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ENERO 2010

 

 

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El gran viaje

(Un camino de realización por los Arcanos Mayores)
(tercera parte)

Veet Pramad

Podemos decir que cuanto más alienante es el status quo, más luminosas son las centellas de belleza y conciencia que, atravesando todas las barreras y policías del pensamiento, nos ayudan a mantenernos vivos y vibrantes. Los poetas, músicos y todo artista, con su lenguaje sutil logran tocar nuestras fibras sensibles, favoreciendo nuestro contacto interno y ayudándonos a sentir placer.
Una de estas luces es la carta del jefe indio Seattle al presidente de Estados Unidos cuando, en 1854, el gobierno pretendía comprar el territorio de la tribu. Veamos un extracto.
“¿Como pueden comprar o vender el cielo, el calor o la tierra? Si poseyéramos la frescura de las aguas y la fragancia del aire, ¿de qué manera podría usted comprarlas?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada aguja de pino, cada río murmurante, cada bruma en los bosques, cada claro, cada zumbido de insecto es sagrado en los recuerdos y en las vivencias de mi pueblo. Nosotros somos una parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo y la gran águila son nuestros hermanos. Las rocas escarpadas, el aroma de las praderas, el ímpetu de nuestros caballos y todos los hombres son de la misma familia.
Si nosotros vendemos nuestra tierra, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también suyos y deben dar a los ríos la ternura que muestran para un hermano.
Pensaremos, por lo tanto, en su oferta de comprar nuestras tierras, pero si decidimos aceptarla, pondré una condición: el blanco debe tratar a los animales salvajes como hermanos. Y enseñen a sus hijos lo que enseñamos a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Díganles que la respeten, pues todo lo que sucede a la tierra les sucederá también a los hijos de la tierra”.

Grande es el poder de la belleza. El poder de la verdad es mayor, pero hace falta algo todavía más poderoso para poder abrir una grieta en la siniestra armadura de la falsa personalidad. Si la programación fue grabada a sangre y fuego (amenazas, castigos, críticas, culpa, abandono, rechazo, etc.) será necesario algo que toque nuestra sangre (emociones) y nuestro fuego (instintos) para que algo suceda. La pasión, donde se unen amor y deseo instintivo, es el mejor abrelatas. No sorprende pues que la próxima carta de la secuencia sea Los Amantes, Arcano VI. Cuando El Loco se enamora, no sólo comienza a ver el mundo de otro modo, también empieza a verse él mismo con otros ojos. Que exista alguien que lo ame tal como él es, lo escuche con atención, que no le exija un tipo de conducta, hace que El Loco aumente su autoestima, comience de nuevo a gustarse, a creer en él, en sus ideas, en su amor y amplíe los límites a los que la programación lo redujo.

Enamorado, encuentra el coraje necesario para luchar por lo que quiere, va abriéndose, se quita la corbata o el sostén psíquico y se entrega al amor y la pasión. Cuando está amando puede ser total aquí y ahora. Siente que está siendo auténtico consigo mismo, puede deleitarse con los momentos felices e incluso puede trascender. Puede llegar a sentir que no está amando solamente a una persona, a veces su amor va más allá de su amante. El Loco se sorprende amando la puesta de sol, los vecinos le parecen adorables, surge un sentimiento de fraternidad con el cartero, etc. Puede sentirse unido en amor a todo el universo. Esta sensación de éxtasis lo lleva a sentirse también conectado consigo mismo y eso lo llena de gratitud.
Se pregunta: ¿Este estado de placer que estoy viviendo procede de mi relación amorosa y sexual o es la expresión de algo muy mío, que siempre estuvo aquí dentro y que puedo vivenciar siempre que lo desee? Ahí viene el dilema: intentar dar continuidad a este momento, donde la espontaneidad y la pasión llevan a la felicidad, asumiendo el derecho de seguir los impulsos más íntimos, o continuar la rutina mecánica, esclavizante, mezquina y sin placer. Esta elección entre ser él mismo o continuar siendo esclavo de la programación es el momento de conciencia de Los Amantes. Esta alternativa liberadora es algo muy peligroso para el sistema, que se mantiene mientras tenga esclavos para alimentarlo. En verdad, lo más peligroso para el sistema es el amor, sobre todo cuando va acompañado de una sexualidad libre y consciente. Por eso la verdadera liberación sexual fue siempre reprimida por todo tipo de poder.
No es casual que estando en el poder personajes tan reaccionarios como Reagan, Tatcher y Juan Pablo II el sida se haya vuelto una seria amenaza para la humanidad, imponiendo una conducta más puritana y llevando a muchas personas a volver a la seguridad de la familia tradicional que, cuestionada hace siglos, se ve así reforzada como pilar y célula básica del sistema. Los Amantes llevan a El Loco a una opción fundamental: escoger entre dos caminos. Por un lado el riesgo de lo desconocido, de la entrega al amor, de la espontaneidad, de ser rechazado y de sentir placer; por otro, lo que es conocido: las rutinas, el autocontrol, el miedo a cambiar, la seguridad, los viejos patrones de conducta. Cambiar significa abandonar un esquema de vida, de autoimposiciones, que por otro lado dan seguridad y protección. Cambiar significa hacer las maletas para un viaje cuyos itinerario y destino no están muy claros. Interiormente El Loco sabe que debe abandonar lo que no le satisface más y siente el impulso de enfrentar lo desconocido. Para eso se sube a El Carro, Arcano VII de la secuencia.

