El gran viaje
(Un camino de realización por los Arcanos Mayores)
Veet Pramad
Cada Arcano Mayor puede suscitar determinadas reverberaciones internas que faciliten una visión personal de las cartas. Viendo cómo éstas reflejan nuestras vidas y qué aspectos y actitudes nuestras aparecen en ellas, las conoceremos más fácilmente y tendremos un referente más vivo cuando las estudiemos.
Consideramos la secuencia de los Arcanos Mayores como el Gran Viaje del ser humano en busca de sí mismo y de su realización personal, y cada una de las 22 cartas como un determinado estado de conciencia que va desde la absoluta potencialidad de El Loco hasta la realización personal o síntesis final de El Universo. El Loco va a entrar en contacto con cada una de las 21 cartas restantes, que serán desafíos y pruebas a través de los cuales se irá transformando.
El Loco es el recién nacido, puro, espontáneo e inocente. Representa el estado potencial de las cosas. Algunos autores le atribuyen el significado de inconciencia, en el sentido de falta de referentes internos, como la antigua pedagogía que consideraba al niño como un recipiente vacío (si no un enano semirretrasado mental) al que había que llenar de conocimientos y reglas. Sin embargo, desde el inconsciente el bebé sabe muy bien lo que quiere y lo que no quiere (mejor que muchos adultos), lo que le gusta y lo que no le gusta, él no duda, actúa desde referentes internos profundos, tales como sus instintos, que salvo graves problemas intrauterinos, se conservan intactos. Su memoria corporal, que todavía no fue bloqueada por tensiones psicofísicas, engloba los recuerdos de toda su evolución. Diremos que el bebé es potencialmente consciente. Esta diferencia de enfoque es muy importante. Es obvio que el bebé desconoce el mundo tan complejo al cual llegó, la mente de los adultos y sus neurosis. No sabe que el precio del desarrollo de un misil balístico intercontinental podría alimentar a 50 millones de niños, financiar la construcción de 160 mil escuelas o la apertura de 340 mil centros de salud.
Realmente el bebé, que acabó de encarnar en este nivel de evolución llamado planeta Tierra, no necesita saber nada de eso para crecer sano y feliz. Lo que necesita es amor y apoyo. De la misma manera que una semilla tiene en sí todos los elementos para transformarse en un árbol, necesitando sólo agua y tierra fértil, el recién nacido es un ser perfecto, integrado y completo en sí mismo, que se desarrolla, a partir de una estructura energética central en los aspectos físico, emocional y mental y de un átomo divino en el plano espiritual. Nada está faltando. La verdadera sabiduría está dentro del bebé. La escuela y la universidad son apenas detalles informativos frente al amor insustituible, para afirmarse, para desarrollar sus potenciales, para florecer, para recordar lo que ya sabe.
Así, como muestra la carta de Crowley (en El libro de Thot), el bebé-Loco llega sonriendo, maravillado con lo desconocido, libre de miedos, prejuicios y bloqueos emocionales, viviendo la eternidad en cada momento. A partir de esta absoluta potencialidad, El Loco comienza a entrar en contacto y a desarrollar en sí mismo una primera polaridad, comienza a expresarse de dos maneras fundamentales que se corresponden con los dos principios básicos que operan en el cosmos: el Principio Masculino o Yang y el Principio Femenino o Yin, que en el Tarot podemos llamar El Mago y La Sacerdotisa respectivamente. La primera expresión Yang del recién nacido es el llanto o la risa, en el momento de nacer. Uno y otra dependerán, básicamente, de si son conocidas y respetadas las leyes de la naturaleza .
Después el neonato va a mamar, relacionarse y comunicarse, gritar de alegría, de hambre o de frío, descubrir poco a poco el mundo que le rodea, gatear atrás del perro, va a crear, transformar una lata en un tambor, va a descubrir sus límites y va a intentar superarlos, es decir, va a salir de su espacio interior para actuar en el mundo exterior. Todo esto es expresión de El Mago, Arcano I.
La Sacerdotisa, Arcano II, está relacionada con las fuerzas que llevan al bebé a la interiorización. Lo vemos quieto, tranquilo y silencioso, a veces con los ojos bien abiertos como si viese, a través de lo que mira, un mundo más allá de la visión de los adultos, tal vez en otro tiempo, tal vez interior; o está chupándose el dedo, totalmente receptivo y conectado consigo mismo, quizá comprendiendo intuitivamente todo lo que sucede. En estos momentos el niño nos sorprende con una expresión de serenidad y sabiduría que apenas los iluminados consiguieron rescatar.
Mientras el bebé va manifestándose en estas dos polaridades, también va entrando en contacto con el mundo de lo concreto, lo que puede y no puede hacer, el mundo de las reglas, de los deseos y de las expectativas de los demás. Este contacto sucede a través de la madre y del padre que son La Emperatriz y El Emperador, Arcanos III y IV, respectivamente.
Los padres son los que más influyen en la vida de cada uno por lo que hacen y lo que dejan de hacer. Son más importantes para nuestro desarrollo que los hermanos, la escuela, los amigos, la sociedad, el sistema económico, la nacionalidad, la clase social o la religión, hasta el punto de determinar en alto grado el futuro del niño... dice el refrán: “de tal palo tal astilla”.
A pesar de los esfuerzos que podemos hacer para revertir la programación familiar negativa, es muy difícil acabar totalmente con ellas, como afirma Eric Berne parafraseando el Panchatantra, uno de los textos hindúes más antiguos:“Estas cinco cosas tendréis de vuestros padres, seis años después de salir del útero: la duración de vuestros días, vuestra suerte, vuestra riqueza, vuestra instrucción y vuestro túmulo”.
La madre es la primera que da forma y límites a este ser. Lo hace entrar en el mundo de la polaridad vida-muerte: le da la posibilidad de nacer y, al mismo tiempo, firma su sentencia de muerte.
