El hombre y su medida
Sabiduría de Rumi
El hijo del atabeg entró.
El Maestro dijo: –Tu padre siempre está ocupado con Dios. Su fe lo ha dominado, y se revela en sus palabras. Un día el atabeg dijo: “Los infieles de Rumi me han aconsejado dar a mi hija en matrimonio a los tártaros para que la religión pueda unificarse y para que esta nueva religión, el Islam, desaparezca”. Dije: ¿Y cuándo ha sido unificada esta religión? Siempre ha habido dos o tres, y siempre ha habido luchas y guerras entre ellas. ¿Cómo quieres que haya una sola religión? Será una sólo en el mundo venidero, en la resurrección. En cuanto a este mundo actual, aquí no es posible, porque aquí cada quien tiene distintos deseos y propósitos. Aquí la unidad es imposible; será posible sólo en la resurrección, cuando todos los hombres serán uno y fijarán sus ojos en un solo lugar y todos tendrán un oído y una lengua.
En el hombre hay muchas cosas. Existe el ratón y existe el pájaro. El pájaro lleva la jaula hacia arriba mientras que el ratón la jala hacia abajo. En el hombre existen cien mil diferentes bestias salvajes, solamente que están aproximándose al punto en que el ratón renunciará a su calidad de ratón y el pájaro a su calidad de pájaro y todo será uno. Porque el objetivo no está ni arriba ni abajo; cuando el objetivo se manifiesta no estará ni arriba ni abajo.
Un hombre ha perdido algo y lo busca a derecha e izquierda, por delante y por atrás. Cuando lo ha encontrado ya no lo busca por arriba o por abajo, a la izquierda ni a la derecha, porque se halla tranquilo y sereno. Del mismo modo, el día de la resurrección todos los hombres tendrán un solo ojo, una sola lengua y un solo entendimiento. Cuando diez personas comparten un jardín o un taller, su conversación es una, su preocupación es una y su interés es uno, ya que su objetivo es uno. Así en el día de la resurrección, ya que el asunto de todos será con Dios, todos serán uno en este sentido real.
En este mundo cada hombre está preocupado con un asunto separado. Uno está enamorado de las mujeres, otro está enamorado del dinero, otro está absorto en adquirir posesiones, otro en alcanzar conocimientos. Cada uno de ellos cree que su salud, su dicha, su placer y su reposo consisten en esa cosa solamente. Ésta es una gracia divina. Cuando marcha hacia allá y busca, no encuentra nada y se regresa. Cuando se ha entretenido un poco dice: “Hay que buscar esa dicha y esa misericordia. Tal vez no haya buscado bien. Buscaré otra vez”. Cuando busca de nuevo, todavía no halla nada. Y de esta forma continúa, hasta el momento en que la misericordia muestra su cara sin velo. Entonces se da cuenta de que aquel no era el camino correcto.
Pero Dios el Altísimo tiene ciertos siervos que son así hasta antes de la resurrección: ven realmente. Alí (Dios esté contento con él) dijo: “Aunque se corriera el velo, mi fe no podría aumentar”. Es decir: cuando el cuerpo se acabe y aparezca la resurrección mi fe seguro no será mayor. Esto es como un grupo de personas rezando en una noche oscura dentro de una casa, han volteado sus caras en todas direcciones. Cuando surge el día todos se voltean, excepto aquel que estuvo volteado hacia La Meca durante toda la noche. ¿Por qué debería voltearse Él? Todos ahora se han volteado hacia Él. Del mismo modo, los siervos especiales de Dios mantienen sus rostros volteados hacia Él aun durante la noche y han dado la espalda a todo lo demás. En lo que a ellos concierne, la resurrección ya se ha manifestado y se ha hecho acto.
Las palabras no tienen fin, pero se imparten según la capacidad del buscador.
No hay nada cuyos tesoros
no se hallen dentro de nosotros
y sólo utilizamos la medida justa.
La sabiduría es como la lluvia. El acopio es ilimitado, pero cae según los requisitos de la ocasión, en el invierno, en primavera, en verano, en otoño, siempre en la medida justa, mayor o menor, pero de donde cae, allí es infinito. Los boticarios ponen azúcar o medicinas en un cucurucho de papel pero el azúcar no es la cantidad que se halla en el papel; los almacenes de azúcar y los almacenes de medicinas son ilimitados; entonces, ¿cómo puede contenerlos un pedazo de papel?
Ciertos hombres profirieron insultos diciendo: “¿Por qué el Corán desciende sobre Mahoma palabra por palabra? ¿Por qué no capítulo por capítulo?” Mahoma (Dios lo bendiga) contestó: “¿Qué dicen esos tontos?” Si descendiera sobre mí repentinamente me disolvería y desaparecería?”