Aún no realizó su potencial ni consigue ser espontáneo todo el tiempo; no sabe muy bien qué dirección tomar, sólo quiere hacer permanente el estado de plenitud y placer que conoció. Como los caballeros del rey Arturo, sale a buscar el Grial sin saber que está dentro de sí mismo. Dejará las comodidades de Camelot, abandonará los apegos y órdenes externos, para lanzarse a la aventura de descubrirse, aunque porte todavía su armadura de miedos, bloqueos y mecanismos de defensa.
En el momento que El Loco abandona sus prisiones-protecciones externas, sus rutinas sofocantes y se lanza a la vida, inevitablemente se produce un ajuste interno y externo que favorece la continuidad de su evolución. Este ajuste no era posible antes porque las rutinas y hábitos de conducta lo dejaban impermeable al vaivén de las fuerzas de la existencia. Sin embargo ahora que está más abierto el ajuste se produce, El Loco tiene un encuentro con su propio karma. Desde el inicio de su programación, El Loco comenzó a destruirse y a hacer que los demás sufran, en especial si se volvió un individuo poderoso. Ahora, para alcanzar niveles superiores de conciencia y placer, para entrar en un nuevo ciclo de vida deberá reequilibrar su balanza kármica, va a tener que saldar sus cuentas, igual que un contumaz consumidor de alcohol, carnes y láctcos tendrá que someterse un día a una dieta desintoxicante si quiere mejorar su salud. En este encuentro con el Arcano VIII, El Ajuste o La Justicia, El Loco limpia una buena parte de su pasado y así, puede firmar la paz consigo mismo y con el mundo para continuar su crecimiento más equilibrado y fluido.


Aquí no existe elección, El Ajuste actúa inexorablemente siguiendo la necesidad de equilibrar El Universo; para que éste no sea destruido lo no sustentable debe ser removido. Esta es una ley totalmente natural, detrás de la cual no hay ninguna inteligencia trabajando. Es posible que para el caminante, los efectos inmediatos de este ajuste no sean agradables y quizá salga muy tocado de este encuentro, si no profundamente desestructurado. Algunas de sus máscaras se van a caer, especialmente las que escondían su vulnerabilidad, entonces comprenderá que no puede continuar su camino mientras no se conozca a si mismo. Para eso, El Loco entra en contacto con el Arcano IX: El Ermitaño.