Ya desde el útero la madre influye enormemente en el desarrollo psicofísico de su hijo, aceptándolo o rechazándolo, amándolo más o menos, y/o creando expectativas que generalmente interfieren en el crecimiento del niño, como por ejemplo cuando la madre tiene un fuerte deseo de que su hijo sea de un determinado sexo que resulta ser el opuesto del que es . La madre puede sentirse premiada por las fuerzas de la vida, que le confiaron la gestación y los cuidados de un ser perfecto mediante el cual ella tiene la posibilidad de rescatar su propia perfección, o castigada con la obligación de asumir durante varias décadas la responsabilidad de criar un ser humano. Son muchas las mujeres que por diferentes motivos no desarrollaron su instinto materno, que no se sienten suficientemente maduras para asumir tamaña responsabilidad o que por determinadas circunstancias están en un momento de sus vidas donde las prioridades son otras. Muchas de ellas optan por dar continuidad a su embarazo condenando de antemano a su hijo a una vida de miseria emocional y/o económica marcada por el rechazo, el abandono, la descalificación o la culpa, obedeciendo así la presión social y especialmente la religiosa que en su hipocresía sataniza el aborto pero nada hace para dar calidad de vida a todos los niños que nacen.
El bebé percibe muy bien, ya desde los últimos meses en el útero, cómo cambia su vida si tiene o no el amor de su madre. Una madre amorosa y nutritiva es, para el niño, lo que un chaleco salvavidas para quien cae de un barco enmedio del océano sin saber nadar.
Desafortunadamente para la humanidad y para la vida, la mayoría de las mujeres, especialmente las casadas, se sienten frustradas, y esto no es gratuito, con un sistema groseramente machista, que desde hace milenios aplasta a la mujer desde todos los ángulos. Fueron obligadas a renunciar a su individualidad y libertad, a la realización de sus sueños y al desarrollo de sus potenciales, a su placer y sexualidad, para ser aceptadas en una sociedad cuyos principios y valores ellas no inventaron y conseguir la supuesta seguridad, status y protección que el macho y la sociedad machista dicen que dan. Dejaron de luchar por su felicidad y dignidad e hicieron de su renuncia y sufrimiento un mérito que recibe el aplauso de todas las religiones. Muchas aceptaron sus frustraciones y dijeron que sí al sistema que las oprime y no a sí mismas. Esto genera tanta rabia que daña su capacidad de amar y las deja sintiendo mucho rencor y deseos de venganza. Inconscientemente, según la Ley del gallinero , arrojan todo esto sobre los más débiles, que son generalmente sus hijos a los cuales les resulta difícil abrir completamente sus corazones y a los que de un modo u otro les transmiten su frustración.

“Si la rabia de todas las frustradas del mundo se juntase, inmediatamente el planeta explotaría, con mil veces más fuerza que si lo hiciese por la explosión simultánea de todas las armas que los machos acumularon.”
Eliodoro Ortiz
Veamos cómo se da esta programación en los diferentes planos.
1. En el plano corporal/instintivo. Para el bebé dentro del vientre materno, su cuerpo, el cuerpo de su madre y el mundo es todo lo mismo. Cuando nace siente como si le quitaran una parte de sí mismo con la cual hasta ese momento se identificaba, especialmente si lo alejan de su madre. Es interesante constatar que en muchas culturas (andina, amazónica, oriental) el bebé es envuelto en un poncho o paño y amarrado a la espalda de su madre, continuando, hasta que aprende a andar, en contacto físico estrecho con ella, escuchando el latido de su corazón de manera que este proceso de pérdida se da de una manera mucho más gradual y menos traumática. También en cuanto el bebé nace se le coloca un pañal que se ajusta a su cuerpo de tal manera que se crea una especie de área prohibida donde el niño no tiene posibilidad de tocarse. Sin ánimo de negar la eficiencia higiénica de dicha prenda, digo que involuntariamente se le pasa el mensaje de que aquella zona del cuerpo no le pertenece, especialmente si en el momento del baño no se le permite que la explore. Y si prohibimos algo estamos creando una fijación encima de ese algo. Después que el niño abandona los pañales se continúa insistiendo en el área genital/anal para que no sea mostrada. También se inocula la vergüenza cosa que el niño nunca había tenido.
Como cualquier cría de mamífero el niño es naturalmente curioso, quiere descubrir el mundo que lo rodea y se siente especialmente fascinado por los elementos fuego, tierra y agua en sus más variadas formas, barro, lluvia, charcos, hogueras y por los demás animales. Las iniciativas que el niño toma en este sentido generalmente son reprimidas por su madre que aprendió de su madre que la tierra era sucia o asquerosa, el agua no tratada fuente de enfermedades, la lluvia peligrosa pues el niño podría resfriarse y el fuego sólo para apagarlo en las velas del pastel de cumpleaños. El propio baño cotidiano que tanto placer da al pequeño es reducido a una obligación rápida, programada y exacta. En general todo aquello que atente contra el principio semidivino de la limpieza es evitado. Las funciones biológicas como comer y beber son reformuladas y transformadas en rituales que muchas veces tiran el placer que toda satisfacción biológica trae consigo. Hacer pipí y cacas también tiene que ser regulado. En fin, la expresión instintiva es podada y manipulada, deja de ser espontánea y se rellena de ascos, vergüenzas y miedos.
2. En el plano emocional. Una característica del bebé y del niño pequeño es su espontaneidad, a partir de su esencia toma iniciativas y expresa sus emociones. La madre frustrada que hace décadas también se le impidió ser espontánea, tiene serias dificultades para aceptar las manifestaciones de la individualidad del niño y tolerar sus iniciativas, pues inconscientemente entra en contacto con la rabia y el dolor que sintió cuando esto sucedió con ella. Las expresiones espontáneas del niño son como un arañazo en una herida mal curada que cuestiona su propia frustración. Tenemos muchos ejemplos de que en tierra de esclavos el ser humano libre es rápidamente eliminado. Cuanto más las personas reprimen sus impulsos naturales para obedecer normas, más se sienten ofendidas cuando alguien no respeta dichas normas y hace lo que le da la gana, hasta en el tránsito lo vemos Aunque no lo quiera concientemente, la madre puede acabar diciendo a su hijo entre líneas: “Yo renuncio, me humillo y obedezco, tú tienes que hacer lo mismo. Tú no puedes ser libre, feliz ni recibir amor, así como yo no soy libre, no soy feliz ni me siento amada”.
