y a su raza.
Aunque este intercambio epistolar ha sido considerado por autoridades eclesiásticas y escriturarias (san Agustín y san Jerónimo) como una invención, se le encuentra a menudo en el gran corpus de la literatura apócrifa, pues fue reivindicado por asociaciones de orientación gnóstica y se le aprecia como joya de singular rareza, ya que se nos ha dicho siempre que Jesús no escribió de su propia mano, afirmación muy difícil de sostener. La promesa hecha en el último párrafo de la primera versión de la respuesta se ve cumplida en el hecho de que después de la resurrección fue enviado a evangelizar esta región Tadeo, uno de los numerosos seguidores de Jesús después de los primeros doce apóstoles.
En contraste, lamentamos no poder leer y publicar la carta de la Virgen María a los pobladores de Mesina y otra atribuida al propio Jesús que se dice apareció, caída del cielo, y se conservaba sobre el altar de san Pedro en Roma. Esta carta fue difundida desde el púlpito por un obispo de Ibiza, España, y no, como podría creerse, en secreto por herejes, paganos o apóstatas.
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