El secreto de la longevidad, la leyenda de Gilgamesh y el goji
Lino Antonio Ceja Sapien
Más allá de Plutón, los astrónomos reconocen un asteroide que los astrólogos conocen como Kirón. Existen otros asteroides que orbitan alrededor de nuestro Sol, conocidos sólo con un número. Sabemos también que el universo no está totalmente vacío, existen fragmentos errantes, como asteroides, cometas y polvo cósmico que deambulan por el infinito.
Entre nuestro Sol y el sistema trinario de Sirio existe un planeta con una órbita de 3600 años terrestres, equivalente a un año de Nibiru, nombre de este planeta vecino a nuestro sistema solar. Zecharia Sitchin, arqueólogo erudito, quien ha traducido gran parte de las tablillas de arcilla encontradas en la región de la antigua Mesopotamia, descubrió que de ese planeta llegaron los Anunnaki (“los que del cielño a la tierra llegaron”) hace 445 mil años.
El propósito de estos seres humanos, una raza originaria del sistema de Lira, con ADN primigenio, es decir, seres humanos puros, era obtener oro para procesarlo y enviarlo a su planeta natal con el fin de restablecer su atrmósfera y evitar así la muerte del planeta Nibiru. Considerando que un año nibiruano equivale a 3600 de nuestro planeta, estos seres humanos tenían una larga vida sobre la superficie de la Tierra. Sin embargo, vivir en Tiamat, nombre con que conocían los nativos de Nibiru a la Tierra, les causaba vértigos, desequilibrios corporales y agotamiento a causa del rápido ciclo día-noche. Para ellos la atmósfera era abundante en algunas cosas y carente de otras. Además, la falta de un elixir elaborado en su natal Nibiru provocaba que desearan regresar lo más pronto posible, pero el preciado oro era una prioridad o también podrían morir en su planeta.
Así fue que decidieron traer semillas de Nibiru.
Sacó de su bolsa un paquete de semillas, semillas para ser plantadas en la tierra; multitud de matorrales brotarán de las semillas y producirán frutos jugosos. Con el jugo se hará un elixir, será bueno para que lo beban los héroes. ¡Esto ahuyentará las enfermedades, les pondrá contentos!
De la bolsa de Ninmah se sacaron las semillas, se sembraron en las tierras del valle. ¡Un fruto de Nibiru crecería en la Tierra!
Posteriormente, Sitchin traduce una tablilla en la que se especifica el lugar donde fue plantada la semilla.
¡Hay que sembrar la semilla en un lugar fresco, necesitan calor y agua para alimentarse!
He dispuesto lo que determinará su construcción para siempre, lejos de Eridú, donde comienza la tierra seca estará mi residencia, Laarsa será su nombre, se convertirá en un lugar de mando. A orilla del Burannu, el río de aguas profundas, estará ubicada, una ciudad gemela de ella surgirá en el futuro, la nombraré Lagash...
En el texto traducido por Sitchin se describen tres ciudades más: Nibru-ki, la cual tiene como propósito el arribo de más naves Annunaki, Shurubak, donde se determinó que sería una “ciudad de sanación”, y Eridú, la ciudad donde se establecieron los primeros Anunnaki.
LOS PRIMEROS SERES HUMANOS TERRESTRES
A causa de las condiciones en las que se hallaban los Anunnaki, su líder, Enki, decidió crear una raza humana con fines específicamente de mano de obra:
¡Crear un trabajador primitivo, forjarlo por la señal de nuestra esencia! Así dijo Enki a los líderes.
Existen criaturas ... que caminan erectas sobre dos piernas, las patas delanteras las usan como brazos, de manos están dotados. Viven entre los animales de las estepas. No saben vestirse, comen plantas con la boca, beben agua de los lagos y de las zanjas. Tienen todo el cuerpo peludo, el pelo de la cabeza es como el de un león; ¡retozan con las gacelas, disfrutan con las criaturas prolíficas de las aguas!
Al tomar el ADN del Primitivo Ser y mezclarlo con el suyo, los Anunnaki lograron crear el ser adámico, llamado por ellos Adamu. El problema principal de este Adamu fue que no era inteligente, no podía procrear y carecía de lenguaje.
Más adelante Enki, el líder, orillado por su aprecio al sexo femenino, consigue preñar a dos mujeres Adamu, y, en secreto, de ellas nace un niño a quien nombra Adapa, y una niña, llamada Titi, ambos con la capacidad de pensar y hablar.
