Mis razones para amar el Bhagavad Gita
Jack Hawley
?Qué hay detrás de mi amor de veinticinco años hacia el así llamado gran don de la India a la humanidad?
Veinticinco años atrás, en el calor del verano de la meseta del Decán, mi esposa y yo nos detuvimos en una casa de huéspedes. Ansioso por encontrar algo que leer, hojeé un Bhagavad Gita maltratado, hasta que llegué al capítulo siete. Krishna, la representación de la Divinidad, describe la verdadera naturaleza de Dios. Cautivado, comencé a leer en voz alta a mi esposa, explicándole que era Dios quien hablaba:
Yo soy Conciencia Pura, la esencia subyacente en todos los elementos y seres.
Yo soy la naturaleza innata de todas las cosas.
Yo soy el sabor dulce del agua pura.
Yo soy el brillo del sol y de la luna.
Yo vivo como la virilidad y el valor en el corazón de los seres humanos.
Yo soy la sagrada sílaba Om, que es un nombre de lo Divino, y soy su sonido que se escucha a través del universo.
Yo soy la esencia sutil y delicada, la dulce fragancia de la tierra.
Yo soy la luz tanto del sol como del fuego y soy la luz de la Divinidad en todos los seres.
Yo soy el espíritu sutil en las prácticas espirituales a las cuales deben su existencia el amor en el devoto, la austeridad en el asceta, el dulce sentido de la caridad en el donante.
Y así continuaba durante numerosos capítulos, pero en ese momento yo me había enamorado de pies a cabeza de este texto maravilloso. Estábamos comenzando a entender por qué este poema magistral que cabe en libros de un centímetro de ancho acerca de la vida, la muerte y el deber es llamado frecuentemente el más grande don de la India a la humanidad.
Los orígenes del Gita se remontan a ocho mil años, cuando la gente que estaba construyendo culturas sofisticadas en los valles de los ríos se embarcó en un diferente y sorprendente acercamiento hacia el aprendizaje. Como ellos trataban de comprender su mundo –-no hay duda que les confundía tanto como el mundo actual a nosotros–, descubrieron nuevas e importantes formas de comprensión. En lugar de mirar hacia fuera de sí mismos en busca de respuestas, un pequeño número de estos incipientes científicos se volvieron hacia su interior.
Así, la humanidad comenzó, en aquellos eones atrás, a explorar metódicamente la conciencia. Los métodos que desarrollaron no fueron una mera copia de un mundo cruel sino para vivir en un raro nivel de conciencia que incluye felicidad casi ininterrumpida. Nacieron entonces los principios de atma (una versión de “alma”), reencarnación, dharma, karma, meditación y serenidad. ?stas son las ideas que emparentan hinduismo, budismo, jainismo y taoísmo, y que influyeron en muchos otros sistemas de iluminación.
El Bhagavad Gita (“Canción celestial”) es el texto espiritual más completo procedente de esa época. Guardado en el centro de un poema magistral, el Mahabharata (“Gran país”), acerca de las alturas y los abismos del alma humana, nos proporciona una visión continua e ininterrumpida que se remonta dentro de las mentes y corazones de los hombres y las mujeres que vivían en aquellos tiempos primordiales. Eso provee quizá la más completa explicación de las más antiguas formulaciones espirituales de la humanidad, y vive todavía como un faro textual que guía la vida diaria de cientos de millones de almas humanas.
Ahora, en mi pequeña habitación una generación después, habiendo investigado y escrito cuatro libros acerca del Gita, me pregunto cómo expresar de mejor manera el significado real de esta gran obra. El único camino verdadero para conducir a la gente a la esencia de los dones espirituales del Gita es no tratar de analizarlo y mucho menos codificarlo; hablar acerca de la épica no transmite su profundidad épica. En lugar de eso, los antiguos sabios junto conmigo susurramos la respuesta: “Comparte tu amor”.
El Bhagavad Gita comienza con una guerra inminente. Afligido ante la perspectiva de luchar contra un ejército donde se encuentran sus maestros, parientes y amigos, el guerrero Arjuna se rehúsa a pelear. El dios Vishnú, encarnado como el cochero Krishna, le dice a Arjuna que debe cumplir con su destino como un guerrero: el alma es indestructible y Arjuna debe pelear sin apego o aversión ante el resultado.
Amo la bondad básica del Gita, y cómo me lleva más allá de solamente tratar de ser una buena persona hasta llegar a mi propia Divinidad interior. Amo que me suministre página tras página los medios para inspirar esa bondad suma en mí. Y amo cómo me recuerda continuamente qué hacer.
Amo su ultrahonestidad acerca de la religión y las nociones de cielo e infierno, muerte y vida. Amo cómo el Gita vive en los espacios abiertos más allá del dogma religioso, e incluso su reverencia por las enseñanzas escriturales de todas las creencias.
Amo la insistencia absoluta del Gita sobre la verdad, y cuán inexorable es que nosotros sigamos nuestra propia naturaleza básica y vivamos una vida dhármica, que es vivir conscientes de nuestra propia verdad interna, una vida entera de hacer lo correcto. Amo cómo no hace la más mínima concesión en esto, y no toma ninguna excusa cuando la verdad está comprometida.
Amo su definición de pecado: no malos actos, sino acciones que nos hacen desviarnos del camino espiritual, lejos de nuestra propia naturaleza divina.
También amo que explique cuidadosamente lo que son el cielo y el infierno, y lo que no son. Y amo que el Gita me recuerde que puedo crear el cielo aquí en la tierra si lo deseo. Amo su insistencia en que debemos amar a todos, ?sin ninguna excepción!
