Los pergaminos de la abundancia
Cinco preguntas a Crystal Pomeroy
La historia que estás por comenzar es una historia de amor y de poder, pero no es lo que normalmente esperarías de una historia sobre estos temas. Para empezar, es una historia verdadera, una de las historias más verdaderas que jamás leerás porque se basa en una Verdad que está más allá de los hechos objetivos, una Verdad que cuando accedas a ella, será capaz de modificar esos hechos…
Así comienza el libro Los pergaminos de la abundancia* de Crystal Pomeroy, un texto muy interesante que apunta a convertirse en un clásico. Crystal es una mujer entregada en cuerpo y alma al servicio amoroso hacia sus semejantes, lo mismo participa en un congreso en un hotel cinco estrellas de California que en una reunión en una casa sencilla con las madres solteras de Tepito; a veces ofreciendo su punto de vista en medios de comunicación y otras en apoyo de alguna comunidad indígena necesitada de luz. Considerada una de las maestras de metafísica más importantes de nuestros tiempos, formadora de facilitadores espirituales y asesora de organizaciones, Crystal predica de la manera más sencilla aunque la más difícil: el ejemplo.
El Buscador: ¿Por qué llamar pergaminos de la abundancia a un libro? ¿Por qué no el libro de la abundancia?
Crystal: La palabra pergaminos alude a secretos guardados desde la antigüedad. Los pergaminos, en este libro, son uno de varios documentos transformadores, cuya ciencia alquímica está basada en principios milenarios, documentos que cada persona puede generar para abrir sus puertas hacia el éxito y la abundancia de manera sorprendente.
Y sí, desde tiempos pretéritos, siglos antes de la era cristiana, se escribía la historia en los pergaminos, la literatura pero, sobre todo, los textos sagrados. A los pergaminos se les asocia con la sabiduría ancestral, con los rollos de Qumrán, con los tratados alquímicos y el esoterismo de Merlín. Hoy, en el siglo XXI, los pergaminos son símbolo. Por ello, Los pergaminos de la abundancia –cuya elaboración tardó casi cinco años- no se encontrarán en un jarrón perdido en alguna cueva de cualquier ciudad mítica cercana al mar muerto, pero sus enseñanzas, la profundidad milenaria de su esencia pretenden –afirma la autora- tocar el corazón de quien se atreva a la transformación interior y a la riqueza financiera, a la abundancia en conciencia, a la opulencia de éxito y a la abundancia en espíritu.
He conocido personas que al utilizar tu método, el de los pergaminos, han obtenido resultados –me atrevo a decir– sorprendentes. A qué lo atribuyes, yo podría especular en efectos de sugestión, quizá a la casualidad.
Desde el momento que te aplicas con el pergamino o con recursos compatibles, las circunstancias futuras empiezan a organizarse de otra manera. Nuestra percepción no sólo capta información, sino que crea de manera incesante. Por eso, en un mismo laboratorio, las partículas subatómicas se comportan de manera variada según el científico que las observe. Aplicarte con el pergamino es potenciar el don del albedrío, ejerciendo tu percepción creadora para recibir sólo lo mejor y lo más alto que pudiera estar sobre tu camino. Los testimonios que mencionas abundan: sinnúmero de personas que han participado en mis cursos y seminarios han realizado proyectos y propósitos de manera milagrosa, gracias a los principios de lo que es nada más y nada menos que una ciencia espiritual.
¿Qué puede esperar una persona que aplique los fundamentos que expones en tu libro?
Quien realmente los aplique sean las que sean sus inclinaciones de credo conocerá una vida nueva, interior y exterior.
En Los pergaminos ofreces un centenar de decretos originales como este: “Vuelan hacia mí múltiples cheques, billetes y otros instrumentos monetarios, diseñados para cubrir mis necesidades y colmarme de abundancia según el amoroso plan divino. Lo veo, lo creo y lo recibo ahora”. ¿Cómo puede un decreto hacerme creer (en este caso la prosperidad económica) lo que toda una vida me ha resultado difícil siquiera imaginar?
Existen oraciones de tipo eléctrico y otras de tipo magnético. Por ejemplo, las primeras transmutan las creencias limitadas, rechazando lo indeseable, y las segundas activan nuestra receptividad al bien que nos está llegando. No es aconsejable tratar de forzarse a creer algo, sino buscar el tipo de oración que nos permite sintonizarnos con la Verdad Superior. El libro ofrece múltiples y variados ejemplos.
Una pregunta que quizá parezca ociosa: ¿no es contradictorio hablar de lo espiritual, que se considera ausente de atesorar cosas materiales, y al mismo tiempo buscar la riqueza del mundo?
La única abundancia eterna es la espiritual, por lo que en el libro, antes de tratar otras metas, dedico un capítulo entero a las claves para consolidar tales objetivos según las preferencias del lector: para alcanzar la iluminación, mejorar la disciplina y resultados de la oración, lograr una conciencia de agradecimiento y amor incondicional entre muchas otras posibilidades del espíritu. Pensemos en un verdadero maestro, como lo era Jesús. Él desaconsejaba la acumulación material, pero la victoria fue suya en relación con la materia. Obró milagros de provisión: multiplicando peces y panes, convirtiendo el agua en vino y hasta extrayendo dinero de la boca de un pez para pagar impuestos. Había hecho sus depósitos en la cuenta de la conciencia superior, de la que podía disponer en cualquier momento. La abundancia, al igual que la sanación y otros milagros, no es producto de amasar, ni siquiera de obtener, sino de vibrar en una mentalidad elevada y así introducirnos en el flujo de la circulación divina. Este proceso nos lleva a un cambio profundo, la vida se vuelve más espiritual. Hoy en día mucha gente desea superar la perspectiva dualista que indica que el Poder Superior sólo envía bendiciones espirituales, como si éstas estuvieran separadas del resto del Ser. La espiritualidad se vuelve una manera de acercarnos al bien y al amor, lo que bendice todas las áreas de nuestra vida.
La maestra sonríe y mira su reloj, está invitada a una entrevista en radio y su idiosincrasia anglosajona la obliga a la puntualidad. No me resta más que devolverle la sonrisa y volver a leer su libro, esta vez desde una perspectiva diferente. Le agradezco su tiempo y sus reflexiones; ella se pone de pie y también agradece. Antes de abrir la puerta pronuncia una frase que podemos escuchar seguido, pero que en sus labios parece cobrar frescura y poder: “Dios te bendice”.
* Publicado por Milenio Crystofer ediciones, México, 2006. |