El mejor alimento:
Buenas razones para consumir alfalfa
Laura Garcés
La influencia color esmeralda de la naturaleza no sería aprovechada del todo sin la influencia poderosa del amor a nosotros mismos, porque si bien las frutas, verduras y hierbas que nos brinda su extenso jardín son motivo de bellas e innumerables alternativas para nuestra salud y bienestar, su magia realmente parece comenzar a ocurrir de forma más íntima en el momento en que empezamos a considerar las maravillas que éstas pueden lograr en nosotros no sólo a nivel físico sino a niveles mental y emocional, que influyen en nuestra actitud y ánimo por disfrutar la vida.
La naturaleza es capaz de transformar y vitalizar sustancias “inanimadas” en células vivas y tejidos. Este proceso es posible gracias a las enzimas y a la luz solar que generan la clorofila , pigmento verde en los vegetales que fija la luz solar y que está conformada por una red de átomos de hidrógeno, carbono, nitrógeno y oxígeno, componentes similares a los de la hemoglobina en la sangre. Todos los vegetales verdes contienen clorofila, pero entre éstos destaca la alfalfa gracias a sus muchas propiedades.
Ésta es un alimento vital por no sólo por la clorofila, que contiene la aportación de átomos indispensables en la sangre, sino porque además aporta cantidades considerables de vitaminas D, A, E y K, así como la proteasa, enzima encargada de digerir las proteínas, la lipasa, que disuelve las grasas, y la invertasa, enzima que actúa sobre los niveles de azúcar. Aporta además cantidades de calcio, fósforo, potasio, sodio y magnesio, los cuales son importantes minerales necesarios para el adecuado funcionamiento del cuerpo.
Por ser un alimento rico en enzimas, que son el principio de la energía debido a su función catalizadora en el cuerpo, la alfalfa es de gran ayuda para fortalecer el sistema inmunológico y mantener y regenerar las células, para el corazón, el hígado, los pulmones, los riñones, el colon, la sangre, etc, ya que además de su efecto estimulante para el crecimiento de tejidos conectivos, es restaurador y depurador.
UN CAMPO FRESCO PARA EL ESTÓMAGO
Un alimento que se cocina pierde sus enzimas, muchas de sus vitaminas y gran cantidad de agua, convirtiéndose en un alimento sólido con débil aportación nutritiva. La alfalfa, además de todas las mencionadas propiedades, aporta gran cantidad de líquidos ricos en vitaminas y enzimas los cuales ayudan a transportar nutrientes y la fibra tan necesaria para la digestión. Ayuda además a “suavizar” y a digerir los alimentos pesados (por su gran cantidad de proteínas), o aquellos alimentos que por su exceso de cocción forman un denso engrudo en el estómago y son difíciles para el proceso digestivo. El consumo de alfalfa en su estado crudo, ya sea en licuados, ensaladas, aguas, jugos, etcétera (preferentemente sin endulzar), ayuda a desalojar los desechos tóxicos en todo el organismo, depura y ayuda a limpiar sobre todo el sistema digestivo y, al estar el estómago y los intestinos más limpios, ligeros y frescos (menos calientes por la fermentación que ocurre al consumir alimentos mal combinados, demasiado azucarados, etcétera), hay menos propensión a la incubación de gérmenes, parásitos y microbios y, por lo tanto, baja la propensión a adquirir infecciones, contagios y enfermedades de todo tipo. Y si bien se dice que la salud comienza con una óptima digestión, la alfalfa es un buen alimento para comenzar las comidas y empezar a valorar la importancia de una alimentación que realmente nutra y le hable a nuestro organismo del respeto que sentimos por su incansable servicio. La alfalfa es además un gran auxiliar para abandonar adicciones al tabaco, la cafeína, el alcohol, muy recomendada para madres que amamantan y adecuada para el mal aliento provocado por la fermentación intestinal.
Cuando el estómago funciona bien, todos los demás órganos vitales se equilibran, por eso es importante considerar lo que ingerimos y, así, acompañar a la alfalfa con otras verduras crudas, como lechuga, espinaca, brócoli, soya, etc., sobre todo cuando el consumo de proteínas animales es alto, ya que un exceso proteínico además de causar acumulación de ácido úrico y urea, provoca deficiencia de vitaminas, problemas renales, artritis y una considerable baja de energía manifestada en somnolencia, desgano, depresión, malhumor, etcétera. Hay que recordar que el organismo no tiene ninguna necesidad de comer carne animal para obtener proteínas, bien las verduras, semillas y frutas pueden aportarlas, potenciando el efecto estimulante y depurador de la alfalfa.
Podemos encontrar este vigorizante vegetal en muchas formas, en algunos complementos y suplementos alimenticios que se ofrecen en el mercado,* además de encontrarlo fácilmente en los supermercados en forma de germinado, lo cual añade las enormes cualidades nutritivas que aportan todos los germinados, y la facilidad de prepararlo en frescas ensaladas y jugos como un buen aperitivo.
Poner atención a lo que comemos no sólo nos ayudará a gozar un cuerpo saludable, sino que también podemos empezar por la boca a observar que muchos de nuestros estados emocionales tienen que ver con lo que comemos y con los efectos químicos que dentro de nosotros suceden debido al alimento y la forma en que lo consumimos, pues recuerden, antes del “buen provecho”, el antiguo refrán “el hombre es lo que come”.
SUGERENCIA DE CONSUMO
En jugo:
Un vaso de jugo de naranja.
Un pedacito de piña (o una guayaba).
Una taza de germinado de alfalfa.
Miel al gusto.
Licúe todo y sirva como primer alimento por la mañana. Saboréelo “masticándolo”, sintiendo su textura. Esperar 20 minutos antes de consumir cualquier otro alimento.
Bibliografía:
Nutrición conciente, Laura Urbina, edición de la autora.
La naturaleza tiene el remedio, Dr. Bernard Jensen, Editorial Yug.
* Entre éstos se hallan los llamados “verdes de alfalfa”, jugo de la hierba atomizado, es decir, convertido en polvo, inmediatamente después de extraído de la planta fresca. Estas presentaciones subsanan el problema de que al no tener nosotros cuatro estómagos como la vaca, la hoja de alfalfa puede sernos difícil de procesar. Los hay de muy buena calidad. Sus componentes en perfecto equilibrio son de fácil asimilación y compensan los déficits de la alimentación moderna.
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