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JUNIO 2006

 

 

Isoflavonas para los efectos menopáusicos


Dr. Gustavo Roberto Cointry
Las poblaciones asiáticas consumen grandes cantidades de soya, las cuales contienen altos niveles de ciertos compuestos llamados genéricamente fitoestrógenos (estrógeno vegetal). Estudios epidemiológicos indican que los asiáticos poseen tasas menores de enfermedad cardiovascular, osteoporosis, ciertos tipos de cáncer, como el de mama, próstata y colon, y en el caso de las mujeres se registra una incidencia menor de síntomas menopáusicos. El hecho de que los asiáticos pierdan esta ventaja cuando adoptan hábitos alimenticios occidentales, ha llevado a los investigadores a considerar que la respuesta a esta situación ventajosa está en la dieta asiática.
Existen numerosas hormonas vegetales que actúan como estrógenos en nuestro organismo. Los tipos más comunes de fitoestrógenos son los lignanos, los coumestanos y las isoflavonas; siendo estos últimos los más potentes de los tres.
Durante los últimos años el interés en el estudio de las isoflavonas ha crecido mucho, fundamentalmente a partir de los resultados negativos obtenidos en los estudios HERS II y WHI (Women´s Health Initiative), estudios multicéntricos que incluyeron aproximadamente 20 000 mujeres postmenopáusicas que habían recibido terapia de reemplazo hormonal (TRH) o un placebo durante 4 a 7 años. Ninguno de los estudios encontró que los casos de enfermedad coronaria disminuyesen, mientras que ambos mostraron aumentos de enfermedad tromboembólica venosa. Además, en el WHI el riesgo de infarto y cáncer de mama aumentó, aunque se observó disminución del riesgo de fractura y cáncer colonrectal. Esto obligó a suspender ambos estudios y replantear las terapéuticas utilizadas convencionalmente.
De las isoflavonas contenidas en la soya, dos – la genisteína y la daidzeína – son las más prometedoras desde el punto de vista terapéutico.
Las investigaciones sugieren que las isoflavonas de soya actúan de cuatro maneras diferentes: como estrógenos y antiestrógenos, como inhibidores de enzimas promotoras de cáncer, como antioxidantes y como estimuladores inmunológicos.

Isoflavonas y síntomas menopáusicos
Durante el climaterio, la producción de estrógenos por los ovarios se reduce. La caída de los niveles de estrógeno en sangre dispara una serie de síntomas característicos de la menopausia, tales como: sofocos, insomnio, fuerte transpiración, dolores de cabeza, cambios de humor, nerviosismo e irritabilidad, depresión y sequedad y dolor vaginal.
Actualmente, en México 11 millones de mujeres se encuentran en la menopausia y se estima que para 2025 habrá cerca de 20 millones. Basándose en la tendencia de su expectativa de vida, las mujeres vivirán el último tercio a última mitad de su vida en desbalance hormonal. Los sofocos son poco frecuentes en países con alto consumo de soya. En un estudio, mujeres japonesas manifestaron menor proporción de sofocos y sudoraciones nocturnas, en comparación con lo manifestado por mujeres canadienses. Aunque las mujeres pueden reducir los síntomas menopáusicos mediante el consumo de estrógenos, la baja aceptación del tratamiento y los riesgos que la TRH acarrea, de acuerdo con los estudios publicados, hace que este tratamiento no sea aplicable a la mayoría de las mujeres postmenopáusicas. Estudios recientes demostraron que las isoflavonas alivian los síntomas menopáusicos, reducen la presión sanguínea y mejoran el perfil lipoprotéico.

Isoflavonas y osteoporosis
La TRH era uno de los principales pilares para la prevención y el tratamiento de la osteoporosis postmenopáusica. Sin embargo, los riesgos que trae aparejado hicieron que se replanteara la utilidad de esta terapia, y propulsó la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas.
Estudios epidemiológicos han mostrado una incidencia menor de osteoporosis entre aquella población que consume altas cantidades de soya, comparada con la población occidental. Tanto los estudios in Vitro, como in vivo (en animales) y los ensayos clínicos realizados recientemente demuestran que las isoflavonas de soya reducen la pérdida ósea, aumentan la formación de hueso y reducen los riesgos de osteoporosis.

Isoflavonas y enfermedad cardiovascular
A pesar del progreso realizado en la prevención y el tratamiento de la enfermedad cardiovascular, ésta continúa siendo la primera causa de muerte de hombres y mujeres en Estados Unidos, representando 40 % de todas las muertes.
Las mujeres antes de la menopausia están protegidas, al menos en parte, por los estrógenos y su tasa de mortalidad es 3.5 menor que la de los hombres. También se ha reportado una incidencia menor de la enfermedad cardiaca en aquellas poblaciones que consumen grandes cantidades de soya.
Las lipoproteínas son las responsables del transporte en la sangre de la mayoría de los lípidos y se clasifican en LDL –lipoproteína de baja densidad, conocida vulgarmente como “colesterol malo”–, VLDL –lipoproteína de muy baja densidad– y HDL –lipoproteína de alta densidad o “colesterol bueno”. Las LDL son las principales transportadoras de colesterol. Su función es llevar la mayoría del colesterol desde el hígado a las células, en donde tiene un papel vital al proveer colesterol para ser incorporado a las membranas celulares.
Si bien la proteína de soya es reconocida por sus efectos beneficiosos sobre la salud cardiovascular, las isoflavonas de soya cumplen un papel aún más importante. En estudios realizados in vivo se demostró que las isoflavonas, especialmente la genisteína, tienen un efecto positivo sobre el perfil lipídico, inhiben la oxidación del colesterol HDL y LDL, reducen los lípidos totales y los triglicéridos y aumentan el colesterol HDL, independientemente de la proteína de soya.

