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EL BUSCADOR

 

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MAYO 2007

 

 

Recuadro

Las claves de Sri Nisargadatta

El Pensamiento-Energía (Yo soy) surge espontáneamente”

  1. El universo se manifiesta junto con los objetos sensibles e insensibles: el sueño comienza.

  2. En movimiento, la Conciencia se identifica con cada objeto: roca, árbol, animal o ser humano.

  3. La mente-intelecto surge como ego (pseudo-sujeto respecto de otros objetos).

  4. Los sentidos y sus objetos crean experiencias como aceptables y no aceptables, placer y sufrimiento, y todos sus demás opuestos interrelacionados, para el ego.

  5. En cierto punto de la totalidad del funcionamiento, la evolución crea en algunos mecanismos cuerpo-mente una tenue luz para descubrir nuestra verdadera naturaleza: comienza la autoindagación.

  6. Surge el desapasionamiento y la desidentificación con la relación sentido-objeto y gradualmente se consolida en una más profunda autoindagación.

  7. La conciencia personal comprende el error de identificarse con el objeto como el pseudosujeto y despierta a su verdadera naturaleza de universalidad... Iluminación.


La apariencia en la conciencia

(Una carta de la Conciencia a la conciencia)


28 de abril de 1988

La totalidad de la manifestación es una apariencia en la Conciencia, como un sueño. Su funcionamiento es un proceso impersonal y generado por sí mismo en lo fenoménico; los billones de seres sensibles son simplemente los instrumentos (personajes soñados sin ningún tipo de voluntad) por medio de los cuales tiene lugar dicho proceso impersonal. Percibir claramente esta Verdad implica darse cuenta de la irrelevancia del ser humano individual como buscador y, por lo tanto, de la iluminación.

Todo lo que existe es la Conciencia. Cada acontecimiento, pensamiento y sentimiento concerniente a cualquier individuo es un movimiento en la Conciencia, producido por la Conciencia. Si todo es agua, no hay ninguna pregunta de una gota de agua buscando el estado o condición del agua, es decir, ¡unirse con el agua!

Dices que entrar ahora en el Yo soy prácticamente se hace sin esfuerzo y dura periodos largos”. Lo que realmente sucede es que el Yo soy es el estado normal y en estos momentos los movimientos de la mente-intelecto fuera de ese estado normal son pocos. Eso sólo te parece que es una “entrada al Yo soy”. Darse cuenta de este importante aunque sutil hecho posibilitará el atestiuar cómo ocurren los movimientos de la mente-intelecto, que ocultan temporalmente el estado normal de Yo soy. Esto es tan simple como cambiar las velocidades de un automóvil de alta velocidad a baja cuando el tráfico lo amerita. Pero lo más importante es que tal comprensión elimina el temor al ego ya que el ego, o la identificación con el cuerpo, es necesario porque las acciones tienen lugar por medio del cuerpo, aunque ese cuerpo sea de un jñani. En otras palabras, sea Nisargadatta Maharaj o Ramana Maharshi, la identificación con el cuerpo continúa tanto como éste viva, aunque tal identificación no implica el sentido de un hacedor separado. Sea Maharaj o Ramana Maharshi, respondían cuando eran llamados, pero el mecanismo cuerpo-mente era visto como un objeto cualquiera de la manifestación.

La cita que haces de Yo soy Eso (“Todos estos sufrimientos son creación del hombre y está en su poder ponerles fin”)* es sumamente interesante como un ejemplo de la limitación de a) el lenguaje, b) la traducción y c) la comprensión y capacidad del quien preguntaba para seguir el punto.

Francamente, Nisargadatta Maharaj no tenía (como a menudo él mismo admitió abiertamente) la resistencia física y la paciencia para explicar cada punto en detalle. Sé también que algunas veces rehusó deliberadamente dar una explicación detallada porque no le gustaba dar de comer en la boca al discípulo. Recuerdo una ocasión cuando traduje de una manera muy precisa algo críptico que Maharaj había dicho. Una señora que asistía con regularidad quería una explicación y me miró interrogantemente. Casi como por reflejo abrí la boca para responderle, pero Maharaj casi gritó “no”. Él esperaba que la señora (quien poseía un doctorado en filosofía hindú) lo resolviera por sí misma.


* Sri Nisargadatta Maharaj, Yo soy Eso, Editorial Sirio, Madrid, 1988.

Si el visitante en cuestión había sopesado el punto (¿cómo pueden los sufrimientos ser creados por el hombre siendo que éste no existe sino como un objeto, una pequeña parte de la manifestación total, y cómo puede estar dentro de las posibilidades humanas el terminarlos?) probablemente recibiría una mirada de reconocimiento por parte de Maharaj, y éste quizá podría haber explicado que los sufrimientos son creados por el hombre y existen sólo porque la mente-intelecto se identifica a sí misma con ellos y que el hombre tiene el poder para ponerles fin en el sentido de que cuando la apercepción ocurre y se reconoce que los placeres y miserias son simples movimientos en la Conciencia, ahí surge una disociación de los sufrimientos que les pone fin. El punto más sutil, por supuesto, es que el surgimiento de los sufrimientos a través de la identificación y el fin de los mismos gracias a la desidentificación, son ambos parte del funcionamiento impersonal de la Totalidad. Y, por lo tanto, el engaño de la identificación y su eliminación por medio de la apercepción y la comprensión no pueden estar en manos de cualquier individuo que por sí mismo es una ilusión carente de cualquier tipo de voluntad.

Entonces surge la pregunta: “¿Qué hay que hacer?” Ésta sólo puede ser respondida con una pregunta contraria: “¿Hacer quién?”! Todo lo que existe es la Conciencia, y el “ser humano” es sólo un objeto en la inconcebiblemente fantástica manifestación y su funcionamiento impersonal generado por sí misma. Si lo único que existe es la manifestación impersonal y su funcionamiento autogenerado, el único y simple hecho por considerar es que el ser humano como una entidad separada es simplemente un concepto, una ilusión. Y un concepto o una ilusión no es posible que tenga ningún deber o responsabilidad, culpa o remordimiento por el cual sufrir, precisamente como el personaje de un sueño cuyos “actos” sólo podemos observar, pero nunca intervenir en ellos. Tal aceptación es equivalente a un tremendo sentimiento de alivio o libertad que a menudo es descrito erróneamente como felicidad o amor, dando pie a numerosos malentendidos. Pero de cualquier forma que sea descrita o etiquetada (algo innecesario totalmente), la Verdad suprema no es un objeto que pueda ser alcanzado por el ilusorio ser humano mediante algún tipo de esfuerzo ilusorio.

 

Ésta es una de las cartas escritas por Ramesh S. Balsekar a uno de sus muchos discípulos estudiantes de Vedanta, un buen número de las cuales forman su libro De la Conciencia a la Conciencia (Editorial Yug). Ramesh Balsekar fue quien preservó, difundió e interpretó para los occidentales (principalmente) la luz que Nisargadatta dio a nuestra conocimiento y relación con la Totalidad, la Conciencia, la Verdad o como llamemos a eso que éramos antes de ser nada. Los puntos centrales de la enseñanza de Sri Nisargadatta fueron explicados por Balsekar, entre otras obras, en El buscador es lo buscado (Editorial Yug), Habla la consciencia (Editorial Kairós) y La sabiduría de la Conciencia (Editorial Gulaab) .



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