Otra característica del bebé es que él se cree el centro del mundo, es el prototipo del egoísmo, el mundo existe en función de él. Los demás y especialmente sus padres existen en la medida que atienden y satisfacen sus necesidades vitales. Pese a que cada cinco segundos muere un niño de hambre o de enfermedades causadas por insuficiencia alimenticia en este planeta, generalmente los padres hacen todo lo posible para nutrir, abrigar y proteger a sus hijos. Entonces el niño desborda amor, besa, abraza y se ríe. Muestra cómo el estado natural del ser es de placer y amor. Si es correspondido, su nivel de satisfacción se profundiza, se siente nutrido en otros niveles y se afirma en sus derechos básicos que son:
1) El derecho de existir, el derecho a la vida, que es desarrollado o negado desde los últimos meses de gestación hasta los primeros seis meses de vida. Cuando el niño ve amenazada su vida en esta época desarrolla una estructura de carácter esquizoide que se caracteriza por un cuerpo longilíneo, manos y pies siempre fríos, ojos sin vida, cabeza desconectada del tronco y en el plano psíquico desconexión con las emociones (no siente), defendiéndose a través de intelectualizar. Está movilizado por el miedo a perder la vida.
2) El derecho de tener sus necesidades básicas de alimento y de amor satisfechas, que se da en los primeros dos tres años de vida, especialmente en la fase de lactancia. Si este derecho no fue preservado el niño siente miedo de ser abandonado y desarrolla una estructura de carácter oral con un cuerpo delgado, pecho deprimido y frío y músculos fláccidos. Sicológicamente permanece colgado de las personas pues se siente incapaz de ser independiente. Está movilizado por el miedo a ser abandonado.
3) El derecho de ser independiente, es decir de poder autoafirmarse oponiéndose a sus padres. Este derecho se vive a partir de los 18 meses, cuando el niño aprende a decir que no. Si esto no es permitido pues la madre es controladora, superprotectora y mártir el niño pierde la capacidad de tomar iniciativas independientes. Cuando el niño se autoafirma la madre le hace sentirse culpable o lo humilla. El niño registra “si soy libre tú no me amarás” y desarrolla una estructura de carácter masoquista que se caracteriza por un cuerpo bajo, gordo y musculoso, nalgas frías y la pelvis proyectada hacia delante. Acumula rabia que es incapaz de expresar pues su mayor miedo es explotar. Será un quejoso, que aparentemente se somete aunque internamente no, de manera que permanece en conflicto.
Los dos siguientes derechos se viven en una fase posterior cuando comienza la afirmación de la sexualidad del niño. Si los tres primeros derechos están vinculados a la madre, en los dos próximos el papel fundamentalmente es del progenitor del sexo opuesto.
4) El derecho a la autonomía, es decir, de no estar subyugado a lo que los demás quieren de él. Este derecho se vive en la primera infancia y se pierde cuando el padre del sexo opuesto es veladamente seductor. La aceptación está condicionada a que el niño se deje seducir, haciendo los caprichos narcisistas del padre, se siente manipulado por éste, perdiendo así su libertad. Graba: “sólo puedo ser aceptado si dejo que me controlen”. Para defenderse invierte los papeles y manipula a su padre volviéndose también seductor. Desarrolla una estructura de carácter psicópata que se caracteriza por un cuerpo con el pecho inflado con gran carga energética, pelvis estrecha y fría y piernas finas y frías, tipo casi todos los superhéroes americanos. Sicológicamente necesita controlar a los demás intimidándolos o seduciéndolos. No se conecta con la sexualidad, como el caso de muchos dictadores, políticos y gángsteres, a no ser que la seducción específicamente sexual sea la vía para controlar al otro. Está movido por el miedo a ser controlado y su característica más marcada es la falsedad y una acumulación de energía en la propia imagen.
5) El derecho de querer, es decir, de movilizarse para conseguir sus anhelos de forma directa y abierta que está conectado con los sentimientos sexuales primarios del niño, pues en el niño entre los 3 y 6 años de edad emerge el deseo de contacto físico con el genitor del sexo opuesto, donde se mezcla el amor, el placer erótico y la sexualidad infantil . Un rechazo por parte del adulto hiere su autoestima, para protegerse el niño controla la expresión de sus sentimientos (siente pero no expresa) y en su psique se graba que entregarse es muy peligroso pues corre el riesgo de ser rechazado. La espalda se vuelve rígida y la pelvis se inclina hacia atrás. Se conecta con la sexualidad ya que no envuelve sus sentimientos y cuando participan los sentimientos traba la sexualidad. A menudo aparece una línea transversal encima del ombligo que separa el tórax del abdomen. Para compensar la autoestima herida el niño se vuelve orgulloso, ambicioso y competitivo.
La madre muchas veces no consigue ver o recibir el amor que su hijo le da, perdiendo así una gran posibilidad para recuperar su autoestima y liberarse.
Transformar este pequeño egoísta en un individuo solidario que sabe compartir su ambiente con los demás es una tarea de artista que exige saber colocar límites, fundamentalmente saber decir que no con el suficiente amor para que el niño no se sienta rechazado, pues para su mente si sus padres no lo dejan hacer lo que quiere y como quiere es porque no lo aman o no les gusta a sus padres.
La expresión emocional natural del niño tampoco en el fondo le gusta a la madre frustrada y aunque, en el mejor de los casos, intente fingir intentando preservar la espontaneidad de su hijo, éste se da cuenta perfectamente de lo que agrada y lo que no agrada a su madre. El problema aparece cuando la madre condiciona la aceptación del niño a que éste se comporte de una determinada manera. Entonces el niño da la espalda a sus referentes internos, niega su esencia y deja de ser espontáneo, finge dejando de hacer y expresar lo que desagrada a la madre y hace y expresa lo que le agrada, por lo menos cuando está delante de ella. Con esto algunos potenciales y talentos del niño se atrofian mientras otros se desarrollan más.