Dirige aquí su atención hacia dentro, es su primera interiorización voluntaria y consciente. El Loco comienza a estudiarse. Su enfoque es básicamente analítico, usa los niveles inferiores de la mente para conocerse e identificar sus miedos, bloqueos y patrones de conducta, tal vez para investigar en su infancia los orígenes de la negatividad que inhibe su evolución. Con este trabajo va desvendando los estratos de su inconsciente, toma contacto con su verdadera voluntad y asume sus deseos prohibidos, quizá “inconfesables”. Así, comienza a distinguir entre su Ser verdadero y el veneno que le fue inoculado. Movido por esta nueva conciencia, El Loco hace terapia, yoga, tai chi, mejora su alimentación y ritmos de vida. Hace su mapa astrológico, consulta el tarot, estudia sus biorritmos... Poco a poco va centrándose, su actitud puede ser nutritiva, lo que aprendió de si mismo y las técnicas que usó pueden ayudar a otras personas. Éste es un momento muy peligroso, ya que El Loco puede usar sus descubrimientos para seguir adelante, cambiando su vida, o dejar que su ego se apodere de ellos y, volviéndolos doctrinas, comience a venderlos o a usarlos para darse autobombo. Esto representaría un retroceso hasta El Hierofante, tal vez más alternativo y modernito, pero siempre un loro vendedor de recetas.
El Loco, más centrado y consciente, deja su relativa soledad de anacoreta para volver al mundo, a la movida, es decir, al Arcano X: La Fortuna o Rueda de la Fortuna. Él, que perteneció a este mundo competitivo y agresivo, compulsivo e idiotizante, degradado y degradante –conocido en el budismo tibetano como la rueda del samsara, la inercia de la inconciencia que nos arrastra al fondo del pozo del sufrimiento– hoy es capaz de verlo desde fuera. Ya no se deja hipnotizar con las banderas gloriosas, con la Copa del Mundo o las “maravillas” de la tecnología. Ya no muerde en anzuelo, ve la locura autodestructiva de los humanos. Ve a los esclavos esclavizados sosteniendo en el poder a los esclavos esclavizantes. Éstas y otras percepciones reafirman su individualidad y su centro. El Loco percibe que puede vivir en el mundo sin ser su esclavo y que cada situación que la Existencia le manda puede aprovecharla como una oportunidad no sólo para aprender, mas para pulir su expresión auténtica y verdadera. Viviendo la energía de La Rueda de la Fortuna, El Loco comenzará a ver cuán maravilloso y único él es. Se descubrirá como un ser bello, sensual, lleno de vida, potenciales y méritos. Valorará más su equilibrio interno, empezará a respetarse y considerarse, a gustarle su cuerpo y su sexualidad. Es decir, el Loco comenzará a amarse entrando en el estado de conciencia del Arcano XI, tradicionalmente La Fuerza, rebautizado por Crowley como Lust. Éste es un estado de integración donde recupera su entusiasmo, brillo, alegría y fuerza. El Loco dice aquí: “yo me amo y me gusto”. Sin autorreconocerse amorosamente es difícil que enfrente las pruebas que se avecinan y alcance el “yo te amo y me gustas”.


Este amor por sí mismo desborda de la copa de su corazón llevándolo a integrarse amorosamente con el Universo, del cual comienza a sentirse integrante. En El Colgado, Arcano XII, El Loco se entrega de corazón abierto a la Existencia. Puede ser un apóstol capaz de universalizar sus sentimientos de amor y éxtasis y ver al prójimo como su hermano. Aquí deja de buscar, pues descubre que hacerlo es enfocarse en el futuro perdiendo el presente, donde la vida y la realidad suceden.
En Los Amantes El Loco se enamoró de una persona, que lo hizo sentirse feliz. Aun siendo momentánea esa felicidad lo indujo a tomar decisiones que lo liberaron de una parte de la programación y a cambiar su vida. Aquí, la pasión por él mismo es la que le da fuerza y coraje para estacionar la mente y entregarse a la vida. Así, alcanzará el ápice de su autotransformación en la próxima carta: La Muerte, Arcano XIII. Comprobamos otra vez que el amor es la fuerza transformadora por excelencia, la energía que hace evolucionar el universo, la sociedad y el ser humano. La ausencia de amor nos esclaviza, su presencia nos libera y si fluye abundantemente alcanzamos el éxtasis.
En el Arcano XIII, El Loco vive la muerte de su robot, miedoso y repetidor de doctrinas. Sus defensas comienzan a quebrarse y por las grietas aparece la esencia del Ser divino que todos somos. ¡Se abre el camino para recuperar su ser! El Loco, irradiando amor, abre la tapa de la botella-programa, liberando las primeras burbujas de su fragancia más íntima. Esta liberación, a pesar de que puede ser algo repentino, en verdad es fruto de todo un proceso –con esfuerzo y a veces doloroso– que comenzó en Los Amantes y exigió confrontar sin concesiones la programación infantil.
Ahora la esencia del ser inspira las manifestaciones de El Loco. Su naturaleza más auténtica fluye y toma expresiones concretas. Es la fase de conciencia que llamamos Arte en el tarot de Crowley, Arcano XIV (Templanza en otros barajas), pues todo lo que fluye como expresión de la esencia del ser es arte. El caminar se vuelve danza, el hablar, poesía, el silencio, meditación. Cada gesto está impregnado de la divina belleza que la esencia tiene.


