DESPERTAR ¿para qué?
Introducción a las enseñanzas de Gurdjieff
Claude Zuili Abitbol
INTRODUCCIÓN
Con la intención de apoyar la autorrealización, este documento se presenta para compartir vislumbres prácticos del complejo mundo del ser y de la personalidad, visión apoyada en las ideas que George Ivanovitch Gurdjieff trajo a Occidente al comienzo del siglo pasado, tanto a través de los grupos creados y atentidos por él, tanto en Francia como en Estados Unidos, así como de las enseñanzas de Mme Jeanne de Salzmann, quien le sucedió después de su muerte. Durante siete años, en París, recibí sus enseñanzas.
Se centra este trabajo en la idea de la evolución del hombre en el universo, ligada a la evolución del universo. Marcamos, desde un principio, la idea del destino superior del hombre que asume su responsabilidad “cósmica” y trabaja sobre sí mismo para alcanzar su mayor nivel de desarrollo.
En su largo peregrinar existencial, el buscador habrá dejado a un lado las contradicciones de los conceptos filosóficos, de las doctrinas religiosas y de las teorías científicas. En este trabajo le proponemos una visión centrada, en primera instancia, en el reconocimiento de la multiplicidad de las leyes mecánicas que dominan nuestra vida y hacen que el hombre funcione como una máquina sin tener el control sobre ella.
Somos testigos de los innumerables impactos recibidos en el torbellino de la cotidianeidad. Admitamos que este flujo permanente de influencias debe tener un sentido, y debe ser aprovechable para nuestro crecimiento interior.
Cuando el hombre reconoce que “múltiples leyes mecánicas dominan su vida”, se da cuenta que vive en la prisión de los hábitos y que es esclavo de fuerzas desconocidas que lo mantienen sojuzgado. Se da cuenta que no puede actuar de otra manera y que necesita hacer esfuerzos especiales para salir de esta condición. Esta sensación de incomodidad, por breve que sea, puede conducirlo a querer liberarse de esta prisión y, en la medida en que su vida le interesa, observa que está expuesto constantemente a recibir estos impactos desconcertantes. Le pueden llegar a doler y, en consecuencia, puede llegar a comprender (de manera no siempre clara) que tiene una tarea que cumplir para que su vida cambie, en contenidos y en congruencia.
¿QUÉ DIRECCIÓN VA A TOMAR?
¿Seguirá caminando a tientas, a salto de mata, esperando que se le entregue el secreto del cambio? ¿Buscará el maestro que lo conduzca a la sabiduría? ¿Entregará su destino en manos ajenas? O ¿Buscará la información que le permita emprender el trabajo adecuado sobre sí mismo?
En este punto de su investigación, tiene que saber que el sendero de la transformación es árido, que no es disponible para todos y menos para los tibios…
Tiene que haberse quemado las pestañas muchas veces antes de encontrarlo, para tomar la decisión de entregarse a la tarea. El precio es elevado y queda por descubrir el beneficio, paso a paso.
Hablando sin rodeos, tiene que ponerse bajo la influencia de alguien que haya atravesado las primeras “barreras” y que pueda guiar sus pasos en el camino.
¿CUÁLES SON LAS PRIMERAS BARRERAS A SUPERAR?
El hombre aislado
La primera barrera por franquear estriba en la idea de que puede lograr algún cambio sobre sí mismo trabajando sólo. No solamente le hará falta someterse a la influencia de un guía, sino que será necesario también que se incorpore a un grupo orientado en esta dirección y que tenga la capacidad de ayudarlo en esta tarea. Necesita unirse a una escuela de preparación. Tendrá la oportunidad de verificar si necesita fe ciega o si puede asegurarse por sí mismo de la veracidad de lo que se le dice, comparando con su propia experiencia, practicando los ejercicios que se le indique, en cada etapa de su investigación.