Cada día estoy más convencido de que la aceptación o no aceptación es el componente fundamental en la educación del niño que va a determinar sus actitudes futuras: si se siente aceptado tal como es, su necesidad innata de aceptación no lo llevará a fingir, a comportarse según las expectativas más o menos explicitas de sus padres. Si sus padres lo aceptan tal como es, él se aceptará a sí mismo y llegará a la adolescencia y a la fase adulta conectado con sus centros instintivo, emocional y mental, y tomará iniciativas desde dichos centros. Valorizará sus impulsos y emociones, sus ideas e ideales y no pretenderá parecerse a los estereotipos que los medios de comunicación colocan como modelos, ni sufrirá por sentirse diferente de ellos.
Ahora bien, aceptar al niño tal como es no significa decirle a todo que sí, el niño no puede hacer todo lo que se le antoja. Aceptarlo significa valorarlo y valoramos aquello a lo que dedicamos nuestro tiempo. No se trata de valorarlo si piensa o actúa como nos parece correcto y desvalorarlo si lo hace como nos parece incorrecto. Se trata de valorarlo siempre y esto quiere decir usar nuestro tiempo para conversar, para mostrarle las consecuencias de sus actos, para ponerlo lo más posible en contacto con la realidad, para pasarle nuestra experiencia y opiniones pero no para meterle principios morales que son nuestros, tal vez desfasados, pertenecientes a otra época.
La mayoría de las veces la madre no tiene tiempo o amor suficiente para hacer esto, existen otras obligaciones. Sin tiempo, conversar, informar, orientar, escuchar, compartir momentos es substituido por ordenar, chantajear, amenazar, premiar y castigar. El niño pasa por la amarga experiencia de comprobar que expresar sus emociones y seguir sus impulsos son cosas que, muchas veces, no son bienvenidas y lo llevan a sufrir, sintiéndose rechazado, desvalorado o abandonado. Cuanto más espontáneo es, cuanto más es él mismo, puede ser más desaprobado, invalidado, criticado y, por lo tanto, acaba sufriendo más. Así el niño en su mente infantil acaba asimilando ser él mismo con sufrir y creyéndose que no merece cariño ni atención y que su amor no vale nada. Su ser se debilita, pierde la confianza en sí y en el mundo y acaba dejando de guiarse por sus sentimientos. Pierde el camino de su corazón.
Este sistema educativo de premios y castigos hace, entre otras cosas, que el placer que aparece naturalmente, cuando el niño actúa espontáneamente, desaparezca, y sea sustituido por el seudoplacer de ser premiado si sigue los patrones de conducta entre los cuales el más sagrado es obedecer. El placer que viene de dentro puede ser peligroso pues puede traer castigos o rechazos y va quedándose cada vez más relegado al ámbito de lo imposible. El niño se va convenciendo de que no merece ese tipo de placer, de que sólo merece otro tipo de placer que viene de fuera y que es el resultado de adecuarse a las expectativas familiares: “Si te portas bien voy a comprarte un chocolate”. Y así se inventó “lahora feliz”. Como cantó Vinicius de Moraes “los bares están llenos de hombres vacíos (del verdadero placer) porque hoy es sábado”. El adulto que así fue programado tiene dificultad para escoger actividades que le proporcionan placer y su vida se transforma en un vaivén que va de lunes a viernes de una actividad profesional desprovista de placer pero que le proporciona el dinero suficiente para de viernes a domingo comprar compensaciones y divertirse.
El niño se va quedando carente emocionalmente y comienza a hacer cualquier cosa para conseguir amor y aceptación: obedece órdenes absurdas, muchas veces contrarias a su naturaleza, esconde sus emociones, aprende a fingir y a mentir porque el camino directo para conseguir lo que quiere le fue prohibido. Comienza a manipular a los demás, representa los papeles más increíbles, hace cualquier cosa para ser aceptado o por lo menos para recibir atención, aunque sea con una chancleta en la mano, pues para el niño es mucho más doloroso no ser visto que ser castigado.
El niño pierde el contacto con su amor y acaba creyendo que amar es obedecer, que amar es agradar a los demás, que amar es sacrificarse o renunciar. “Como nuestro Señor Jesúcristo, que se dejó crucificar para salvarnos”, repiten pastores y curas. Y el niño comienza a pedir caprichos, tonterías, todo lo que la televisión y los escaparates le meten por los ojos, ya que ya no se atreve a pedir directamente lo que realmente quiere y necesita: amor, contacto y apoyo para sus iniciativas. Con el tiempo, el niño va transformándose en alguien que no es y nunca fue, traicionando su verdadero ser para, en el mejor de los casos, conseguir apenas unas migas de aprobación.
3. En el plano mental. Desde que nace el bebé tiene una enorme capacidad de estar atento a todo lo que sucede a su alrededor. Aunque no tenga información previa acerca del mundo al que acaba de llegar, tiene una altísima percepción que lo hace darse cuenta de cosas que a los adultos pasan totalmente inadvertidas. Aunque los estudiosos nos dicen que la mente del niño tarda siete años en racionalizar, en desarrollar el proceso lógico, el niño asimila informaciones a alta velocidad. La mente tiene otras funciones aparte de la racionalización y una de ellas, la percepción, está hasta tal punto desarrollada que el niño ha sido llamado “el pequeño profesor”. Percibe lo que se le dice y el subtexto implícito. Antes de que el niño hable los padres perciben cómo se da cuenta de todo, especialmente lo que se le dice.
Cuando el niño crece y especialmente cuando empieza a hablar el padre se aproxima más al niño, le resulta más fácil comunicarse con el pequeño, pues la capacidad instintiva de comunicación con apenas la mirada que la madre tiene, la capacidad de saber lo que el niño tiene, lo que le duele, lo que quiere sin necesidad de palabras es algo que el padre puede desarrollar pero que en principio no tiene.
El caso es que cuando esto sucede más o menos con dos años de edad el niño ya tiene un cierto nivel de carencia emocional y su mente trabaja parcialmente desligada de las emociones e instintos originales, pues mantenerse en contacto con ellos trae dolor y frustración. La madre, con la complicidad del padre, dejó al niño carente y éste se abre amorosamente con su padre, ese gigante todopoderoso.
