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JUNIO 2007

 

 

Los Misterios egipcios en la tabla de Isis

Ricardo Ortiz

Al divino Platón le atribuye el escritor latino Plutarco, el de las Vidas paralelas, los siguientes conceptos acerca de esta diosa: “Isis es el gran poder generador femenino, la esencia de las cosas”. Podemos creerlo si nos atenemos a la noticia dada por Thomas Taylor, quien seguramente sólo nos transmite un conocimiento tradicional, de que Platón fue iniciado en los grandes Misterios, a la edad de 49 años, en uno de los salones subterráneos de la Gran Pirámide y con una imagen formando el altar de esa ceremonia, imagen que no es otra que la que se conoce como tabla de Isis. Ésta es una antigua obra, pero su antigüedad, su contenido y su valor han sido objeto de discusiones a lo largo de siglos y la actitud ante ella ha ido desde considerarla una obra sagrada hasta ridiculizarla. Que con el tiempo los conocimientos realmente importantes, a saber: los de la naturaleza y sentido profundos del mundo, se adulteren y se pierdan, no debe ya extrañarnos. Que lo que alguna vez fue valorado como la sabiduría esencial acabe siendo objeto de olvido negligente es tan común que explica la situación actual del mundo y parece querer decir que lo escrito debe cumplirse y quizá, a la vez, que ciertas verdades deben quedar en algún momento a resguardo de mentes profanas. Acerca de la sabiduría de la gran civilización a la que muchos atribuyen el carácter de depositaria original del conocimiento oculto, el propio Hermes dijo en su Diálogo de Asclepios:

¡Oh Egipto, Egipto!, quedarán de tus religiones

sólo vagas leyendas que la posteridad rehusará creer.

Un buen ejemplo, amplio resumen permítasenos decir, de las vicisitudes de la tabla de Isis, de templos a museos, entre saqueos y exilios, entre estudios serios, veneración y denostación, se halla en la pequeña obra titulada precisamente La tabla de Isis, en la que el gran esoterista W. Wynn Westcott reúne las opiniones y valoraciones de la tabla isiaca desde distintos puntos de vista (artístico, histórico, religioso) así como su propia descripción y estudio de lo que el contenido de la obra nos dice acerca del mundo esotérico egipcio. Todas estas valoraciones proceden de mentes tan agudas y autorizadas como Eliphas Levi, Bernard de Montfaucon, Atanasius Kircher, Ernest Jablonski y Kenneth Mackenzie. De Wynn Westcott justamente son las siguientes palabras:

Esta curiosa reliquia de una época remota no deja de atraer la atención de los estudiantes honestos de los Misterios. Su belleza de diseño, su cuidadosa ejecución, su obvia antigüedad, su conexión con el esquema más incomprensible de religión, todo se combina para fascinar la mente y estimular el intelecto en la búsqueda de la explicación del propósito y significado de esta obra. Misteriosa en su concepción, de origen desconocido y de peculiar elaboración, esta Tabla merece investigación y análisis ... la Tabla es esencialmente de carácter esotérico y no es susceptible de métodos ordinarios de interpretación”.

Por su parte, Eliphas Levi escribió en su Historia de la magia conceptos que sería ocioso comentar, en razón de su evidente claridad acerca de esta obra y del tema de la magia en general, claridad y certeza demostradas suficientemente por el gran ocultista francés: “La más curiosa y al mismo tiempo la más completa clave para el Tarot, o versión moderna del Libro de Toth, se encuentra en la Tabla Isiaca. Kircher adivinó que esta Tabla contenía una clave en jeroglíficos para el alfabeto sagrado”. Levi elaboró además un diagrama para explicar el misterio de la tabla, el cual se incluye en la edición de Westcott que venimos comentando (Editorial Yug), además de la reproducción de la propia tabla.

Montfaucon la consideró una representación general de la religión y de las supersticiones de Egipto, que parecía totalmente simbólica y enigmática; “se ve inmediatamente que esta vasta colección de figuras, arregladas de una manera tan definida, debe ocultar un significado místico, pero cuando debe decidirse si la Tabla es una historia de los dioses o algún sistema envuelto en secretos religiosos o ceremonias, y si tiene una intención moral o, incluso, si es un resumen de todo ello, la duda se hace necesaria”. Y bien haya la duda, podríamos decir con Descartes, pues es el primer paso al conocimiento. Otros pasos podemos darlos siguiendo las descripciones y estudios que en este libro encontramos.

