“La negra noche del alma”
Cristina Abarca Cardoso
Con ese nombre definió el famoso médico inglés doctor Edward Bach a la enfermedad del abatimiento, lo que se conoce como depresión, la cual es un trastorno que altera la bioquímica cerebral, el ánimo, la manera de pensar y la autovaloración de la persona afectada. Mucha gente no sabe que la depresión es una enfermedad tratable, pero que si no se le atiende puede tener desenlaces verdaderamente lamentables.
Desde el punto de vista y la experiencia de alguien que padeció y combatió esta enfermedad por espacio de cinco años, el propósito del presente artículo es proporcionar la información que pueda requerir la persona que sufre en silencio para decidirse a pedir ayuda y para sus familiares que se dan cuenta de que “algo les pasa” pero como no saben qué es no pueden ayudarla.
QUÉ ES LA DEPRESIÓN
Para poder definir esta enfermedad hay que marcar la diferencia entre un estado pasajero de tristeza, relacionado con la vida psíquica de los seres humanos que pueden presentar en algún momento de su vida durante periodos cortos, y la depresión clínica o patológica, que es un trastorno del estado de ánimo en el cual la tristeza, el coraje, la frustración, la desesperación y la angustia interfieren con la vida diaria durante periodos prolongados.
Padecer depresión no indica debilidad personal o debilidad de carácter. Tampoco significa que hemos fracasado en la vida. No es una condición de la cual uno pueda librarse a voluntad o por arte de magia. Las personas que padecen esta enfermedad no pueden decir simplemente “Tengo que echarle ganas, voy a estar bien” o hacer caso de lo que escuchen: “¡Vamos, sobreponte, tú siempre has sido muy fuerte!”
SU CLASIFICACIÓN Y SUS SÍNTOMAS
Según su gravedad la depresión se clasifica en leve, moderada y severa. Los síntomas más comunes son ánimo decaído, fatiga y falta dde energía (sensación de estar en cámara lenta), sentimientos de desesperanza y abandono, alteraciones del sueño, cambios dramáticos en el apetito (que producen aumento o pérdida de peso), sentimientos de culpabilidad, de odio a sí mismo, dificultad extrema de pensar y tomar decisiones, inactividad e incapacidad de disfrutar, síntomas físicos recurrentes que no responden al tratamiento, como dolores de cabeza, cuello y espalda y trastornos digestivos. También se presentan ansiedad, confusión, agresividad y pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.
QUÉ CAUSA LA ENFERMEDAD
Vivimos en una época en la que el tiempo se ha vuelto una obsesión. Tenemos que ir rápido, rápido resolverlo todo y rápido recuperarnos de sucesos traumáticos en nuestra vida (tales como la muerte de un ser querido, una desilusión o fracaso importante en el ámbito personal, familiar, profesional o escolar, la terminación de una relación sentimental, el divorcio de los padres, el dolor provocado por una enfermedad grave, el maltrato o rechazo durante la infancia), haciendo a un lado el concepto de que el espíritu del ser humano, al igual que su cuerpo, requiere de un periodo para sanar sus heridas y adaptarse a los cambios. De no darle el tiempo para asimilar sus duelos, si lo obligamos a salir adelante cueste lo que cueste, podría llegar a descomponerse gravemente.
No debemos dejar de lado algunas condiciones médicas, como el hipotiroidismo, el cáncer o la hepatitis, que también pueden causar la enfermedad; o asimismo la ingesta de medicamentos tranquilizantes y para la hipertensión. Igualmente se ha comprobado que algunas deficiencias nutricionales (la de ácidos grasos omega-3 por ejemplo) han provocado casos de depresión de ligeros a moderados, junto a la falta de sueño y el estrés crónico.
¿CUÁL PUEDE SER EL TRATAMIENTO?
Para poder iniciar con este rubro debo aclarar algo que es de suma importancia: la mayoría de las personas con depresión no buscan tratamiento porque se sienten culpables y débiles. Creen que les han fallado a sus familiares y, peor aún, sienten haberse fallado a ellos mismos y haber fracasado en la vida. Por ello es vital para el enfermo la participación y apoyo de familiares y amigos con el fin de ayudarlo a que reciba el diagnóstico y tratamiento adecuados.
Esto tal vez implique que tenga que aconsejar al paciente para quwe no abandone el tratamiento antes de que los síntomas puedan empezar a aliviarse. También puede ayudarlo a obtener un tratamiento diferente si no se observa ninguna mejoría con el primero intentado. En ocasiones puede requerir que el familiar o amigo hafa una cita y acompañe a la persona deprimida a consultar al médico especialista. Por ello puedo afirmar que no mejor tratamiento para combatir la depresión que un frente común formado por reconocimiento y apoyo familiar, psicoterapia, terapia de palabra, terapia bioquímica y terapias complementarias.
