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JUNIO 2006

 

 

Cow Parade

(Mito y verdad del culto a la vaca)
Enrique Rojas
A propósito de la exhibición de coloridas esculturas de tema bovino titulada “CowParade” que se presentó hace pocos meses en varias calles de nuestra ciudad, hablemos de uno de los errores más extendidos sobre el hinduismo: el que afirma que en la India se adora a las vacas. Los hindúes no adoran a las vacas sino que las consideran sagradas y un símbolo que representa prosperidad, sacrificio, amor materno, el país llamado Bharata (India), el mundo terrestre o corpóreo (Bhu loka) y la Diosa (Devi).
La vaca recibe en sánscrito varios nombres. El principal es go, del que se derivan nombres propios como Govinda, El que deleita a las vacas, y Gopala, Protector de las vacas, dos de los principales epítetos de Krishna. Para los académicos la palabra sánscrita go está cognada, es decir, relacionada lingüísticamente, con el inglés cow y el alemán Kuh. Otra palabra para vaca es aghanya, “la que no debe ser matada, y este sentido particular es el que abordaremos hoy.

LA VACA EN TIEMPOS VÉDICOS
Las vacas aparecen en los escritos más antiguos del hinduismo; por ejemplo, el Rig Veda dice que representan el aspecto maternal de la Tierra. Sin embargo, los historiadores no concuerdan en si la vaca era consumida como alimento en la época védica, la cual sitúan del 1500 al 500 a.C. Según la interpretación de ciertos pasajes, algunos especialistas dicen que la vaca era protegida u ofrecida como sacrificio y su carne consumida posteriormente. La primera hipótesis apunta a que al dar leche y demás productos lácteos, así como ayudar a arar los campos y a fertilizar con su estiércol, la vaca tenía un rango de guardián cultural que se desarrolló hasta alcanzar el estatus de una figura materna; de ahí el término gau mata, la madre vaca. Quienes son de la segunda opinión creen que al ser el pueblo védico un pueblo pastor, ofrecían a sus dioses en sacrificio lo más importante que tenían: las vacas. Fue Krishna, a quien consideran simplemente un héroe divinizado, quien sustituyó la adoración de Indra, el dios védico del cielo, por la veneración a las vacas, dando pie a la prohibición de consumir la carne de estos animales. Y si no fue Krishna, sigue la argumentación, la costumbre se inició con otros personajes como Mahavira, fundador histórico del jainismo, o Buda. La pregunta que surge es cómo es posible que el jainismo y el budismo, siendo considerados doctrinas heterodoxas, pudieron incorporar la práctica vegetariana dentro de la ortodoxia brahmánica.
Ante tal disparidad de opiniones, lo más sensato es hacer a un lado las especulaciones de los pensadores modernos y acercarnos directamente a los textos.
En primer lugar, ¿a qué se refieren los escritos védicos con la palabra vaca? Todos los académicos occidentales suponen que los Vedas y en especial el Rig, solamente hablan de rituales, por lo que deben interpretarse literalmente. Toda enseñanza más allá de lo ritual, consideran, se encuentra únicamente en la última y más reciente sección de los Vedas: los Upanishads, pero Yaksha, el comentador más antiguo del Veda, que la tradición sitúa al menos hacia el 2000 a.C., decía que el Veda tiene tres niveles, el más profundo de los cuales es la interpretación espiritual simbólica. Aurobindo (1872-1950), un gran maestro de la India contemporánea, retomando esta interpretación, muestra cómo el Rig Veda no contiene ningún detalle ritual: los ritos ahí mencionados son simbólicos y el practicante de éstos es Agni, el dios del fuego, y no un sacerdote humano. En otras palabras, todo en él es simbólico y mediante un lenguaje cifrado describe el proceso interior que conduce a la realización espiritual. Así, cuando los textos védicos hablan de sacrificios cruentos a los dioses para la obtención de riquezas, descendencia, larga vida y el cielo, no significa que los brahmanes védicos sacrificaran realmente caballos ni vacas. Los caballos, dice Aurobindo, simbolizan prana, la fuerza vital; las vacas representan ananda, el goce de la realización. Agni es un poder cósmico que lleva a cabo todas las acciones y el himno 1 (44) dice expresamente que Mitra y Varuna, otros dos poderes cósmicos, encienden Agni, el cual se manifiesta como un poder psicológico en el cuerpo sutil del ser humano. El cielo es la Verdad. Este lenguaje cifrado forma parte del Nirukta o etimología simbólica, una de las seis Vedangas (“miembros del Veda”), las ciencias auxiliares que permiten establecer el verdadero sentido de los textos védicos. Pero los académicos modernos han despreciado el Nirukta calificándolo de “bagatelas etimológicas” (Eggeling), “puros artificios” (A. B. Keith) y hasta “meras fantasías” (Mazumdar).