Este segundo Adán fue apreciado por los Anunnakiy por el mismo Anu, rey del planeta Nibiru y padre de Enki. Por un lado no sólo podía razonar y hablar, sino que entre ellos podían procrear, fueron ellos los que crearon la primera raza de semidioses en la Tierra.
Sin embargo, la categoría de dioses en la Tierra no fue permitida a esta nueva especie:
SE NIEGA LA INMORTALIDAD A LOS HUMANOS TERRESTRES
En las tablillas de Sitchin se dice que el rey Anu decide conocer a Adapa, el varón nacido en la Tierra con la capacidad de pensar y hablar.
¡Tráigase a Nibiru a Adapa el terrestre! Así pronunció su decisión Anu.
Pero Enki, el padre del muchacho, teme por la vida de su creación. Por un lado, Enlil, su hermano, no está de acuerdo en que Adapa viaje a Nibiru.
¡Quién iba a pensar esto, que forjado por un trabajador primitivo, el ser se haría como nosotros, dotado de conocimiento, que entre el cielo y la tierra viajaría! En Nibiru beberá de las aguas de la larga vida, comerá el alimento de la larga vida, ¡como uno de nosotros, los Anunnaki, el de la tierra se convertirá! Así decía Enlil a Enki y a los demás líderes.
Por el otro lado, al no estar seguro de la reacción que provocaría en su padre, Anu, el saber que Adapa era su nieto, le da instrucciones a Adapa para prevenir cualquier infortunio que pudiera surgir:
¡Maravilla de maravillas la conseguida en la tierra!, declaró Anu.
En las mesas llenas le ofrecieron a Adapa pan de Nibiru; Adapa no comió. En las mesas llenas le ofrecieron a Adapa elixir de Nibiru; Adapa no bebió. Anu, el rey, quedó confundido con esto, estaba ofendido...
¡Venga, Adapa!, le dijo Anu a Adapa. ¿Por qué no comes ni bebes, por qué rechazas nuestra hospitalidad?
Mi maestro, el señor Enki, me ordenó: No comas pan, no bebas elixir. Así respondió Adapa al rey Anu.
Además, Enki envía en secreto un mensaje exclusivo para Anu, donde le revela el secreto de la paternidad de Adapa.
¡Adapa nació por mi simiente de una mujer terrestre! Así decía el mensaje de Enki. Del mismo modo, Titi fue concebida por mi simiente en otra mujer terrestre. Están dotados de sabiduría y de palabra; pero no de la larga vida de Nibiru. Adapa no debería comer del pan de la larga vida. Tampoco debería beber del elixir de la larga vida. Adapa debe volver para vivir y morir en la tierra, la mortalidad debe ser su suerte.
LA LEYENDA DE GILGAMESH
Después del Diluvio, las cinco ciudades Anu nnaki fueron arrasadas: Laarsa, Lagash, Nibru-ki, Shurubak y Eridú, pero los nativos de Nibiru volvieron a establecerse en la región mesopotámica. Muy cerca de estas ciudades surgieron otras fundadas por los humanos terrestres. Dicen las tablillas que Inanna, sobrina nieta de Enki, logró engañarlo para convertir a la ciudad de Uruk en el nuevo centro de la civilización sumeria, la sede de la realeza. Junto con su hermano Shamash, Inanna construyó un templo para venerar a An, el rey de Nibiru considerado el dios principal para los terrestres, siendo el sumo sacerdote de este templo un hijo de Shamash junto con una hembra terrestre, los hermanos decidieron convertirlo en rey de la ciudad de Uruk.
El quinto soberano de Uruk, llamado Gilgamesh, comenzó su gobierno como un rey benévolo y concienzudo. Pero mientras más aprendía de la historia de los dioses más filosófico se iba mostrando. Gilgamesh se preguntaba si viviría tanto como sus antepasados divinos o si moriría tal como sus antepasados mortales.
En mi ciudad el hombre muere, oprimido está mi corazón.
El hombre perece; dolido está mi corazón...
Ni el hombre más alto puede alcanzar el cielo;
ni el hombre más ancho puede cubrir la tierra.
Shamash intentó persuadir a Gilgamesh de que aceptara su destino:
Cuando los dioses crearon a la humanidad
la muerte a la humanidad asignaron;
la vida para ellos guardaron.