La selección del tratamiento dependerá del resultado de la evaluación del paciente. Contamos ya con una gran variedad de medicamentos antidepresivos (que bajo una correcta supervisión médica) no tienen riesgo de adicción) y psicoterapias que se pueden emplear para los trastornos depresivos en forma exitosa.
En formas leves de depresión emplear sólo la psicoterapia puede ser muy efectivo. Estas técnicas son conocidas mundialmente como terapia cognitivo-conductual, terapia interpersonal y terapia de apoyo o de palabra (tratamiento de conversación).
En combinación con las anteriores podemos utilizar también terapias complementarias como la terapia floral del doctor Bach (angélica, árnica, chicory, gentian oak, mustard, old man banksia, millepertius, monga warratah, willow, zinia, impatiens, holly, vine, bush gardenia, salvia, tila, etc.), la fitoterapia (hierba de san Juan), la acupuntura, el shiatsu, los masajes (de relajación, con piedras calientes), reiki, logoterapia, musicoterapia, aromaterapia (bergamota, neroli, ylang-ylang, geranio, lavanda, sándalo, jazmín), reflejología y terapias energéticas.
LA NO TERAPIA
Resulta sumamente importante practicar lo que yo llamo la no terapia: diga no cuando le ñpidan hacer algo que no desea, expresando sus emociones, y también diga no a las personas tóxicas o negativas, aléjese de ellas aunque en algunos casos pertenezcan a su propia familia.
LA DIETA
También se pueden incluir en la dieta del enfermo alimentos que favorezcan el equilibrio neuroquímico, como los ricos en triptófano (aminoácido precursor de la serotonina que favorece la sensación de bienestar y buen humor), el cual encontramos en el pescado, el arroz, el pato, los higos y el betabel (vitamina B9). Otros alimentos como el pavo, los huevos, los mariscos, los productos lácteos (magnesio) y las féculas contienen L-tirosina, precursor de la dopamina, que funciona como un antidepresivo natural. Otras buenas opciones pueden ser las leguminosas, los vegetales verdes, la cebolla, el germen de trigo (selenio), el chocolate, los cereales integrales, los cítricos y el kiwi (vitamina C).
Las personas con depresión moderada o severa obtienen óptimos resultados trabajando con un tratamiento combinado: terapia bioquímica (antidepresivos) para lograr aliviar los síntomas de la enfermedad, la psicoterapia, que nos ayuda a enfrentar mejor los problemas de la vida (incluyendo la depresión y las causas que la provocaron).
Algunas de las terapias complementarias arriba citadas pueden ser benéficas para pacientes con estos tipos de depresiones o que comienzan a dejar los antidepresivos, previa autorización de su médico psicoterapeuta. Y por supuesto, el apoyo emocional por parte de familiares y amigos. Esto implica comprensión, afecto y reconocimiento, ya que los pacientes han sido humildes en reconocer que tienen un problema y el valor de empeñar su vida para resolverlo. Busque la forma de conversar con la persona deprimida y escucharla con atención. No minimice los sentimientos que el paciente expresa pero señale la realidad y reconozca el enorme esfuerzo que el paciente está realizando por salir adelante.
Muy importante: no ignore los comentarios o alusiones al suicidio. Informe a su terapeuta si la persona deprimida hace comentarios acerca de la muerte o el suicidio, y si es así, nunca la deje sola. En estos casos incluso llega a ser necesario supervisar que el paciente tome en forma correcta sus medicamentos.
Fomente la participación del paciente en las actividades que antes le daban placer, pero no hay que forzarlo a hacer muchas cosas en plazos cortos. La persona deprimida necesita atención y compañía, pero demasiadas exigencias pueden aumentar sus sentimientos de fracaso y culpabilidad.
Un error egoísta y terrible sería acusar a la persona deprimida de simular su enfermedad o de tener una actitud cobarde y apática ante la vida. Tampoco se puede esperar que salga de esa situación en un santiamén. Con el tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes logra su restablecimiento día con día.
La depresión no es una maldición o una enfermedad que se tenga que esconder. Es una prueba que, como otras que nos pone la vida, exige mucho de nosotros para poder superarla. Gracias a ella, muchas personas se encuentran ahora en un proceso de búsqueda y aprendizaje, tratando de usar todos sus potenciales en proyectar su calidad de vida alcanzando el equilibrio entre los planos que conforman nuestra existencia: el amor, la salud, el desarrollo personal, cultural, profesional, la vida con la familia y amigos y en el verdadero crecimiento del ser humano: su espiritualidad.
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