El padre, una de cuyas funciones es poner al niño sobre sus hombros y llevarlo a pasear, dejando que éste elabore sus propias ideas al respecto del mundo, le va colocando ideas en la cabeza, sus ideas, su punto de vista, su visión del mundo. Ideas que reflejan lo que su padre es o lo que le habría gustado ser. En principio esto no sería un problema si el niño no estuviera carente. Como el niño está carente se traga las palabras de su padre sin masticar buscando el fin último que siempre es ser aceptado. ¿Qué podríamos decir de la calidad de estas ideas si también durante siglos el hombre para ser aceptado tuvo que competir, negar su sensibilidad, esconder sus emociones, envolverse en actividades que nada tenían que ver con su esencia, endurecerse perdiendo la ternura, imponerse sobre los demás sino explotarlos, conformarse con el seudoplacer de las compensaciones, negarse a si mismo para encajar en los moldes socialmente aceptados? El hombre aceptó también su frustración aunque intenta mantenerla anestesiada con poder y con lo que el dinero compra.
Con frecuencia el niño recibe dobles mensajes: por un lado una admonición como “los hombres no lloran” o “si no sabes comportarte a nadie le vas a gustar” y por otro una carga emocional intensa como rabia que sugiere un subtexto como por ejemplo “cuando lloras te odio”. Inicialmente el niño percibe ambas, admonición, emoción y subtexto, sólo que cuanto más carente está más le afecta, más le duele y poco a poco va apagando esa extraordinaria percepción para no sufrir con sus percepciones más sutiles. Lo mismo ocurre con las mentiras que sus padres le cuentan, en muchos casos el niño se da cuenta de que le están mintiendo y eso le hace tanto daño que acaba optando por creerse la mentira.
El niño niega sus propias percepciones y prefiere creerse las disculpas que sus padres le dan: “es por tu bien”, “mas me duele a mí tener que castigarte”, así el niño va deformando su visión de la realidad, no da más valor a lo que ve, a su propia experiencia, a su propia verdad, a su intuición, deja de percibir los subtextos y se traga todo lo que le cuentan, no sólo sus padres, sino los curas, los profesores, la propaganda, la tele. Su mente trabaja superficialmente ya desconectada de emociones e instintos, le pasa desapercibido el fondo de las cosas. Deja de sufrir o indignarse con las injusticias y los atropellos, deja de cuestionar lo que ve, va abandonando sus ideales. Si no cambia será un ciudadano incapaz de cribar la información, los anuncios o las promesas de los políticos tendrán la misma credibilidad que lo que ve con sus propios ojos o un informe de la ONU y probablemente no tendrá criterios propios.
Resumiendo, podemos decir que mediante el trabajo de La Emperatriz y de El Emperador, El Loco debilitó su yo hasta el punto de perder su espontaneidad y se quedó con miedo de tomar iniciativas y expresar ideas propias. Ya no cree más en sí mismo, piensa que no merece amor, perdió su entusiasmo y su capacidad de maravillarse con la vida y trabó sus instintos. Se transformó en un frustrado, en un mendigo de atención, en un pequeño monstruo incapaz de entregarse y amar. Puede intentar ocultar todos estos rasgos con cualquier disfraz, sin saber que todo lo que esconde continúa trabajando internamente, manipulándolo hasta límites insospechados.
Son cuatro los factores principales que posibilitan esta siniestra transformación:
• La sensibilidad, apertura y entrega amorosa del niño.

- La necesidad de amor y aprobación que tiene.
- La superioridad física de los padres.
- La dependencia material del niño.
Podemos observar unos cambios interesantes en la programación infantil de unas décadas para acá. Cuando la mujer deja los cuidados de la casa, marido e hijos como principal prioridad para lanzarse al mercado de trabajo, con lo que inicia un proceso de independencia económica, intelectual y sexual; cuando las jóvenes priorizan sus estudios (y hoy son mayoría en la mayoría de las facultades) y profesiones a casarse y tener hijos, las mujeres están colocando la primera piedra de la Nueva Era.
Antes de ese salto la madre estaba mucho más presente en casa y en general el padre también. La educación era más represora, los padres se creían de verdad que sabían y debían criar a sus hijos como ellos mismos fueron criados, generalmente por padres todavía más autoritarios. La residencia familiar pertenecía a los padres y se hacía lo que los padres querían y si alguien no estaba feliz pues allí estaba la puerta. Los hijos tenían miedo de sus padres, en general de su padre, y a esto se le llamaba respeto. Los hijos querían independizarse lo antes posible para salir de casa y tener su propio espacio y libertad. La familia compartía más tiempo juntos especialmente cuando no había televisión, los hijos podían sentir en algunos momentos mucha rabia de sus padres pero al mismo tiempo veían que éstos estaban disponibles para conversar, hacer cosas juntos, es decir eran vistos, atendidos, orientados, cuidados aunque también reprimidos o castigados.
En la sociedad actual los padres casi no están en casa, el ganar dinero ocupa casi todo el día, los padres llegan estresados y cansados cada noche. Los niños pasaron todo el día en la escuela y en otras actividades organizadas y llegan a casa igualmente cansados. Sin embargo, pasan más tiempo en casa que sus padres y van apoderándose de algunos espacios mientras sus padres están fuera, por ejemplo sus cuartos. Los padres tienen poquísimo tiempo para sus hijos que se sienten abandonados y ocupan el tiempo libre con la televisión, los videojuegos y otros artefactos que estimulan el consumismo y la violencia. Los padres que optaron por dedicar su tiempo a ganar dinero, desconocen a sus hijos y se sienten culpables por no darles más atención, de manera que les compran todos los caprichos y no les ponen límites. Los hijos se sienten abandonados y van acumulando rencor, dolor y carencia. Como no pueden tener lo que en el fondo quieren, que es el amor, la presencia y la atención de sus padres, se transforman en verdaderos tiranos que exigen cosas y más cosas, creyéndose que tienen todos los derechos y ninguna obligación. Como en casa tienen todas las comodidades e incluso libertad pues los padres casi no están para reprimirlos, se aferran al hogar familiar con uñas y dientes antes de enfrentar los peligros de la independencia allá afuera.
Continuando con nuestra secuencia, El Loco va a encontrarse con El Hierofante, el Arcano V, que trae las doctrinas con las cuales la sociedad da el toque final a la falsa personalidad que el niño fue obligado a adquirir. El Hierofante es el poder ideológico, los fundamentos religiosos, filosóficos o “científicos” que ayudan a sustentar el poder económico, el sistema, El Emperador.
