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JUNIO 2007

 

 

Yo, conciencia y naturaleza

Ratan Lal

Los sabios y santos llaman Atma a la Conciencia sin forma y sin nombre que es nuestra verdadera naturaleza, la cual se expresa como “Yo soy yo” para distinguirla del sentido del ego (conciencia del cuerpo), que dice “yo soy así y asá”. Realizar el “yo” detrás del “mí” y “mío” es perder el ego finito en el Ser infinito. Muy a menudo Bhagavan Baba afirma que “yo” o aham es el primer nombre de Dios. El mismo “yo” primordial es Conciencia que nos penetra a todos. Este “yo” es el Atma, el Corazón espiritual de todo. Nadie niega su propia existencia. Incluso esa afirmación “yo soy” se hace en la presencia de la Conciencia siempre presente. El “yo” que se aferra al “yo soy” en la meditación llevará a la conciencia del “yo”. Ésta es la mejor meditación. El Ser real se revela a sí mismo y no al que tiene un sentido de dualidad, que trata de aferrarse a él. El que se aferra es el pseudoyo. Este pequeño “yo” –el que medita– debe desvanecerse y entonces el Yo real –el Ser Conciencia, Sat-Chit– permanecerá. Este Yo es el Ser al que se refería Bhagavan Baba en la afirmación “Yo soy yo”.


HISTORIAS ESPIRITUALES:

El rey y el bufón

Hubo una vez un bufón en un palacio; una vez el bufón estaba fastidiando más que divertir, por lo que el rey hizo bordar la palabra “tonto” en una cinta y le ordenó llevarla en la frente para que todos pudieran aprender la lección. El cortesano se volvió el hazmerreír del palacio. A los pocos meses, el rey estaba en su lecho de muerte, y cuando el bufón se acercó, el monarca le dijo con lágrimas en los ojos: “Estoy a punto de emprender mi último viaje, amado bufón”. Éste le dijo: “Espera, voy a traer el elefante real”, pero el rey sacudió la cabeza y dijo: “Ningún elefante me habrá de llevar allá”. El bufón le rogó que usara el carruaje, pero cuando se le dijo que de nada serviría propuso el corcel real como alternativa. Tampoco éste serviría, se le aclaró. Entonces el bufón preguntó inocentemente al rey: “¿A qué lugar extraño viajarás?” El rey contestó: “No lo sé”. Al oírlo, el bufón desató la cinta de su frente y la ató en la del moribundo rey al tiempo que le decía. “Tú mereces portar esta cinta más que yo; sabes que te vas, pero ignoras adónde; sabes que los elefantes, caballos y carros no llegan allí, pero no sabes dónde ni cómo es”.


No hay atajos

Una vez un muchacho indio fue enviado a Estados Unidos a hacer estudios superiores. Sus padres deseaban que mantuviera la práctica espiritual y estuviera constantemente inmerso en la cultura india. Así, le aconsejaron que escribiera el santo mantra “Gayatri” dos veces al día, diez veces antes de irse a trabajar y diez veces antes de retirarse a dormir en la noche. El muchacho era constante en su ejercicio santo al principio, pero después aflojó en la práctica debido a otros intereses. Sentía que le llevaba mucho tiempo escribir el “Gayatri” veinte veces. Enfadado con la imposición, pensó en un ingenioso plan para superar la faena. En lo alto del papel escribía el mantra una vez y luego escribía nueve veces “ídem, ídem, ídem...” para completar la tarea.

En la espiritualidad no hay tales atajos hipócritas. Para lograr algo, tanto en la vida espiritual como en la mundana, se debe tener integridad y sinceridad y mantener la paciencia, la práctica y la perseverancia. Estamos dispuestos a invertir mucho tiempo y esfuerzo para obtener algo en la vida mundana; de manera semejante tenemos que estar dispuestos a invertir tiempo para progresar en la espiritualidad. Todos quieren ser felices y desean la bienaventuranza; guárdense de los falsos gurús que prometen resultados rápidos. Uno tiene que esforzarse por una cantidad de años para obtener habilidad en cualquier profesión. Así pues, no es razonable esperar que haya una técnica consistente en apretar un botón para realizar a Dios. De acuerdo con J. Krishnamurthy, nuestra naturaleza esencial es “Conciencia sin opción y sin esfuerzo”.

Para ser lo que no son, por fuerza tienen que hacer un esfuerzo. Lo que no podemos abandonar es nuestra naturaleza esencial, que es Dios o el Atma. Ella es anterior a todo lo demás; es evidente e irrefutable.



La eficacia de los mantras

Una vez el Señor Vishnú le pidió a Narada que recitara el mantra “Om Namo Narayana” en el oído de un pájaro. El ave de inmediato cayó muerta al suelo. De nuevo el Señor Vishnú le ordenó a Narada que recitara el mismo mantra en el oído de un ternero. Para un brahmán matar a un ternero es un pecado atroz y recordando el caso anterior, Narada obedeció el mandato temblando. El ternero murió de inmediato.

Al rey le había nacido un bebé. Vishnú le dijo a Narada que fuera al palacio y recitara el mantra en el oído del puqueño. Narada estaba nervioso y pensó que si el hijo del rey moría, su vida estaría en peligro, pero aun así obedeció el mandato del Señor y fue al palacio real. Ahí le dieron la bienvenida de todo corazón, ya que la presencia de una persona santa para bendecir a un recién nacido se consideraba auspiciosa. Cuando Narada recitó el mantra en el oído del bebé, el niño estalló en risas y dijo: “Oí este mantra siendo pájaro y siendo vaca. Ahora, al oírlo de nuevo después de haber nacido como ser humano, seguramente seré liberado”.

Los mantras son muy útiles para purificar la mente, pero recuerden que al recitarlos uno siempre debe hacerlo en consonancia con la respiración. Si cada palabra del mantra se recita con el latido que emana del corazón espiritual, uno puede experimentar la paz de su verdadera naturaleza.

Estos textos forman parte del libro Yo Soy Yo, de Ratan Lal (Editorial Yug).



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