Ésta es la segunda iniciación de El Loco. Aquí él ya puede hacer, realizar, a partir de su centro. Hacer es la expresión del propio cambio. No sirve de mucho pensar, decir o sentir si no hacemos nada. Hacer nos lleva a nuevas transformaciones, nuevos desafíos, en especial cuando el hacer tiene la cualidad del no hacer, surgido de una profunda calma interior, libre de expectativas y conectada con los ritmos cósmicos. El Loco, transformado por el amor y la praxis, continúa el camino del rescate de la totalidad de su propio ser y su realización personal. Comienza por sus instintos, representados por el Arcano XV: El Demonio. Aquí el desafío es permitir que éstos se expresen espontáneamente, que vuelvan a ser las raíces de su fuerza vital. Los instintos fueron, durante siglos y también en la actualidad, negados, reprimidos o sublimados, rodeados de tabúes, vistos como fuente de dolor y enfermedad, exiliados a las profundas mazmorras del inconsciente, para después ser manipulados y usados por los medios de comunicación en beneficio del sistema. Este rescate libera tanta energía que permite remover viejas prisiones, externas e internas con las que el Loco seguía identificándose. Aquí, en el paso por La Torre, XVI, éstas son destruidas y su vitalidad es tal que ya no necesita este tipo de protección. En La Estrella, Arcano XVII, El Loco recuperará su mente y se sintonizará con las energías cósmicas; percibirá la falsedad de toda una gama de creencias, definiciones, prejuicios y argumentos, dejando su intelecto receptivo, despierto, realista e intuitivo. El Loco se transforma en un agente de las fuerzas evolutivas y aprende a interpretar las señales que la existencia le envía y se sintoniza con ella. A partir de aquí tendrá la fuerza y lucidez suficientes para encarar y resolver el lado más siniestro de su sombra, para rescatar en profundidad su cuerpo emocional, en su encuentro con La Luna, XVIII. Eso significa enfrentar los miedos más terribles y las peores amenazas que, en sus primeros siete años de vida, bloquearon su corazón. Tomará conciencia de lo que realmente fue su infancia y trabajará para desenmascarar los mecanismos que apagan su conciencia, esclavizándolo e impidiéndole expresar sus sentimientos. Confiando en sí mismo, no dejará que los fantasmas aullantes de La Luna lo hechicen y los transformará en polvo del camino. Del otro lado hallará las emociones más puras, auténticas y profundas, su ternura y sensibilidad más sutil. Yendo a lo más profundo de las tinieblas, El Loco alcanza la luz: El Sol, Arcano XIX. Es su sol interno, su llama divina, su ser espiritual. Aquí él resplandece, pues tomó contacto con la eternidad, logró atravesar todos los velos que escondían el ser de luz que siempre fue. Aquí El Loco dice: “Yo soy la Divinidad”. En El Eón o El Juicio El Loco vive la reintegración de sus partes recién rescatadas. Instintos, intelecto, emociones y espíritu se funden en un nuevo ser. Este proceso de naturaleza alquímica significa un gran salto cualitativo de conciencia, comparable a un renacimiento. Aparece aquí el nuevo hombre, la nueva mujer, completo(a) y perfecto(a), libre de todas las trabas, divino(a), dispuesto(a) a vivir un tiempo nuevo, una nueva era. En El Universo, Arcano XXI, El Loco culmina su tarea, realiza sus potencialidades, va hasta las últimas síntesis, concretaciones y consecuencias. Esto implica trascender, alcanza un nuevo ciclo en la espiral de la evolución. Ya sólo queda celebrar, libre y feliz, la danza de la vida.


              Leer La revolución sexual, de W. Reich

 

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