El Hierofante bendice los ejércitos de jóvenes que el viejo Emperador manda a la muerte. Un día no muy distante, el Hierofante de Occidente residía en el Vaticano. Hoy son los medios de comunicación, el cuarto poder que fabrica la información y la seudocultura masificada y masificante, anticreativa e idiotizante, que acabando con la sabiduría popular, impone sistemas de valores ajenos a cada pueblo. “Valores” especialmente decadentes, creencias pasteurizadas, destiladas en las agencias de inteligencia internacional a partir de crudos judaico-cristianos.
El niño y el adolescente privados de sus referentes internos caen en las garras de estos comerciantes de sueños. Para llenar su vacío de identidad, los jóvenes buscan alguna cosa, algo para “ser alguien”, pero sólo encuentran lo que está disponible en el mercado. Así, comienzan a consumir basura, harapos con los cuales intentan reconstruir su autoimagen, más simple o más sofisticada, más alternativa o neoliberal, más Milán o más Nueva York, más barata o más cara, aunque siempre falsa y cuya representación nunca da gratificaciones profundas y duraderas. Por otro lado, los criterios de selección de harapos ya fueron sugeridos por los padres. El niño y el adolescente pueden aceptarlos o, igualmente desligados de sí mismos, pueden buscar los opuestos en una rebelión de fuerte carácter autodestructivo. Así, el Ser verdadero va quedándose preso.
Para encubrir esta terrible sensación de miedo, debilidad, mediocridad, frustración y falta de amor, el joven se viste de orgulloso, de especial, de invulnerable, de héroe, de mártir, de sabio,... Ya está listo para ocupar un puesto en la sociedad, para ser un militar, un abogado, un político, un cura, un juez, un bandido, un intelectual, un miembro de tal o cual partido, un don nadie o un fulano de tal, un número, un conjunto de rótulos... Ya está civilizado, es una oveja en el rebaño de los sin propia voluntad, sin emociones a la vista, sin criterios propios, sin un cuerpo propio, ya que hasta su estructura corporal fue viciada con múltiplas tensiones.
En el Tao Te King está escrito: “el Ser y el No Ser se engendran mutuamente”, esto indica no sólo que toda cualidad contiene a su opuesto en mayor o menor grado, sino también muestra que cuando intensificamos un aspecto de la realidad estamos en verdad, fortaleciendo su opuesto. En otras palabras, cuando empujamos el péndulo hacia la derecha estamos creando una fuerza que lo llevará inexorablemente a la izquierda. Aplicando esta ley a nuestro asunto, podemos concluir que cuanto mayor es la programación también mayor es la necesidad de rescate del Ser verdadero. El punto de mayor robotización puede ser el inicio de la liberación.
En palabras del Osho: “La confusión es una gran oportunidad. El problema con las personas que no están confusas es grande. Si usted está realmente confuso, usted está bendecido. Ahora, alguna cosa es posible: usted está en el umbral”.
Cuando aceptamos nuestra ignorancia, cuando la mente se rinde y dice: “Desisto de tener una explicación para todo”, estamos dando el primer paso para la verdadera sabiduría.
Cuanto más programados estamos, menos energía disponible tenemos, ya que la estamos utilizando para bloquearnos, de manera que menor será el flujo vital y, por tanto será menor también el placer y la alegría que seremos capaces de sentir. La programación es una amenaza para las fuerzas de la vida. Cuanto mayores son el bloqueo y la confusión, también será mayor nuestra necesidad vital de encontrar una salida y por tanto la posibilidad de encontrarla será también mayor. Preguntados los siete sabios de Grecia al respecto de cuál es la fuerza mayor, la respuesta fue unánime: “la necesidad”.
Podemos decir que cuanto más alienante es el status quo, más luminosas son las centellas de belleza y conciencia que atravesando todas las barreras y policías del pensamiento, nos ayudan a mantenernos vivos y vibrantes. Los poetas, músicos y artistas en general, con su lenguaje sutil, consiguen tocar nuestras fibras sensibles, favoreciendo nuestro contacto interno y ayudándonos a sentir placer.
Una de estas luces es la carta del jefe indio Seatle al presidente de Estados Unidos cuando, en 1854, el gobierno pretendía comprar el territorio de la tribu. Veamos un extracto de ella.
“¿Como pueden comprar o vender el cielo, el calor o la tierra? Si poseyéramos la frescura de las aguas y la fragancia del aire, ¿de qué manera podría usted comprarlas?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada aguja de pino, cada río murmurante, cada bruma en los bosques, cada claro, cada zumbido de insecto es sagrado en los recuerdos y en las vivencias de mi pueblo. Nosotros somos una parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo y la gran águila son nuestros hermanos. Las rocas escarpadas, el aroma de las praderas, el ímpetu de nuestros caballos y todos los hombres son de la misma familia.
Si nosotros vendemos nuestra tierra, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también suyos y deben dar a los ríos la ternura que muestran para un hermano.
Pensaremos, por lo tanto, en su oferta de comprar nuestras tierras, pero si nos decidimos a aceptarla, yo pondré una condición: el blanco deberá tratar a los animales salvajes como hermanos. Y enseñen también a sus hijos lo que enseñamos a los nuestros: “que la tierra es nuestra madre”. Díganles que la respeten, pues todo lo que sucede a la tierra les sucederá también a los hijos de la tierra”.

Grande es el poder de la belleza. El poder de la verdad es mayor, pero es necesario algo todavía más poderoso para poder abrir una grieta en la siniestra armadura de la falsa personalidad. Si la programación fue grabada a sangre y fuego (amenazas, castigos, críticas, culpa, abandono, rechazo, etc.) será necesario algo que toque nuestra sangre (emociones) y nuestro fuego (instintos), para que algo suceda. La pasión, donde el amor y el deseo instintivo se juntan, es el mejor abrelatas. No es, pues, una sorpresa que la próxima carta de la secuencia sea Los Amantes, Arcano VI. Cuando El Loco se enamora, no sólo comienza a ver el mundo de otro modo, sino que empieza a verse a sí mismo con otros ojos. El hecho de que exista alguien que lo ame tal como él es, que lo escuche con atención, que no le exija un determinado tipo de conducta, hace que El Loco aumente su autoestima, comience de nuevo a gustarse, a creer en él, en sus ideas, en su amor y amplíe los límites a los cuales la programación lo tenía reducido.
