Teoría de la complejidad
Enrique Arias Valencia
La vida es un juego de azar.
Voltaire
¿Es el orden el que genera el caos o es el caos el que genera el orden? ¿No son ambos creaciones de nuestra mente, las cuales proyectamos hacia el mundo externo? Y entonces exclamamos: “Aquí está el orden del mundo. Hemos comprendido su estructura, y ahora podemos explicarlo”. La teoría de la complejidad es una teoría matemática que se aplica a los sistemas no lineales, y como nuestro mundo no es un sistema lineal, parece que esta teoría explica de manera maravillosa la naturaleza. Como antecedente diremos que ya algunos pensadores habían planteado que el caos es azar, y el juguetón Voltaire sostuvo que “Azar es una palabra vacía de sentido; nada puede existir sin causa”. Por lo tanto, llamamos azar a aquello cuya causa desconocemos. La teoría de la complejidad sostiene que en última instancia, la causa de todo está en la mente del observador de los fenómenos de la naturaleza.
LA DIGNIDAD DEL CAOS
Dijo el rey Federico El Grande que “su majestad el azar nos hace tres cuartos de la tarea”. La teoría de la complejidad tiene implicaciones ambientales, biológicas, sociales, económicas, y políticas. Y en vista de que el conocimiento es poder, esta teoría es ya una poderosa herramienta para enfrentar los desafíos científicos y éticos del siglo XXI.
Hay en el mundo un cambio climático que asusta. Los recientes huracanes son un ejemplo. ¿Puede la ciencia hacer algo? En primer lugar, ahora hay algunos científicos que dicen que el mundo nos afecta conforme a nuestra disposición frente a él, por lo que la versión corriente de la ciencia sobre las relaciones sujeto-objeto comienzan a desvanecerse. Ahora el científico se parece a un monje budista que sabe que el mundo existe en cuanto lo observa, y la serie de sentidos del cuerpo, la vista, el oído, el gusto, etc., es completada por el sentido de la mente. Por eso, es la conciencia de la hormiga la que genera la armonía de la colonia, y sin embargo, la colonia es una mente superior distinta de la hormiga. En el campo social, la teoría de la complejidad nos permite entender mejor los comportamientos desordenados en los estadios y otros lugares donde se reúne mucha gente, como las discotecas, el metro y los mítines políticos.
¿Quién no quisiera conocer las mejores operaciones de la bolsa? ¿Cómo podríamos disciplinar los vaivenes del caprichoso dólar? Y finalmente, ¿hay manera de elegir al mejor presidente entre un grupo de candidatos?
La ciencia había definido al caos como la conducta de un sistema complejo que aparece como impredecible y por lo tanto, desordenado. Sin embargo, la teoría de la complejidad nos propone ahora que en realidad, el caos tiene un patrón subyacente, el cual es muy complejo; de ahí el nombre de esta nueva ciencia.
LA DIGNIDAD DEL ORDEN
El esoterismo niega el objeto. La teoría de la complejidad también llega a un punto en el que niega el objeto. El observador crea la realidad. Las relaciones sujeto-objeto quedan en entredicho. Para la ciencia, la realidad tiene niveles. En uno de ellos, el observador no niega al objeto, pero sí descubre que él lo condiciona. La realidad se forma de acuerdo con lo que le dicta el observador. Por ejemplo, las partículas subatómicas se comportan de acuerdo con nuestros objetivos. No podemos saber al mismo tiempo la posición y la velocidad de un electrón. Entonces queremos saber su velocidad, y he aquí que el electrón dócilmente se moverá a la velocidad que queramos. Si queremos poner al electrón en algún lugar, entonces nos desentendemos de su velocidad, y movemos a la partícula hasta la posición deseada. Con un poco de práctica subatómica lograremos la fusión: el sujeto es el objeto y viceversa. Y después llegamos así al último nivel: no hay objeto, no hay electrón, lo único que hay es un observador conciente de la realidad.
ORDEN Y CAOS
Vimos que la teoría de la complejidad tiene implicaciones ecológicas. Veamos algunas. ¿No está enfermo nuestro planeta? Dice Voltaire que el arte de la medicina consiste en entretener al paciente mientras la naturaleza cura la enfermedad. Por eso, para curar a la naturaleza debemos entretenerla mientras ella misma se cura. Si nosotros salimos de vacaciones, ¿no tiene también derecho la Tierra de descansar de vez en cuando? Si dedicamos un tiempo para meditar en el campo o en la ciudad en vez de explotar la Tierra desmesuradamente, ella nos lo agradecerá.
CAOS Y ORDEN
Concluyendo, el observador puede influir en la realidad tanto como desee. Cuando conocemos con esmero un aspecto aparentemente caótico del mundo, no podemos sino sorprendernos por su naturalidad. La naturaleza se ofrece entonces como un reconfortante sitio de meditación, porque sólo hay una naturaleza: la de la mente reposada del observador.
Hay físicos que plantean que el universo entero está contenido en una taza de té que a su vez está contenida en otro universo que está dentro de otra taza de té y así al infinito. Por lo tanto, un átomo es como un minúsculo salón de té, y el universo entero es una enorme taza de té.
Una vez un maestro se propuso ver qué había debajo de la estatua de Buda, la levantó, y debajo de ella estaba otro Buda más pequeño que el anterior. Así estuvo un rato destapando budas, hasta que se dio cuenta de que debajo de todos los seres está Buda. La iluminación es, por lo tanto, inevitable, y el despertar, una tentación irresistible.
Un rayo de luz es más grande que un electrón, por eso si queremos “ver” un electrón tenemos que sumar la velocidad de la luz a la velocidad del electrón; y no podemos saber la velocidad del electrón sin la intervención de la luz. Del mismo modo, no podemos ver dónde está un electrón sin moverlo de su lugar. El rayo de luz es tan grande para un electrón que seguramente moverá al electrón cuando lo iluminemos durante nuestra búsqueda.
Podemos crear una sociedad ecológicamente sustentable si ponemos nuestro granito de arena en el sistema de la naturaleza. No hay fronteras entre el planeta Tierra por un lado y la sociedad humana por otro. Son un solo sistema que aguarda con paciencia nuestro despertar ecológico. ¿Cuándo nos cansaremos de la caótica vida moderna y la abandonaremos? Basta con que nos unamos a la corriente de la transformación de la naturaleza; el Tao, para decirlo en términos tradicionales.
Bibliografía recomendadda:
El pequeño libro del yin y yang, de Karuna Aisha.
El Centro invariable, de Confucio, Editorial Yug.
Tao Te King, de Lao Tse.
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