Isoflavonas y cáncer
En los últimos tiempos, el cáncer ha alcanzado proporciones epidémicas. Estudios pre-clínicos y clínicos avalan el efecto anticancerígeno de la genisteína a través de diferentes mecanismos.
Estudios in vitro han demostrado que la genisteína frena el crecimiento de un amplio rango de células. La explicación propuesta para este efecto se basa en la capacidad de la genisteína para inhibir la actividad de enzimas que controlan el crecimiento celular. Ensayos in vitro han avalado que la genisteína es capaz de inhibir la actividad de la tirosina-kinasa. Esto implica el uso de genisteína como anticancerígeno, ya que los inhibidores específicos de la tirosina-kinasa son potenciales agentes anticáncer.
Agentes antitumorales más potentes usados comúnmente en quimioterapia inhiben las ADN topoisomerasas I y II, enzimas involucradas en los procesos de replicación, transcripción y diferenciación del ADN. Estudios in vitro han demostrado que la genisteína es capaz de inhibir la topoisomerasa II.
Durante la etapa de crecimiento, el tumor desarrolla características que le permiten aumentar de tamaño y esparcir sus células a otras partes del organismo (metástasis). Cuando una célula cancerosa está en pleno crecimiento, las células rápidamente quedan sin oxígeno y glucosa, normalmente suministrados por la sangre. Para compensar esto, envían una señal química de SOS que provoca la formación de nuevos vasos sanguíneos para nutrir al tumor, en un proceso llamado angiogénesis. Se ha demostrado que la genisteína es el más potente entre los inhibidores de origen vegetal en prevenir la angiogénesis. También se ha demostrado que estimula la endostatina y la angiostatina, potentes inhibidores de la actividad angiogénica.
Los estudios epidemiológicos que revelan que las personas con una dieta rica en soya son menos susceptibles a padecer cáncer de mama y próstata, avalan que la genisteína puede prevenir el desarrollo de tumores, inhibiendo la neovascularización. Es obvio decir que un tumor sin arterias es un tumor sin un futuro maligno.
Constantemente se están produciendo en nuestro organismo radicales libres, como subproductos del metabolismo. En realidad, estos radicales son generados por las células para combatir las infecciones causadas por bacterias y virus. Sin embargo, producidos en exceso pueden dañar membranas celulares, ADN y proteínas (entre ellas las lipoproteínas de baja densidad). La genisteína se considera el antioxidante más potente entre otras isoflavonas, siendo también capaz de inhibir la generación de radicales libres por la xantina oxidasa. Los radicales libres parecen jugar un rol importante en la mutagénesis y carcinogénesis. In vitro se demostró que tanto la genisteína como la daidzeína protegieron el DNA de linfocitos sanos o tumorales contra el daño oxidativo.
La apoptosis (muerte celular programada) es un acontecimiento significativo en la condición fisiológica y patológica que controla el desarrollo, diferenciación y regresión de la célula tumoral. En base a estudios in vitro, se ha propuesto que la genisteína antagoniza el crecimiento tumoral en diferentes líneas celulares (hígado, colon, mama, timo, etc.) frenando el ciclo celular e induciendo la apoptosis, o bien, sólo frenando el ciclo celular.

Isoflavonas y función cognitiva
Evidencias recientes de estudios clínicos y experimentales permiten sostener que las isoflavonas de soya tienen un rol en la función cognitiva. Si bien los datos obtenidos de cultivo celulares, modelos animales y estudios en humanos son insuficientes para dilucidar el metabolismo de las isoflavonas de soya sobre la función cognitiva y el sistema nervioso, se sugieren varios mecanismos posibles; 1) la acción a través de un receptor estrogénico, 2) inhibición de la tirosina-kinasa, 3) inhibición del estrés oxidativo en células neuronales y 4) protección de neuronas corticales por regulación de la proteínas antiapoptóticas. Estos hallazgos son importantes porque la genisteína tiene potencialidad terapéutica en desórdenes cerebrales o neuronales como la enfermedad de Alzheimer.

Conclusiones
De acuerdo con todo lo descrito, se observa una gran capacidad terapéutica en las isoflavonas de soya, principalmente en la genisteína. La evidencia recogida permite sostener que puede utilizarse como preventivo o en el tratamiento de diversos síntomas y patologías, como en síntomas vasomotores postmenopáusicos, osteoporosis, afecciones cardiovasculares y como coadyuvantes en el cáncer y desórdenes nerviosos o cerebrales.

REFERENCIAS
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