Amo la forma en que el Gita es tan claro acerca de cómo debemos vivir con las consecuencias de nuestras acciones, pero sin alusión de castigo. Amo cómo eso no excusa ni pasa por alto nuestro lado oscuro, incluso sin detenerse allí, destacando en cambio el lado luminoso de la humanidad. En efecto, el sánscrito, el preciso idioma espiritual del Gita, no tiene una palabra para condena.
Amo mi propia tranquilidad interna cada vez que participo de las enseñanzas del Gita. Amo cómo mi ira ha sido eliminada considerablemente y cómo las agitaciones mundanas son en gran parte cosas del pasado para mí.
Amo las enseñanzas del Gita sobre la aceptación, no mera conformidad, sino aceptación como un estado de la mente y una forma de ser, una receptividad tan elevada que la propia vida siempre se eleva cuando es tocada por su magia. Esta aceptación es la más radiante faceta del amor, así de omniabarcante es la verdadera esencia de la entrega espiritual. Cuando mi esposa sufrió un derrame cerebral en la India, nos sentíamos imbuidos de tan fuerte ánimo de aceptación que estábamos convencidos de que estar en esa zona mental era lo que podía sacarla del proceso.
Ciertamente amo la felicidad en el Gita, y aprecio totalmente su explicación cuidadosa de cómo alcanzar la verdadera felicidad. Aprecio también que exponga lo que no es la felicidad, y que sea tan claro acerca de los obstáculos en el camino de la felicidad duradera.
Amo que las verdades del Gita, aunque declaradas de diferentes maneras en diversos momentos por diferentes pueblos del mundo, han sido conocidas por la humanidad durante milenios, y que todas las religiones elevadas y los sistemas filosóficos están casi en completo acuerdo con estas verdades básicas.
No sólo amo su aclaración directa de lo que realmente es Dios, sino también lo que yo soy realmente. Se siente un profundo escalofrío interior porque estas dos descripciones suenan muy parecidas.
Amo el hecho de que las verdades dadas en el Gita han sido probadas y purificadas a lo largo de muchos siglos. Eso hace que me sienta humilde y alegre porque estas antiguas ideas, contenidas en uno de los más viejos testimonios de la humanidad (los Vedas), preceden todas las demás enseñanzas conocidas en el mundo actual; ellas han pasado las severas pruebas de incontables siglos.
Amo que nos enseñe a devolver amor por odio.
Amo el amor absoluto en el Gita, y la adoración total que satura sus páginas. Amo su énfasis directo en experimentar devoción hacia un Dios amoroso.
Amo que la Divinidad descrita en el Gita sea amorosa, gentil, y no castigadora.
Amo que el Gita explique con precisión cómo funciona realmente el mundo y cómo funciona realmente mi vida –y cómo puedo vivir una vida verdaderamente feliz e incluso morir feliz.
Amo la extravagancia del Gita, su audacia trascendental, que ante las actuales convicciones universales hacia el enemigo, insiste en que el sufrimiento humano puede ser superado. (Esto es cuestión de situarse más allá de la simple felicidad).
Amo cómo el Gita mira la muerte (y la vida) de frente a los ojos, y no solamente da métodos directos para vencer nuestro miedo a la muerte, sino para triunfar ?sobre la propia muerte! (El secreto: ubicarse totalmente más allá del penoso ciclo de nacimiento y muerte).
Amo el énfasis en el Gita en ir más allá: más allá de todos nuestros niveles de comprensión, más allá de todo lo que vemos y sentimos en el mundo. Amo que nos lleve más allá y por encima de nuestra arrogante naturaleza; incluso más allá, como he mencionado, hasta la Divinidad dentro de nosotros. Amo cómo me muestra una y otra vez que soy todo el poder y la gloria del universo, y cómo esto es así es para todos.
Amo el énfasis del Gita en la aplicación, su insistencia de que pongamos sus enseñanzas en práctica en nuestra vida diaria. “Teoría y fantasía no tienen lugar en la verdadera espiritualidad”, dice el Gita.
Amo el Gita porque explica el significado de la declaración mística Om tat sat [Eso eres tú, es decir, tú eres el Absoluto]. Esta antigua frase es pronunciada como un eco ya que al principio del tiempo la Divinidad se proyectó primero como sonido. Cada palabra representa la Conciencia Suprema, la fuente de la cual todo procede. Pronunciada por gente de conocimiento cada vez que realiza actividades espirituales, Om tat sat concede un matiz sagrado y bendito a sus acciones, sirviendo como un recordatorio de que el acto por realizar es noble y conduce a la autorrealización. Invocando esta declaración, nos dicen los sabios, purificamos nuestros propios actos y también reformamos el mundo.
Amo el Gita por su profundidad y amplitud y, sobre todo, por su elevación. Lo amo por su honestidad y humanidad, por su gentileza y devoción amorosa. Amo cómo hace espacio para todos. Amo cómo dice todo esto tan directamente.
Jack Hawley, doctor en filosofía, vive, estudia y enseña la mitad del año en un ashram en el sur de la India rural, donde los valores del Gita están muy vivos. Cuando no está en ese lugar, brinda estas ideas a líderes y organizaciones en Occidente. Sus libros incluyen el clásico Bhagavad Gita: un ensayo para occidentales; Redespertando el espíritu en el trabajo: el poder de la gerencia dhármica, Mapas de carreteras para la autorrealización y Sabiduría esencial del Bhagavad Gita. Su website es GitaWalkthrough.com y su e-mail es jackhawley@yahoo.com
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