Pero Gilgamesh se negó. Instado por un sueño, decidió esperar su oportunidad para convertirse en inmortal; pero los dioses intentaron p´rsuadirlo enviando a una criatura animalesca, llamda Enkidu, para que se entretuviera. Enkidu había deambulado por el desierto y los bosques, había convivido con animales y conocía diferentes lugares. Cuando Gilgamesh le confesó su deseo de convertirse en un dios inmortal, Enkidu le reveló que había una forma de que lograra su propósito: ¡escabullirse en la morada de los dioses!
Con la ayuda de Enkidu, Gilgamesh emprende una travesía histórica que después escribió en piedra. Entre un ramillete de aventuras, los dos amigos logran llegar a distintos lugares donde podría Gilgamesh encontrar la inmortalidad, pero sin obtener resultados.
Por fin, después de tanto padecer, Gilgamesh logra entrar al Jardín del edén, al parecer la ciudad de Eridú, y pide hablar con uno de sus antepasados de nombre Utnapistim. Cuando Utnapistim se le presenta, Gilgamesh no pierde tiempo y le pregunta cómo logró entrar y vivir con los dioses. Utnapistim le revela cómo antes del Diluvio él recibió, de parte del mismo Enki, las instrucciones precisas para salvar a su familia y una parte de los animales terrestres dentro de una nave sumergible.
Fue así, y gracias a una asamble convocada por los dioses, aseguró Utnapistim, cómo le fue concedida la inmortalidad y vivir junto con los dioses, son ellos los que deciden.
Desilusionado y antes de emprender el regreso ala ciudad de Uruk, Gilgamesh recibe un secreto por parte de su antepasado, asegurándole que si no podía alcanzar la inmortalidad, al menos podría posponer la muerte.
Utnapistim le dijo a Gilgamesh:
Has venido hasta aquí con muchos afanes y esfuerzos,
¿qué te daré para que puedas regresar a tu país?
Te develaré, ¡oh Gilgamesh!, una cosa oculta,
un secreto de los dioses te contaré:
una planta hay, como un arbusto espinoso, de bayas es su raíz.
Sus espinas son como las de la vid espinosa: te pinchan las manos.
Si con tus manos obtienes la planta, una nueva vida encontrarás.
Sin decir más, Gilgamesh emprende la búsqueda y encuentra la planta.
... esta planta es de todas única.
¡Con ella el hombre puede recuperar todo su vigor!
La llevaré conmigo a la amurallada Uruk,
para cortarla y comerla allí.
De esta planta comeré y a mi juventud retornaré.
Pero el destino quiso que se presentara el desastre y todo el esfuerzo de Gilgamesh se vio reducido a nada cuando, al intentar bañarse en un manantial, dejó la planta en la ribera, una serpiente la olió y se la llevó. Aun así, Gilgamesh gobernó 126 años y su hijo Ur-lugal gobernó después de él.
EL GOJI
La zona de los Himalaya posee una variedad climática y geológica que no se halla en ninguna otra parte de nuestro planeta. Al ser el punto más alto de la Tierra, la región del monte Everest está más cerca del Sol, nutriendo el suelo de los prolíficos valles de los Himalayas; asimismo es increíblemente rico en minerales que surgieron de los fondos de la Tierra desde hace muchos años. Debido a esas condiciones únicas, en la zona existen más de 18 000 especies de plantas, muchas de las cuales no existen en ninguna otra parte del mundo.
Más asombroso es el hecho de que los pueblos de los Himalayas hayan descubierto propiedades de sanación y preservación de la salud en más de 8000 especies de estas plantas.
Se cree que esos pueblos fueron los primeros sanadores y que compartieron su sabiduría con los antiguos herbolarios de China, Tibet y la India. Uno de sus secretos más preciados era el del fruto de la planta de goji, que había florecido en los valles himaláyicos desde el principio de los tiempos.
En Asia abundan las leyendas sobre el goji. Por ejemplo, se cuenta sobre un chino llamado Li Qing Yuen, que nació en 1678 y vivió 252 años. El secreto de esta vida feliz, activa y prolongada estaba simplemente en el consumo diario de una sopa de frutos de goji.
