REFLEXIONES DE UN BUSCADOR
Azul claroscuro
Ma. Eugenia Rico Vázquez
Miércoles madrugada (noche día), el cielo está tranquilo. De un tono azul claroscuro (nuevo término personal) me da la sensación de que ese megamanto no está aún totalmente despierto: está aún somnoliento y haciéndose cómplice del bien y del mal, de lo tierno y de la brutalidad, de los sueños fortificantes y de las pesadillas, de los amores y de los desamores, de la compañía y de la soledad, del frío y del calor, de la saciedad y la necesidad, de la sonrisa y de la lágrima, del abrazo y de la distancia, del recuerdo y del olvido, del beso y de la indiferencia, del dolor y la felicidad, del huracán y de la quietud.
Guardando al cobijo de esos cuerpos juntos, unidos al amor, cobija también al mal: ofreciendo su complicidad al delincuente de cualquier ralea que intrincándose en su sombra la aprovechan para realizar su “hazaña”, que tantas lágrimas ha costado a la humanidad... violaciones, secuestros, vejaciones, robos, burlas, y la insana, inhumana (¿o humana?) maldad que estos seres reparten en forma gratuita sin respetar nada y a nadie.
Este mismo cielo... el megamanto del cual hablo, es compañero de la soledad de quien vela un cuerpo muerto, de quien cuida un enfermo, de quien espera a su hijo y no dormirá hasta que esté ahi, al alcance de sus ojos,... de quien acompaña su mente con una esperanza, de quien arrulla a un niño, de quien espera una ilusión, una fantasía que llegará, se cristalizará... y disfrutará con alguien especial a su mente y corazón.
Cómplice también de parejas, unas amándose, otras protegiéndose, unas cobijándose, otras consolándose, otras odiándose, unas ignorándose, otras queriéndose, unas deseándose, otras aferrándose, unas necesitándose, otras ilusionándose, unas encontrándose, otras reencontrándose, otras engañándose. Acogiéndose también a este cobijo, en forma individual, quienes por propia decisión no les interesa pareja.
Unos consintiéndose, otros relajándose, cuidándose, proyectándose, orando, amándose, conociéndose, concientizándose, soñándose, esperanzándose, viviéndose, premiándose,con una buena lectura, cultivándose, abrazando un presente, un futuro, valorándose, teniéndose, comprendiéndose, enorgulleciéndose, por tenerse a uno mismo de compañía... va: para hombre y/o mujer...
¡Complicidad positiva! O para esperar que llegue la noche... para sufrirlo o para soportarlo, o para disfrutarlo.
Otros seres que están solos, como personas mayores... y de cualquier edad... ya que si hubo hijos éstos le rindieron culto a la ingratitud olvidándose de ese amado ser, tal vez porque no hubo ya, materialmente hablando, “qué darles”, qué entregarles a los amados hijos... puede ser también que éstos se hayan dejado manipular por seres de mente y corazón enfermos de odio, envidia y maldad... o tal vez la vida les quitó a su pareja y se quedaron solos.
Dondequiera que nos encontremos, por ahí... en un hogar confortable, en un cuarto modesto, en una suntuosa mansión... bajo un puente, en un asilo, en la banca de un parque, en un lujoso hotel, en un sórdido cuarto de vecindad, en una suite, en una choza primitiva, en una barraca... ¡hasta ahí nos iluminará esa luz!
No a todos nos agrada ese momento en que el megamanto azul claroscuro se extiende en lo alto... No, ya que su alma y sentir desean que transcurra ya, pronto, para que se lleve su tristeza, para que se borren sus pesadillas, para que amortigüe su dolor, para no continuar humedeciendo su rostro y su almohada una lágrima más, para que el cadáver de un ser querido descanse “allá”, para ver el milagro de la luz, del nuevo día...y para seguir creyendo que con él... con el día, se desvanecerá, terminará... para sentir, sólo sentir, creer, sólo creer, que no existió esa experiencia.
Esperar que el megamanto azul claroscuro multicitado se vaya esfumando... esperar... y, haciéndonos cómplices de su complicidad positiva para disfrutarlo o para sufrirlo, esperar a que se vaya esfumando, desapareciéndose, transformándose... ese azul claroscuro en color día, color día... amarillo, anaranjado, amarillo y blanco... juntos forman el color día.
El mirar el megamanto provocó en mí esta reflexión, en mi espíritu libre, este cielo intocable, generoso unas veces, salvaje... y otras, tierno, cobija las mentes, cobija los cuerpos de esos seres donde se encuentren... y donde se encuentran los sentimientos humanos, a flor de piel, de sentimientos deseados y vividos... otros, de vividos y no deseados... ¡pero sí de un peso pesado en contenido emocional!
Bienvenido el momento de extenderse ese maravilloso megamanto azul claroscuro y bienvenido el color día, ambos tan majestuosos y democráticos... se regalan a todos los seres del mundo... benditos sean, todos los seres del mundo.
|