La Evolución no es automática
La segunda barrera es la idea totalmente errónea de que la evolución es automática. La evolución del hombre es posible cuando busca y encuentra el camino, cuando comprende que su desarrollo depende de un trabajo específico y del reconocimiento de las leyes que gobiernan su vida, leyes de las cuales se puede liberar si emprende el trabajo sobre sí mismo. Los resultados obtenidos en el camino son proporcionales a la conciencia y la comprensión que tenga de ese trabajo.
El deseo de retirarse del mundo
La tercera barrera es la idea, también equivocada, de que debe abandonar su vida familiar, social y profesional o su religión para alcanzar el desarrollo. En realidad, no tendrá que abandonar nada. Las condiciones de vida en las que se encuentre, cuando emprenda este trabajo son las mejores posibles para él, por lo menos al comienzo, porque fueron creadas a su medida. ¿Sabe el hombre que es el autor de sus circunstancias?
Este camino exige del hombre ante todo la comprensión. No debe hacer nada sin comprender, hasta el menor de los experimentos es fuente de autoconocimiento y de crecimiento. Cuanto más comprenda lo que hace, tanto más valor tendrán los resultados de sus esfuerzos.
La capacidad de atención sostenida
Otra de las barreras que tendrá que franquear es la sólida creencia de que es dueño cabal de su atención. En realidad, con un poco de honestidad que tenga consigo mismo en relación a su proceso de atención, se puede percatar de que es frágil e intermitente, sin que esto le parezca una debilidad o una carencia. ¡Simplemente su atención se va sin su permiso!
Su capacidad actual de atención es sumamente limitada, se distrae constantemente y, aunque no lo sepa, es sumamente perfectible, aplicando ejercicios especiales, con perseverancia.
El dominio de la conciencia
La conciencia, como facultad universal, reflejo de imparcialidad y recibida desde temprana edad, no es tampoco lo que el hombre suele creer. En principio, considera que es consciente de sí mismo todo el tiempo, cuando en realidad los momentos de conciencia real en su vida son escasos. El que la psicología tradicional llama “estado de vigilia” no es en realidad tal. Esta idea lo irrita porque no admite que pasa la mayor parte del tiempo en estado de sueño, obedeciendo como títere a las influencias externas que no lo llevan a ninguna parte. Más irritante le parece la idea de tener que hacer un trabajo para el incremento de su conciencia, sobre todo cuando cree que la tiene permanente por derecho de nacimiento.
¿EXISTEN HERRAMIENTAS PARA LIBERARNOS DEL SUEÑO? ¿UN MÉTODO EFICAZ?
La comprensión y la autoobservación le permitirán avanzar en este camino, si es constante en su trabajo de experimentación y de autoexploración. Descubrirá el lenguaje universal del ser a través de las vivencias cosechadas en “el aquí y ahora” y aprenderá a integrarlas a sus conocimientos, sin infatuarse por ello.
En los apartados anteriores mencionamos cinco aspectos concretos sobre los que el hombre puede trabajar para conocerse, para transformarse y lograr sus metas. Éstos son:
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la idea del cambio
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la idea de la evolución
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las condiciones del cambio
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la capacidad de atención y
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el dominio de la conciencia.
Cada uno de estos aspectos del conocimiento se trabaja en forma práctica aplicando las herramientas que proporciona la escuela del Cuarto Camino.
La primera herramienta es tener una meta
Encontrará en la definición de su meta la primera dificultad a vencer. Puede confundir sus metas existenciales con su verdadera meta como ser humano inmerso en un universo complejo. Si no define su meta, no puede “hacer” nada para cambiar. Bien dice el proverbio chino: “Si el hombre no sabe adonde va, cualquier viento lo lleva”.
Se ha de preguntar entonces: ¿Cuál es mi meta? Ahí aumenta su dificultad porque mientras sigue siendo lo que es, el hombre no será capaz de definirla…
Cada quien ha de llegar a la definición de su propia meta, por difícil que sea, comprendiendo que es individual y que la respuesta sobre lo que quiere alcanzar es personal.
Mientras sigue siendo máquina no puede alcanzar meta alguna y no se le puede ayudar.
