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JUNIO 2009

 

 

El método de la respiración yóguica


K. S. Joshi

Para los propósitos de este artículo empleamos la frase “respiración yóguica” como equivalente de la palabra sánscrita pranayama, la cual parece que ha llegado a gozar de un lugar importante en la literatura sobre yoga. La palabra prana quizá sea tan antigua como la propia palabra yoga, pero la técnica perfeccionada para su control, la cual es parte del sistema del óctuple sendero yóguico, parece que es de origen posterior. Acerca de la respiración yóguica se ha hablado muy elogiosamente y el fenómeno maravilloso que se supone que tiene lugar como resultado de su práctica intensa y prolongada ha sido reconocido en diversos pasajes de los textos sobre yoga.
La palabra pranayama está compuesta de dos partes: prana y ayama. La última es una forma sustantivada derivada de la raíz yama, la cual significa silenciar. Por lo tanto, la respiración yóguica sería el proceso por el cual es silenciado el prana. Esta última palabra parece haber estado en uso en la lengua sánscrita para significar dos cosas diferentes: la fuerza o principio de la vida y el aire (vayu) que fluye en el cuerpo. Quizá no hay diferencia cardinal entre estos dos significados porque las varias formas de aire, llamados vayu, son por sí mismos estimados, algunas veces como básicos, en cualquier actividad de la vida. Por lo que concierne a la respiración yóguica, la palabra prana debe ser tomada como el significado del aire que inhalamos y exhalamos, por lo que podemos definir la respiración yóguica, para todos los propósitos prácticos, como un proceso para silenciar la respiración.
Es importante hacer notar la idea que implica esta última noción. Como nos enseñaron nuestros ancestros, la respiración tiene una estrecha relación con el trabajo de la mente, es decir, si logramos silenciar la respiración también la mente llegará a silenciarse. Es verdaderamente una experiencia para aquellos que practican la respiración yóguica durante un tiempo suficientemente largo que mediante esta práctica la mente se vuelve silenciosa y pasiva.
Patanjali, el notable autor del Yoga sutra, definió la respiración yóguica en términos de cese o detención de los actos de inhalación y exhalación. Esta definición parece implicar, según opinaba Vyasa en su comentario, que ese tipo de respiración no es sólo la respiración profunda, sino también un acto por el cual el movimiento respiratorio es detenido por completo al menos temporalmente. En efecto, nuestra respiración normal siempre incluye un estado de pausa, aunque sólo dura una fracción de segundo. Por lo general respiramos aproximadamente quince veces cada minuto. Esto quiere decir que cada respiración normal es completada en casi cuatro segundos, incluyendo la inhalación, la exhalación y la etapa o fase de descanso.
Estos tres actos también están incluidos en la respiración yóguica para todos los propósitos prácticos. Sin embargo, en ésta el énfasis se pone no en la inhalación o la exhalación sino más bien en la fase de pausa, la cual se caracteriza por la detención del movimiento del aire desde y hacia los pulmones. El estado de pausa puede alcanzarse de dos formas distintas: primero hacer una inhalación profunda y después no dejar que suceda la exhalación inmediatamente sino mantener el aire dentro de los pulmones; segundo, después de hacer una exhalación completa detener la respiración no permitiendo que el aire entre enseguida en los pulmones. El estado de pausa es llamado kumbhaka en la terminología de yoga y designa el hecho de que durante ese estado el aire no se mueve hacia dentro y hacia afuera de los pulmones.
Ambas variedades de esta respiración mencionadas arriba van acompañadas por los actos de inhalación y exhalación. La única diferencia entre las dos es con respecto al orden en que estas etapas respiratorias están arregladas. Por ejemplo, en la primera variedad descrita el estado de pausa es precedido por la inhalación y seguido por la exhalación; en la segunda variedad se invierte el orden y el estado de pausa sigue a la exhalación. Hay una tercera clase de respiración yóguica, la cual es ajena a la inhalación y la exhalación, es llamada kevala-kumbhaka y en ella el estado de pausa sucede precisamente en cualquier momento sin ninguna consideración de la inhalación o la exhalación. Las primeras dos variedades deben practicarse hasta que se llegue a la tercera clase. Es precisamente esta tercera variedad la que real y verdaderamente constituye el significado del término respiración yóguica. Éste es un estado en el cual el proceso de respiración llega a una pausa junto con el proceso de pensamiento y deseo. Éste es en verdad un estado de completa fusión de la respiración y la mente, el cual es caracterizado por profundo silencio y apaciguamiento.
Antes de empezar la práctica de la respiración yóguica es necesario adoptar una postura sentada firme. Se ha encontrado que la postura llamada swastikasana es la adecuada para este propósito. El procedimiento es bastante simple. Una de las piernas, digamos la izquierda, se dobla por la rodilla y su talón se coloca en la base del muslo derecho, más allá de los genitales externos. Después se dobla la pierna derecha de la misma forma y su talón se coloca (arriba del izquierdo) en la base del muslo izquierdo. Los dedos de ambos pies se introducen entre el muslo y la parte musculosa trasera de las rodillas contrarias. Los tobillos no deben estar uno sobre el otro. Ambas rodillas deben estar bien asentadas en el piso. La cabeza, el cuello y la espalda deben mantenerse erectos.
Hay otra postura, la más favorecida por los estudiantes avanzados de yoga, llamada por lo mismo siddhasana. En ésta el talón izquierdo se coloca contra la porción suave entre el ano y los genitales y el talón derecho se coloca arriba del izquierdo y es colocado contra el hueso del pubis, manteniendo los órganos genitales bien ajustados entre los dos talones (esto, si es hombre quien practica la postura). Los dedos de los pies se mantienen entre el muslo y la parte musculosa trasera de las rodillas contrarias. Se cree que esta postura tiene un significado especial. Padmasana es otra postura adecuada, en la cual los dos talones se mantienen cercanos a los muslos contrarios.
La respiración yóguica es un arte que debe desarrollarse con cuidado y prudencia. Es aconsejable practicar solamente profundas inhalaciones y exhalaciones (sin detener la respiración) durante algunos meses antes para que la persona se prepare para empezar la respiración yóguica adecuada. Para esto, primero uno debe ver, sentado en una postura adecuada, cuánto tiempo le toma hacer una
exhalación profunda cómodamente después de haber llenado los pulmones. Deberá anotar el tiempo que le tome cada una de cinco exhalaciones profundas consecutivas. Suponiendo que le lleva diez segundos uno debe empezar practicando lo que podemos llamar la respiración profunda de la siguiente manera: cada inhalación deberá tomarle exactamente la mitad del tiempo que se requiera para cada exhalación. Esto quiere decir que una inhalación deberá durar cinco segundos si la exhalación lleva diez. Así, una respiración se completa en quince segundos. Esto constituye un ciclo. En el primer día deben hacerse cuatro de estos ciclos nada más. La inhalación y la exhalación en cada ciclo deben tomar cinco y diez segundos respectivamente, haciendo cuatro ciclos en un minuto.
En el segundo día pueden hacerse cinco ciclos, en el tercero seis y así sucesivamente hasta un máximo de diez ciclos. Cuando se alcance una cuota de 10 ciclos, digamos después de una semana, uno debe observar los siguientes puntos muy cuidadosamente:

  1. Casa inhalación y exhalación debe completarse exactamente en el tiempo especificado (cinco y diez segundos respectivamente). Puede suceder que algunas veces los pulmones estén ya sea llenos o vacíos un poco antes de completar el tiempo límite requerido o incluso puede suceder que el acto requerido no pueda ser terminado cuando ya se haya acabado el tiempo límite. Ambas situaciones deben ser corregidas estrictamente ajustando el tiempo para la inhalación y la exhalación adecuadamente de acuerdo con la capacidad propia. De ninguna manera debe haber prisa para prolongar las respiraciones más allá de los límites confortables.
  2. En cada inhalación los pulmones deben llenarse por completo y en cada exhalación deberán ser vaciados a lo máximo. Los ejercicios no deben dejarse incompletos.
  3. En ningún momento deberá haber alguna sensación de sofocamiento o alguna necesidad de inhalar o exhalar forzadamente para apresurar el proceso.
  4. En todo momento deberá experimentarse una sensación de comodidad y control.
  5. El movimiento del aire tanto hacia adentro como hacia afuera debe ser suave y uniforme.
  6. Los músculos abdominales deberán estar ligeramente contraídos hacia el final de cada inhalación para no permitir que el vientre sea impelido. Esto causa un incremento en la cantidad de aire inhalado así como en la presión intratorácica.
  7. El último ciclo debe realizarse con igual facilidad y comodidad que los primeros. Una inhalación profunda realizada en la forma antes indicada se llama técnicamente un puraka. Rechaka es el término del yoga para la exhalación profunda. Después de alcanzar igual comodidad y satisfacción sobre diez ciclos sucesivos de puraka y rechaka, uno puede presumir con toda seguridad que ha empezado bien con la preparación para la respiración yóguica. En este momento puede uno empezar con la respiración alternada a través de las fosas nasales.