Aquel que está realmente enterado de algo entiende mucho. De una cosa, entiende muchas, de un renglón, volúmenes enteros. Se puede comparar con un grupo de personas que están sentadas escuchando un cuento pero una de ellas ya conoce todas las circunstancias porque estuvo presente cuando sucedió aquello. Por una sola alusión esa persona lo entiende todo, se pone pálido y colorado, cambia de un estado a otro. Los demás solamente entienden lo que han escuchado porque no están enterados de todas las circunstancias, pero el que está enterado entiende mucho de lo poco que oye.
Regresando: cuando uno va al boticario tiene azúcar en abundancia, pero se fija en la cantidad de dinero que lleva, y le da de conformidad. Por “dinero” aquí queremos decir la resolución y la fe. Las palabras se imparten según la resolución y fe que uno tenga. Cuando uno va a buscar azúcar, le examinan a uno la bolsa para ver su capacidad, y luego le dan a uno según, una medida o dos. Pero si alguien ha traído caravanas de camellos y muchos morrales, mandan llamar a los almotacenes.
Así, llega un hombre al que no lo satisfacen océanos; otro hombre se contenta con unas gotas, y más de eso sería dañino para él.
Esto no sólo se aplica al mundo de las ideas y de las ciencias y de la sabiduría. Es cierto de cada cosa. Las propiedades, el oro, las minas, todas son ilimitadas e infinitas, solamente se imparten según la capacidad del individuo, ya que no podría soportar más y enloquecería. ¿No ven cómo Majnun y Farjad y los demás amantes famosos se fueron a las montañas y a los desiertos por el amor de una mujer cuando ya no podían controlar sus pasiones? ¿No ven cómo el faraón, cuando recibió imperios y riquezas excesivas quiso ser divino?
No hay nada cuyos tesoros no se hallen dentro de nosotros.
“No hay nada, bueno o malo, cuyos tesoros ilimitados no se encuentren dentro de nosotros y en nuestros cofres, pero solamente usamos lo que es apropiado para nuestras capacidades”. En verdad esta persona tiene fe, pero no sabe en qué tiene fe. Del mismo modo, un niño tiene fe en el pan, pero no sabe en qué cosa tiene fe. Así es con todo lo que crece: un árbol se vuelve amarillo y seco por falta de agua pero no sabe realmente lo que es la sed.
La sustancia del hombre es como una bandera. Primero pone la bandera a ondear en el viento, y luego manda tropas al pie de esa bandera en cada dirección, como sólo Dios sabe: la razón, el entendimiento, la furia y la ira, la indulgencia y la liberalidad, el miedo y la esperanza, y estados sin fin y cualidades ilimitadas. El que mira desde una distancia solamente ve la bandera, pero el que mira de cerca sabe qué esencias y realidades residen en ella.
Alguien entró y el maestro dijo: “¿Dónde has estado? Anhelábamos verte. ¿Por qué te alejaste?”
El hombre contestó: “Así sucedieron las cosas”.
El maestro dijo: “En cuanto a nosotros, hemos estado rezando para que esta conspiración de cosas cambie y deje de ser. Una conspiración de sucesos que produce la separación es una conspiración indebida. Sí, por Alá, también proviene de Dios, y es buena sólo en relación a Dios. Es un dicho verdadero el que dice que todas las cosas en relación a Dios son buenas y perfectas y que solamente en relación a nosotros no son así. La fornicación y la pureza, el rezar y el no rezar, el descreimiento y el Islam, el politeísmo y el unitarismo, todo esto es bueno en relación a Dios. En relación a nosotros, la fornicación y el robo, la falta de fe y el politeísmo son malos, mientras que el unitarismo y la oración y las buenas obras en relación a nosotros son buenos. Pero en relación a Dios todo es bueno.
En su reino un rey tiene prisiones y horcas, túnicas de honor y riquezas, bienes y séquitos, banquetes y fiestas, tambores y banderas. En relación al rey todas estas cosas son buenas. Así como las túnicas de honor son el adorno perfecto de su reino, también la horca y las matanzas y las prisiones son el adorno perfecto de su reino. En relación a él, todas estas cosas son el adorno perfecto, pero en relación a sus súbditos, ¿cómo va a ser la misma cosa una túnica de honor y la horca?
Jalaludin Rumi (Persia, 1207-1273) es el más grande poeta místico del Islam y la figura más sobresaliente del sufismo, éste definido a veces como la mística musulmana o como “el Islam profundizado. El Islam es una ciencia de cómo vivir. La meta de un sufi es llegar a la esencia de Dios, ser uno con Dios. Él o ella reciben ejercicios especialmente diseñados para este propósito. La razón por la que el sufi desea ser uno con Dios es cumplir la misión para la que Dios lo creó: conocerlo a Él. El obstáculo para que el sufi logre su meta es su propio ser o nafs. El zikr (la repetición de los nombres de Dios y otras fórmulas) es una de las herramientas que el sufi usa en su batalla contra su nafs. Lo que hacemos en el sufismo está basado en el Corán y jadiths (tradiciones del profeta Mahoma). Hay siete niveles de nafs mencionados en el Corán, y el Profeta fue enseñado por Dios para pasar estos niveles y llegar a Su esencia. La llave que abre la puerta a esta met
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