En segundo lugar debemos considerar los pasajes donde explícitamente se señala que la vaca no debe ser dañada. En el Rig Veda (8, 102, 15-16 y en 6, 28, 1-8) leemos:
Ella es como la madre de las Fuerzas cósmicas, la hija de la Sustancia cósmica, la hermana de la Energía cósmica, el centro de la ambrosía. Yo me dirijo a los hombres de sabiduría: no maten a la inviolable vaca carente de pecado. La divina vaca, dotada de elocuencia, que da la palabra a otros y está rodeada de todo tipo de expresiones, me ayuda en mi adoración de las fuerzas divinas; solamente los necios la abandonan. Que las vacas vengan y nos concedan buena fortuna, déjalas estar en nuestros establos y que estén contentas en nuestra compañía. Que las vacas de muchos colores nos den abundante leche para ofrecer al resplandeciente Señor durante muchos amaneceres. Que el Señor resplandeciente conceda opulencia al devoto que ofrece adoración y oblaciones. Él no toma lo que pertenece al adorador y le da más; por eso incrementa su riqueza más y más. Él coloca al devoto en posiciones fortificadas, libre de peligro. No dejes que las vacas huyan de nosotros, no permitas que el ladrón se las lleve; no dejes que el arma hostil caiga sobre ellas. Que su amo las posea largo tiempo, junto con los productos de la leche a partir de los cuales hace ofrendas y con los que sirve a los hombres piadosos. No dejes que las vacas caigan víctimas del arrogante, de quien desprecia el polvo del caballo de guerra. No permitas que caigan en las manos de un carnicero ni en su comercio. Deja que el ganado del amo de casa se mueva libremente y paste sin miedo. Que las vacas sean nuestra opulencia, que el resplandeciente Señor nos dé ganado, que las vacas produzcan comida (leche y mantequilla) con la primera libación. ¡Oh hombres!, estas vacas son sagradas como el propio Señor resplandeciente, el Señor cuyas bendiciones ansiamos con nuestra mente y corazón. ¡Oh vacas!, ustedes fortalecen al agotado y al fatigado, y al verlas el feo se vuelve bello. Su mugido es auspicioso y hace próspera mi morada. Grande es la abundancia que se les atribuye en nuestro ritual. ¡Oh vacas!, que tengan muchos becerros pastando sobre buenos pastizales y beban agua pura en estanques accesibles. Que su dueño no sea un ladrón. Que ninguna bestia de presa las ataque y que el dardo vital del Señor nunca caiga sobre ustedes. Oh resplandeciente Señor, derramador de virilidad, que gracias a tus bendiciones tengamos toros robustos para inseminación y abundantes alimentos para las vacas.
Por último, tenemos textos más recientes que se ocupan del mismo tema. En el Mahabharata (Anushasana Parva 83, 77 y 76), epopeya que se considera una actualización del conocimiento védico, hay un diálogo donde diversos sabios hablan acerca de las virtudes de las vacas. El primero de ellos Bhishma, tío abuelo de los Pandavas, afirma: “Ningún sacrificio puede realizarse sin la ayuda de requesón y ghee (mantequilla clarificada). El verdadero carácter del sacrificio depende de éste, de ahí que el ghee (y la vaca que lo produce) sea reconocido como la verdadera raíz del sacrificio. Se ha dicho que las vacas son los miembros del sacrificio. Ellas representan el propio sacrificio pues sin ellas no puede haber sacrificio. Con su leche y la havi (ofrenda) producida por ella, sustentan de diversas maneras a todas las criaturas. Las vacas son inocentes en su conducta. De ellas fluyen los sacrificios y havya y kavya, y leche y requesón, de ahí que las vacas sean sagradas… Entre todos los seres animados e inanimados, los animados son superiores. Entre los seres animados los brahmanes son superiores dado que todos los sacrificios están establecidos en ellos. Es gracias al sacrificio que se obtiene soma (néctar de la