Enamorado, encuentra el coraje necesario para luchar por lo que quiere, va abriéndose, se quita la corbata o el sostén psíquico y se entrega al amor y a la pasión. Cuando está amando puede ser total aquí y ahora. Siente que está siendo auténtico consigo mismo, puede deleitarse con los momentos felices e incluso puede trascender. Puede llegar a sentir que no está amando solamente a una persona, a veces su amor va más allá de su amante. El Loco se sorprende amando la puesta del sol, los hijos del vecino le parecen adorables, surge un sentimiento de fraternidad con el cartero, etc. En algún momento puede sentirse unido en amor a todo el universo. Esta sensación de éxtasis lo lleva a sentirse también conectado consigo mismo y eso lo deja lleno de gratitud.
Se pregunta: ¿Este estado de placer que estoy viviendo procede de mi relación amorosa y sexual o es la expresión de algo muy mío, que siempre estuvo aquí dentro y que puedo vivenciar siempre que lo desee? Ahí viene el dilema: intentar dar continuidad a este momento, donde la espontaneidad y la pasión llevan a la felicidad, asumiendo el derecho de seguir los impulsos más íntimos, o continuar la rutina mecánica, esclavizante, mezquina y sin placer. Esta elección entre ser él mismo o continuar siendo esclavo de la programación es el momento de conciencia de Los Amantes. Esta alternativa liberadora es algo muy peligroso para el sistema, que se mantiene mientras tenga esclavos para alimentarlo. En verdad, lo más peligroso para el sistema es el amor, especialmente cuando llega acompañado de una sexualidad libre y consciente. Por eso, la verdadera liberación sexual fue siempre reprimida por cualquier tipo de poder.
Así, la sociedad patriarcal, de los griegos hasta nuestros días, considera el amor como “una enfermedad que debilita a los hombres [no a las mujeres] minándoles la inteligencia, quebrando la fuerza de voluntad, tornándolos despreciables y dignos de lástima”. (Ovidio 43 a.C. -17 d.C.)
No es por casualidad que, estando en el poder personajes tan reaccionarios como Reagan, Tatcher y Juan Pablo II, el sida se haya transformado en una seria amenaza para la humanidad, imponiendo una conducta más puritana y llevando a muchas personas a volver a la seguridad de la familia tradicional que, cuestionada hace siglos, se ve así reforzada, como columna y célula básica del sistema. Los Amantes llevan a El Loco a una opción fundamental: tener que escoger entre dos caminos. Por un lado el riesgo de lo desconocido, de la entrega al amor, de la espontaneidad, de ser rechazado y de sentir placer; por otro lado lo que es conocido: las rutinas, el autocontrol, el miedo a cambiar, la seguridad, los viejos patrones de conducta. Cambiar significa abandonar un esquema de vida, de autoimposiciones, que por otro lado dan seguridad y protección. Cambiar significa hacer las maletas para un viaje del que tanto el itinerario como el destino no están muy claros. Interiormente El Loco sabe que debe abandonar lo que no le satisface más y siente el impulso de enfrentar lo desconocido. Para eso se sube a El Carro, Arcano VII de la secuencia.
Todavía no realizó su potencial ni consigue ser espontáneo todo el tiempo; no sabe muy bien qué dirección tomar, sólo quiere hacer permanente un estado de plenitud y placer que conoció. Como los caballeros del rey Arturo, sale a buscar el Grial sin saber que está dentro de sí mismo. Dejará las comodidades de Camelot, abandonará los apegos y ordenes externos, para lanzarse a la aventura de descubrirse, aunque continúe cargando su armadura de miedos, bloqueos y mecanismos de defensa.
En el momento en que El Loco abandona sus prisiones-protecciones externas, sus rutinas más sofocantes y se lanza a la vida, inevitablemente se produce un ajuste interno y externo que favorece la continuidad de su evolución. Este ajuste no era posible antes porque las rutinas y hábitos de conducta lo dejaban impermeable al vaivén de las fuerzas de la existencia. Sin embargo ahora que está más abierto y disponible el ajuste se produce, el Loco tiene un encuentro con su propio karma. Desde el inicio de su programación, El Loco comenzó a destruirse y a hacer que los demás sufran, especialmente si se trasformó en un individuo poderoso. Ahora, para alcanzar niveles superiores de conciencia y placer, para entrar en un nuevo ciclo de vida va a tener que reequilibrar su balanza kármica, va a tener que saldar sus cuentas, del mismo modo que un contumaz consumidor de alcohol, carnes y láctcos tendrá que someterse, algún día, a una dieta desintoxicante si quiere mejorar su salud. En este encuentro con el Arcano VIII, El Ajuste o La Justicia, en la mayoría de las barajas, El Loco limpia una buena parte de su pasado y así, puede firmar la paz consigo mismo y con el mundo para continuar su crecimiento más equilibrado y fluido.
Aquí no existe elección, El Ajuste actúa inexorablemente siguiendo la necesidad de equilibrar El Universo, para que éste no sea destruido lo no sustentable debe ser removido. Esta es una ley totalmente natural, por tras de la cual, no existe ninguna inteligencia trabajando. Es posible que para el caminante, los efectos inmediatos de este ajuste no sean agradables y probablemente éste va a salir muy tocado de este encuentro, sino profundamente desestructurado. Algunas de sus máscaras se van a caer, especialmente las que escondían su vulnerabilidad, entonces comprenderá que no puede continuar su camino, mientras no se conozca a si mismo. Para eso, El Loco entra en contacto con el Arcano IX: El Ermitaño.