UN POEMA AL GOJI
Durante la dinastía Tang una vez fue excavado un pozo a un lado de una pared y cerca de un templo famoso cubierto de plantas de goji. Durante mucho tiempo las bayas cayeron dentro del pozo. Los fieles que rezaban en el templo tenían una excelente salud y las personas de ochenta años de edad conservaban el pelo oscuro y todos sus dientes. Esta leyenda quedó plasmada en este poema de Liu Yuxi (772-842), poeta de la dinastía Tang:
Había un pozo de agua fresca
a un lado de la casa del monje,
un manantial claro alimentaba el pozo
y el agua tiene grandes poderes,
hojas de color verde esmeralda crecen en la pared.
Las cerezas de rojo intenso brillan como el cobre,
las ramas sólidas como un fuerte bastón,
las viejas raíces con forma de perro
señalan la buena fortuna.
El goji nutre el cuerpo y el espíritu.
Beba del pozo y disfrute una larga vida.
PROPIEDADES DEL GOJI
Desde la antigüedad el conocimiento médico de Asia Central ha declarado al goji un alimento superior para la defensa y mantenimiento de la salud del cuerpo humano. Licium barbaricum, nombre científico con que se conoce al goji, bajo el microscopio demostró ser unode los alimentos con mayor densidad de nutrientes. El doctor Earl Mindel, autor del libro La biblia de las vitaminas, junto con su equipo de investigadores por medio de un espectrómetro (aparato que puede medir la energía electromagnética a nivel molecular) descubrió un grupo de cuatro polisacáriods activos exclusivos de una especie particular de goji (tan sólo en el Tibet crecen 41 especies).
La especie que logró coincidir con el proverbial fruto de las antiguas leyendas es ahora conocida como goji de los Himalayas.
Los polisacáridos
Tanto en el reino animal como en nuestro reino humano la vida está basada en el carbono. Es decir, el carbono, el oxígeno y el hidrógeno interactúan más fácilmente debido a la geometría de las moléculas. En el reino vegetal interactúan el amoniaco y el nitrógeno, mientras que en el reino mineral la base estructural es de silicatos (cuarzos).
Por el metabolismo las enzimas convierten la materia, es decir, los alimentos que consumimos y se almacenan en el cuerpo, en energía. Para ello también requiere oxígeno. Un metabolismo normal en el cuerpo humano produce una vida plena y sana, pero aun que se nos dice que hacer ejercicio es bueno para el metabolismo, lo que sucede es que éste se acelera, provocando la oxidación de las células. Envejecemos más rápido.
Si a esto agregamos malos hábitos de vida, incluida la mala alimentación, tenemos como resultado un desgaste prematuro del cuerpo, un desorden informático en las células que tratan de defenderse y finalmente una serie de enfermedades que pueden agravarse en degenerativas.
Un polisacárido es un grupo de monosacáridos, también llamados osas, como el almidón, la celulosa y el glucógeno. Una osa es un glúcido no hidrolizable (que no se disuelve al contacto con el agua) que contiene tres o más átomos de carbono en cada molécula. Los glúcidos son sustancias orgánicas que desempeñan una función energética en el organismo. El principal trastorno del metabolismo de los glúcidos es la diabetes.
Los frutos del goji contienen cuatro polisacáridos altamente activos que interactúan entre sí reconstituyendo a las células del organismo humano. Es como si la célula de pronto recordara cuál es su verdadera función en el organismo, provocando la reversión de enfermedades como el cáncer, la artritis, la osteoporosis y la hepatitis entre muchas otras. Estos resultados se apoyan en más de sesenta y seis estudios hechos a las bayas de goji.
UNA ANTIGUA SORPRESA MEDICINAL
Ya sea que se trate de una planta extraterrestre o de un mito arcaico, lo cierto es que la naturaleza sigue dándonos sorpresas. Hace más de sesenta años nadie creía que uno podía curarse tan sólo comiendo alimentos crudos, tampoco se creyó que tomar jugos podría revertir enfermedades muy agresivas para el cuerpo. Durante siglos la medicina natural se había mantenido sólo de manera preventiva, la salud de los pueblos dependía de los alimentos que consumían. Ahora tenemos un producto que está sorprendiendo a la ciencia médica y parece ser que estamos logrando reconciliar el naturismo con la medicina moderna.
BIBLIOGRAFÍA:
Zecharia Sitchi, La escalera al cielo y El libro perdido de Enki, Ediciones Obelisco.
Preston B. Nichols, Encuentro en las Pléyades, Ediciones Obelisco.
www. FreeLife.com “The history of Himalayan Goji juice”.
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