inmortalidad). El sacrificio se fundamenta en las vacas (porque sin ghee, que es producido a partir de la leche, no puede haber sacrificio). Los dioses son complacidos a través de los sacrificios. Y de las vacas fluyen los medios que permiten la subsistencia de todos los mundos. Ellas dan soma en forma de leche. Las vacas son auspiciosas y sagradas, conceden los deseos y dan vida. Por ello son las más elevadas de todos los seres (junto con los brahmanes). Son sagradas, son las mejores purificadoras y santificadoras. La gente debe querer a las vacas para obtener prosperidad y paz. Las vacas representan la energía más elevada tanto de este mundo como del mundo superior. No hay nada más sagrado o santificado que las vacas”.
Vyasa, el compilador de los Vedas y autor del Mahabharata, agrega: “Las vacas son sagradas. Son la encarnación del mérito. Son elevadas y las más eficaces purificadoras de todo”.
Y Vasishtha, el maestro de Rama, afirma enfáticamente: “Uno nunca debe comer la carne de las vacas. No debe mostrarles ninguna desatención de ninguna manera… Las vacas son las madres tanto del pasado como del futuro. Las vacas son el refugio del mundo. Por eso se dice que las vacas son sumamente benditas, sagradas y las más elevadas de todos los seres. También por eso se dice que encabezan a todas las criaturas. Cada mañana, la gente debe saludar con reverencia a las vacas… Los sacrificios están establecidos en las vacas. Las vacas constituyen el fruto de los sacrificios. Las vacas son el futuro y el pasado, y los sacrificios descansan en ellas… Las vacas son el supremo refugio de todas las criaturas, constituyen la fuente de bendiciones hacia todo y son el manantial de crecimiento eterno. Las vacas son sagradas. Son las principales entre todos los seres en el mundo. Verdaderamente son el refugio del universo. Son las madres de las deidades. Son incomparables. Las vacas son las madres del universo”.
Vyasa toma la palabra nuevamente: “Las vacas son el refugio de todas las criaturas. Son la encarnación del mérito. Las vacas son sagradas y benditas y las santificadoras de todo. Uno nunca debe, ni siquiera en pensamiento, injuriar a las vacas. Uno debe, en cambio, conferirles siempre felicidad… Cuando las vacas son gratificadas con el servicio que uno les rinde, ellas son, indudablemente, capaces de conceder el fruto de cualquier deseo. Las vacas son sumamente benditas. Son requisitos esenciales de los sacrificios. Ellas conceden cada deseo. Sabe que no hay nada superior a las vacas. Están dotadas con los elementos de fuerza, esfuerzo enérgico y sabiduría. Son la fuente de la inmortalidad que concede el sacrificio. Son el refugio de toda energía. Son los pasos mediante los cuales se obtiene la prosperidad terrena. Ellas constituyen el eterno curso del universo y conceden extender el propio linaje”.
Como conclusión, Bhishma dice: “El niño es alimentado con leche procedente del pecho de su madre durante tres años. Después de su destete, la vaca actúa como la madre sustituta proveyéndole leche para el resto de su vida. En verdad la vaca es la madre del mundo. A uno debe repugnarle la ingrata idea de matar a la madre, sea la madre sustituta u otra”.
En la actualidad, en los países con una importante población hinduista como India y Nepal, la leche de vaca sigue teniendo un lugar central en los rituales y en honor a su elevada posición las vacas vagabundean libres frecuentemente. En algunas regiones se considera auspicioso darles una golosina o fruta antes del desayuno. En los lugares sagrados donde está prohibido matar a las vacas, una persona puede ser encarcelada por matarlas o lastimarlas. Debido a ello, solamente los parias se alimentan de reses muertas y venden su piel. Con la llegada del Islam los musulmanes también participaron en este negocio.
El tabú de las vacas jugó un papel importante en la primera guerra de independencia contra el gobierno colonial británico en 1857. Cuando los cipayos hindúes (fusileros nativos a las órdenes de los ingleses) se enteraron de que las nuevas balas habían sido lubricadas con grasa de vaca, se rehusaron a utilizarlas. El ejército británico los obligó a disparar a pesar de sus reticencias y esta situación incitó, en parte, un motín que duró catorce meses.