Para acercarse a la definición de su propia meta, podrá practicar aprendiendo a distinguir lo que es permanente en él de lo que no lo es. Desarrollará su percepción y se dará cuenta de lo que cambia con alta frecuencia en él y de lo que no cambia.
La observación de sí mismo
“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”… La observación de sí mismo es la herramienta básica del autoconocimiento y de la liberación. Con la práctica sostenida de la autoobservación irá comprendiendo, poco a poco, que puede desarrollar un “Yo” más fuerte con posibilidad de volverse permanente y de resistir mejor los embates del entorno, incluyendo los que él mismo ha producido en su inconciencia.
En este proceso de observación y de percepción, el hombre común puede acercarse a una comprensión de sí mismo, viendo cuán volatil es su proceso mental y aun más volatil y cambiante su proceso emocional. Por lo general, está convencido de que domina sus emociones y sus pensamientos, cuando de facto éstos se mueven en él como marionetas cuyos hilos conductores no maneja.
¿Qué posibilidad de cambio hay en estas condiciones?
El “recuerdo de sí”
Esta “herramienta” es sin lugar a duda la piedra de toque de esta enseñanza. El hombre no se acuerda de sí mismo, no es consciente de su totalidad y todo lo que hace es automático. En él, todo se da, se piensa, se siente, no hay un yo permanente que se acuerde de su existencia, sino a momentos, cuando una circunstancia lo “despierta” accidentalmente. Muchos son los ejemplos en nuestras vidas de esta pérdida frecuente de la atención y de estos despertares accidentales. Mencionaremos solamente un ejemplo, cuando uno llega a preguntarse, después de despertar: ¿En qué estaba pensando cuando me sucedió esto? Todo le sucede e ignora que existen varios niveles de conciencia, que puede adquirirlos mediante un fuerte trabajo sobre sí mismo.
Aquí interviene el aprendizaje de la atención expandida. Es la facultad de verse a sí mismo atendiendo al mismo tiempo lo de afuera sin perderse, ni adentro, ni afuera. Ninguna definición teórica sustituye la experiencia. Con este ejercicio, aparentemente sencillo, el hombre se da el lujo de presenciar y de disfrutar todo lo que le acontece: lo bueno y lo malo, bajo la misma luz de su conciencia.
Con esta calidad especial de atención puesta intencionalmente en lo que hace, cambia la calidad de lo que siente, de lo que piensa, de lo que dice y de lo que hace.
El recuerdo de sí es la llave de una vida diferente, con una orientación consciente, hacia la consecución de sus metas.
Puede el hombre, incluso el muy activo, andar todo el día entregado a sus asuntos y, cuando llega la noche, si se da un tiempo de respiro, se acuerda de que ha pasado el día entero sin darse cuenta de sí. Llega a preguntarse por qué está metido en esta carrera loca. No se acuerda cuándo se tomó esta decisión y lo olvida. Unos instantes después está de nuevo inmerso en la corriente: confunde acción y agitación. Vive de reacción en reacción, atendiendo asuntos…
Los diferentes estados de conciencia
El recuerdo de sí es la puerta que uno abre para acceder a niveles superiores de conciencia de sí. De hecho, el recuerdo de sí es el tercer estado de conciencia, que le permite salir por un momento del estado de sueño hipnótico (el más bajo nivel en el que vive sumergido la mayor parte del tiempo).
El esfuerzo intencional de atención dividida, dirigida, lo libera parcialmente del segundo estado de conciencia, el estado de vigilia, llamado irónicamente “estado de conciencia lúcida”, en el que vive y actúa.
El tercer estado de conciencia o recuerdo de sí, como conciencia de su propio ser, constituye el derecho natural del hombre tal cual es, y si no lo posee es porque sus condiciones actuales de vida son anormales. Este estado de conciencia puede convertirse en algo permanente por medio de un entrenamiento especial.
Claude Zuili Abitbol: (52) 5549 1583, claude.zuili@gmail.com |