Sobre Isis, la del velo que algunos afirman que permanece siempre sobre su rostro y otros dicen que se ha empezado a descorrer, vemos actualmente un interés revivido de la mano de los movimientos en favor del reempoderamiento (perdón, pero es que así le llaman) de las mujeres. Yo mismo dije una vez que la nueva era será femenina o no será, y quienes compartan tan descomunal creencia espero que hallarán en estas líneas sobre la diosa madre un motivo de interés y regocijo en esa “esencia de las cosas” que tiene siempre forma femenina.



UN RECUADRO

CON ILUSTRACIÓN GRANDE (YO LA DOY)


Un elemento de la antigua cosmogonía estaba destinado a sobrevivir a la magia egipcia: el culto de Isis. La gran diosa

evoca ternura, constancia maternal, devoción conyugal y la fertilidad y la gracia de la mujer. Ella alimenta todas las cosas que nacen, todas las cosas que crecen. Sus lágrimas acrecientan las aguas del Nilo, que al desbordarse fertiliza la tierra. Su alma habita en la estrella Sirio. Y durante miles de años la aparición de Sirio en el cielo del amanecer durante el solsticio de verano fue para los egipcios una señal del retorno de la creciente del Nilo. Restaurado por la doliente Isis, Osiris, el esposo, surge de nuevo. El acto procreador siempre recurrente se efectúa: Osiris, el sagrado río, la verde tierra de Egipto.

Apuleyo (en el segundo siglo de la era cristiana) retrató vívidamente a la diosa, y a partir de su descripción el jesuita Atanasius Kircher (1601-1680) hizo un grabado en el cual Isis está coronada con una diadema de pelo, símbolo de la influencia de la Luna sobre las hierbas y plantas. El trigo adorna su cabeza como un recordatorio de que ella fue la descubridora del grano y nos enseñó como cultivarlo. Su cabello está trenzado a través de una esfera que representa el mundo. La esfera descansa sobre una guirnalda de flores, denotando su soberanía sobre el mundo vegetal. El rico arreglo de su cabello lo completan dos serpientes, significando por partida doble el poder generador de la Luna y su camino sinuoso. El pelo flotante de Isis indica que ella es quien nutre a todo el mundo. En su mano izquierda sostiene el palio, símbolo de la creciente del Nilo, en la derecha lleva el sistro, un instrumento musical que estaba consagrado a ella. Éste, según Kircher, la revela como el genio del Nilo y guardiana contra el mal. Su túnica brilla con todos los colores de la Luna, y por ser la reina del firmamento ella lleva un manto colmado de estrellas cuyo borde está decorado con flores, que simbolizan la tierra y nos recuerdan que Isis es la descubridora de los jugos curativos. Sobre su vientre ella lleva la media Luna, cuyos rayos mágicos fertilizan la tierra. Su pie derecho está sobre la Tierra y su pie izquierdo en el agua, mostrando que ella gobierna sobre ambos elementos. Ella es La Estrella del Mar (Stella Maris), vigilante de todos los que viajan por los océanos. Los barcos, que son un símbolo de lo femenino, estaban consagrados a Isis.

Kurt Seligman

(The history of Magic)


Otro RECUADRO


Isis. En egipcio, Issa, la diosa Virgen-madre; la naturaleza personificada. En egipcio y copto, Uasi, reflexión femenina de Uasar u Osiris. Es la “mujer vestida de sol” del país de Chemi [Egipto]. Isis-Latona es la Isis romana. [Hija y madre de Osiris, de igual modo que Vach es hija y madre del Logos. Corresponde a la Aditi y Vach de los indos, a la Io de los griegos y a Eva. Es la madre o matriz de la Tierra; es asimismo la diosa que da vida y salud. Isis es una diosa lunar por estar relacionada con nuestro satélite a causa de los misterios lunares y por ciertas consideraciones acerca de la fisiología y naturaleza de la mujer, tanto en el orden físico como en el psíquico. A Isis estaban consagrados el ibis y el gato. Como diosa lunar, era representada frecuentemente con cabeza de dicha ave, puesto que el ibis blanco y negro era una imagen era una imagen de la luna, que es blanca y brillante por el lado iluminado por el sol, y negra y obscura por la parte opuesta a la tierra. El gato es otro de los símbolos lunares. El huevo estaba igualmente consagrado a dicha divinidad porque simboliza el origen de la vida. Isis está casi siempre representada teniendo un loto en una mano y en la otra un círculo y una cruz ansata. Como diosa de misterio, se la representa generalmente con el rostro cubierto de un velo impenetrable, y en el frontispicio de su templo en Sais se veían escritas las siguientes palabras: "Soy todo lo que ha sido, es y será, y ningún mortal ha quitado jamás todavía el velo que oculta mi divinidad a los ojos humanos".

Helena P. Blavatsky

(Glosario teosófico)





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