Para mantener abierta una sola fosa nasal es indispensable que la otra esté cerrada. Esto se efectúa con la mano derecha. El dedo medio y el índice se doblan se doblan sobre la palma; entonces se cierra la fosa nasal derecha presionando ligeramente con el pulgar sobre ella y colocando el dedo índice y el anular sobre el puente de la nariz. La fosa nasal izquierda puede ser cerrada presionándola con estos dos dedos mientras el pulgar se mantiene sobre el puente nasal. Ambas fosas deben ser cerradas mientras suprime o detiene la respiración. En este momento no debe haber contracciones de los músculos faciales.
El primer puraka debe hacerse a través de la fosa nasal izquierda y debe ser seguido por un rechaka a través de la fosa derecha. El siguiente puraka se deberá hacer a través de la fosa derecha, seguido de un rechaka a través de la fosa nasal izquierda. La regla aquí es que la fosa nasal tiene que ser cambiada para cada rechaka, es decir, después de cada puraka. Cada puraka, excepto el primero, debe hacerse a través de la misma fosa nasal que se usó para el rechaka precedente. Un ciclo incluirá aquí dos purakas y dos rechakas alternados a través de las fosas nasales.
Cuando se alcance una cuota de 10 ciclos y se practique por cuatro semanas completas puede uno pensar en aumentar la duración de cada ciclo. Sin embargo, la proporción del tiempo tomado para el puraka y el rechaka será la misma, es decir, 1:2. En vez de un ciclo de 30 segundos ahora puede emplearse un ciclo de 36 segundos. El primer día nueve de 10 vueltas pueden hacerse como antes, es decir, empleando 30 segundos para cada vuelta y la décima (que incluirá dos purakas y dos rechakas como cada una de las otras) tomará seis segundos para el puraka y 12 segundos para el rechaka, empleando un total de 36 (en vez de 30) para esta última vuelta. Luego de dos días, las últimas vueltas de las 10 pueden hacerse para cubrir 36 segundos cada una. Si no hay sensación de incomodidad puede aumentarse progresivamente el número de vueltas de duración más larga hasta que al final, dentro de un lapso de tres semanas o más, todas las vueltas sean de 36 segundos cada una. Esta cuota o ritmo debe mantenerse invariable por unas cuantas semanas más y después puede emplearse una duración más amplia, digamos 42 segundos, para cada ciclo. En esto se emplearán más o menos tres semanas. El proceso puede continuarse hasta que se obtenga una duración de un minuto para cada vuelta. Esto puede llevar cerca de seis meses desde el principio.
No es necesario que todos empiecen siempre con una duración de 30 segundos por ciclo como se indica arriba. Algunas personas pueden estar capacitadas para hacer una vuelta de un minuto desde el principio. Uno debe juzgar adecuadamente su capacidad para la respiración profunda y seleccionar una duración adecuada para cada vuelta. No debe haber prisa ni violencia. La paciencia y la práctica deberán ser las máximas del practicante que desee obtener los beneficios de la respiración de yoga. La preparación adecuada para ejercitarse en ella puede decirse que está completa cuando uno puede practicar con toda comodidad 10 ciclos de respiración alternada a través de las fosas nasales empleando un minuto para cada ciclo. Cada respiración debe ser completada aquí en 30 segundos (10 para cada inhalación y 20 para cada exhalación) haciendo veinte respiraciones consecutivas en 10 minutos por todo.
Después de practicar esta técnica durante un par de meses puede uno introducir la detención de la respiración (kumbhaka) después de la inhalación. El primer día debe hacerse kumbhaka sólo en la última vuelta empleando para ello 10 segundos. Esto quiere decir que el primer día solamente deben practicarse dos kumbhakas de 10 segundos cada uno. En tres semanas más o menos las diez vueltas incluirán dos kumbhakas de 10 segundos cada uno. Esto significa un total de tiempo de poco más de 13 minutos para 10 ciclos. Esto se puede practicar durante un par de meses y después la duración de cada kumbhaka puede elevarse de 10 a 15 segundos. En aproximadamente tres semanas todas las 10 vueltas incluirán dos kumbhakas de 15 segundos de duración. Esto tomará un tiempo total de 15 minutos. Esta cuota es plenamente suficiente para el propósito de mantener la salud del cuerpo en magníficas condiciones.
Sin embargo, la salud del cuerpo es un beneficio secundario resultante de la respiración yóguica. El propósito principal es llegar a poseer lo que es llamado kevala-kumbhaka, lo cual trae consigo el silencio y la paz por excelencia. Para lograr este objetivo es preciso practicar la respiración yóguica cuatro veces al día de esta forma: una vez en la mañana, una vez en la tarde, una vez a mediodía y una en la noche. Deben hacerse ochenta kumbhakas en cada sesión, dando un total de 320 cada día, de 48 segundos de duración. Esta cantidad debe practicarse durante meses y aun años.
Con la respiración yóguica los pulmones se llenan completamente en cada inhalación para que las paredes de todos los alveolos o los sacos de aire sean estirados por completo. Normalmente los pulmones no se expanden o contraen por completo en la respiración. De este modo la respiración yóguica proporciona un buen ejercicio al tejido mismo de los pulmones. Durante la inhalación la presión en la cavidad torácica permanece más baja que la presión atmosférica, mientras que durante las exhalaciones esta presión es más elevada que la presión atmosférica. Durante la respiración yóguica se consigue que estos estados continúen durante más tiempo. Estos cambios de presión estimulan la circulación sanguínea y proporcionan una especie de masaje al corazón y a los órganos contenidos en la cavidad abdominal. Este efecto es elevado grandemente por la contracción ligera de los músculos de la pared abdominal durante el puraka. La respiración yóguica puede ser de inmensa importancia en la prevención de enfermedades como asma y dolencias de los pulmones y el corazón. Para el individuo normalmente sano la respiración yóguica puede ser de gran ayuda para conservar la salud.

 

Lecturas recomendadas:
Svarodaya. La ciencia del aliento  y Shiva Samhita. Tratado original de yoga
Publicados por Editorial Yug

 



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