Las mujeres en el budismo
A menudo se representa a Ananda, el discípulo favorito de Gautama [Buda] y espiritualmente el más joven, abogando por la causa de la mujer. Cuando surgió la cuestión de la admisión de las mujeres en la Orden –en realidad una petición de derechos femeninos no muy diferente de los modernos–, Ananda, a quien ya se había rechazado tres veces, preguntó finalmente:
“¿Son competentes las mujeres, Reverendo señor, si se retiran de la vida familiar para adoptar la vida sin hogar, bajo la doctrina y disciplina anunciada por el Tathagata [título de Buda que significa El que ha venido así, en el sentido que siempre ha estado iluminado], para alcanzar el fruto de la conversión, para alcanzar el fruto del retorno por única vez, para alcanzar el fruto del no retorno, para alcanzar el Arahatta [estado del que ha alcanzado el nirvana]?
Gautama no puede negar la competencia de las mujeres; en respuesta a ruegos posteriores de Ananda admite a las mujeres en la Orden, sujetas a ocho graves reglas, comenzando con una que establece que aun la mayor de las Hermanas ordenadas debe ponerse de pie y comportarse con extrema humildad delante de un Hermano, aunque hiciera sólo un día que éste se hubiera ordenado. Pero agrega:
“Si las mujeres, Ananda, no se hubieran retirado de la vida familiar para adoptar la vida sin hogar, bajo la doctrina y disciplina anunciadas por el Tathagata, la religión [dharma], habría durado mucho tiempo; la buena doctrina habría permanecido por mil años; pero puesto que las mujeres, Ananda, se han retirado ahora de la vida familiar para adoptar la vida sin hogar, bajo la doctrina y disciplina anunciadas por el Tathagata, la religión no durará mucho tiempo. ¡Sólo quinientos años, Ananda, subsistirá la buena doctrina!”
Ananda Coomaraswamy,
Buddha y el evangelio del budismo, Paidós.
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