LA VACA EN KALI YUGA
Sin embargo, el panorama está cambiando. A pesar de que es ilegal para un particular matar una vaca en la India, muchos rastros operan en las grandes ciudades como Bombay y Calcuta. Existen aproximadamente 3600 rastros que operan legalmente en dicho país y se estima que existen más de 30 mil rastros ilegales. El mercado de exportación de piel vacuna gana cerca de 1700 millones de dólares y está en crecimiento. Alemania es el importador más importante de piel procedente de la India, seguido por Inglaterra. Que esto suceda en la tierra que vio nacer la veneración de las vacas es un síntoma de la decadencia de la humanidad según señalan los Puranas, otro vasto grupo de textos que actualiza el conocimiento védico. Dice el Linga Purana (2, 39, 45-46) que no será respetada la vida de las vacas y que los hombres se alimentarán de su carne en Kali yuga, la edad de la oscuridad, que comenzó con la muerte de Krishna, Protector de las vacas, en la que actualmente nos encontramos y en la que predominan la ignorancia, el vicio y la falsa espiritualidad.

 
[Recuadro:]
El hecho central del hinduismo es la protección a la vaca. Para mí la protección a la vaca es uno de los fenómenos más maravillosos en la evolución humana. Eso conduce al ser humano más allá de su especie. La vaca representa todo el mundo subhumano. Mediante la vaca el hombre se da cuenta de su identidad con todo lo viviente. Por qué la vaca fue elegida para su apoteosis es obvio para mí. En India la vaca era la mejor compañera. Ella era la dadora de plenitud. No solamente da leche; también hace posible la agricultura.
La protección a la vaca es el don del hinduismo al mundo. Y el hinduismo vivirá tanto como los hindúes protejan a la vaca. Los hindúes no serán juzgados por sus marcas en la frente ni por el canto correcto de los mantras, ni por sus peregrinaciones ni por su escrupulosa observancia de las reglas de casta, sino por su capacidad de proteger a la vaca.
Yo no mataría a un ser humano para proteger a una vaca, como no mataría una vaca para salvar una vida humana, siempre tan preciosa. Mi religión me enseña que por medio de mi conducta personal debo infundir en la mentes de quienes puedan tener puntos de vista distintos la convicción de que asesinar a una vaca es un pecado y por ello debe ser abandonado. Mi ambición es nada menos que ver establecido el principio de la protección a la vaca en todo el mundo. ...
Para mí la protección a la vaca no es sólo proteger a la vaca; significa proteger todo lo que vive y es indefenso y débil en el mundo.
La vaca es un poema de piedad. Atribuimos piedad al animal dócil. Ella es la madre para millones de seres humanos nacidos en la India. Proteger a la vaca significa proteger a toda la creación muda de Dios. El antiguo vidente, cualquiera que haya sido, comienza con la vaca. La súplica del orden inferior de la creación es más forzosa a causa de su carencia de palabra. La vaca es el tipo más puro de vida subhumana. Ella suplica a nombre de todas las especies subhumanas en busca de justicia por parte de las manos del hombre, el primero entre los seres vivientes. Ella parece decirnos con sus ojos: “Tú no has sido designado sobre nosotros para matarnos y comer nuestra carne o maltratarnos, sino para ser nuestro amigo y guardián”. Yo las venero y defenderé su veneración contra el mundo entero.
El lector observará que detrás de los requerimientos anteriores descansa una sola cosa y que ésta es ahimsa (no violencia), conocida también como compasión universal. Si ésta es comprendida, todo lo demás llega fácilmente. Donde hay ahimsa, existe paciencia infinita, calma interna, discriminación, autosacrificio y verdadero conocimiento.

Mahatma Gandhi

 



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