Él dirige aquí su atención hacia dentro, es su primera interiorización voluntaria y consciente. El Loco comienza a estudiarse. Su enfoque es fundamentalmente analítico, utiliza los niveles inferiores de la mente para conocerse, para identificar sus miedos, bloqueos y patrones de conducta, tal vez para investigar en su infancia los orígenes de la negatividad que inhibe su evolución. Con este trabajo, va desvendando los estratos de su inconsciente, tomando contacto y asumiendo su verdadera voluntad, sus deseos prohibidos y tal vez “inconfesables”. Así, comienza a distinguir entre su Ser verdadero y el veneno que le fue inoculado. Movido por esta nueva conciencia, El Loco hace terapia, yoga, tai chi chuan, mejora su alimentación y ritmos de vida. Hace su mapa astrológico, consulta el tarot, estudia sus biorritmos, etc. Poco a poco va centrándose, su actitud puede ser nutritiva, lo que aprendió de si mismo y las técnicas que usó pueden ayudar a otras personas. Éste es un momento muy peligroso, ya que el Loco puede usar sus descubiertas para seguir adelante, transformando su vida, o dejar que su ego se apodere de ellas y, convirtiéndolas en doctrinas, comience a venderlas o a usarlas para darse autobombo. Esto representaría un retroceso hasta El Hierofante. Un hierofante tal vez más alternativo y modernito, pero siempre un loro vendedor de recetas.
El Loco, más centrado y consciente, deja su relativa soledad de anacoreta para volver al mundo, a la movida, es decir, al Arcano X: La Fortuna o La Rueda de la Fortuna. Él, que perteneció a este mundo competitivo y agresivo, compulsivo e idiotizador, degradado y degradante –que en el budismo tibetano se conoce como la rueda del samsara, la inercia de la inconciencia que ciegamente nos arrastra al fondo del pozo del sufrimiento– hoy es capaz de verlo desde fuera. Ya no se deja hipnotizar con las banderas gloriosas, con la Copa del Mundo, con las “maravillas” de la tecnología ni con el concurso de Miss Universo. Ya no muerde en anzuelo, ve la locura autodestructiva de los humanos. Ve los esclavos esclavizados manteniendo en el poder a los esclavos esclavizantes. Éstas y otras percepciones reafirman su individualidad y su centro. El Loco percibe que puede vivir en el mundo sin ser su esclavo y, que cada situación que la Existencia le manda, puede ser aprovechada como una oportunidad para, no solo aprender, mas para pulir su expresión más auténtica y verdadera. Viviendo la energía de La Rueda de la Fortuna, El Loco comenzará a ver cuan maravilloso y único él es. Se descubrirá como un ser bonito, sensual, lleno de vida, potenciales y méritos.
Valorará más su equilibrio interno, empezará a respetarse y considerarse, a gustarle su cuerpo y su sexualidad. Es decir, el Loco comenzará a amarse entrando en el estado de conciencia del Arcano XI, tradicionalmente llamado La Fuerza, rebautizado por Crowley como Lust. Éste es un estado de integración en que El Loco recupera su entusiasmo, brillo, alegría y fuerza. El Loco dice aquí: “yo me amo y me gusto”. Sin este reconocimiento amoroso de si mismo, difícilmente podría enfrentar las pruebas que se avecinan y alcanzar el “yo te amo y me gustas”.
Este amor que siente por sí mismo transborda de la copa de su corazón. Llevándole a integrarse amorosamente con el Universo, del cual comienza a sentirse una parte integrante. En El Colgado, Arcano XII, El Loco se entrega de corazón abierto a la Existencia. Puede ser un apóstol capaz de universalizar sus sentimientos de amor y éxtasis y ver al prójimo como su hermano. Aquí deja de buscar, pues descubre que hacerlo es enfocarse en el futuro perdiendo el presente. Y la vida y la realidad suceden en el presente.
En Los Amantes El Loco se enamoró de una persona, que lo llevó a sentirse feliz. Aunque esta felicidad haya sido momentánea, le indujo a tomar decisiones que lo llevaron a liberarse de una parte de la programación y a cambiar su vida. Aquí, la pasión por él mismo es la que le da la fuerza y el coraje para estacionar la mente y entregarse a la vida. Así, alcanzará el ápice de su auto transformación en la próxima carta: La Muerte, Arcano XIII. Comprobamos una vez más que el amor es la fuerza transformadora por excelencia, la energía que lleva a la evolución del universo, de la sociedad y del ser humano. La ausencia de amor nos esclaviza. Su presencia nos libera y cuando fluye abundantemente alcanzamos el éxtasis.
En el Arcano XIII, El Loco vive la muerte de su robot, miedoso y repetidor de doctrinas. Sus defensas comienzan a quebrarse, y por las grietas aparece la esencia del Ser divino que todos somos. ¡El camino de recuperación de su ser está abierto! El Loco, irradiando amor, abre la tapa de la botella-programa, liberando las primeras burbujas de su fragancia más íntima. Esta liberación, a pesar de que puede ser algo repentino, en verdad, es el fruto de todo un proceso –no sin esfuerzo y muchas veces doloroso– que comenzó en los Amantes y exigió un confronto sin concesiones con la programación infantil.
En estos momentos, la esencia del ser inspira las manifestaciones de El Loco. Su naturaleza más auténtica está fluyendo y tomando forma y expresiones concretas. Ésta es la fase de conciencia que llamamos Arte en el tarot de Crowley, Arcano XIV, o Templanza en otros barajas, pues todo lo que fluye como una expresión de la esencia del ser es, sin duda, arte. El caminar se transforma en una danza, la palabra en poesía, el silencio en meditación. Cada gesto está impregnado de la divina belleza que la esencia tiene.
Ésta es la segunda iniciación de El Loco. Aquí él ya puede hacer, ya puede realizar a partir de su centro. Hacer es la expresión del propio cambio. No nos sirve de mucho pensar, decir o sentir si no hacemos nada.
El hacer nos lleva a nuevas transformaciones, a nuevos desafíos, especialmente cuando este hacer tiene la cualidad del no hacer, procedente de una profunda calma interior, libre de expectativas y conectada con los ritmos cósmicos. El Loco, transformado por el amor y la praxis, continúa el camino del rescate de la totalidad de su propio ser y su realización personal. Comienza por sus instintos, representados por el Arcano XV: El Demonio. Aquí el desafío de El Loco es permitir que éstos se expresen espontáneamente, que desabrochen y vuelvan a ser las raíces de su fuerza vital. Los instintos fueron, durante siglos y también en la actualidad de forma más sutil, negados, reprimidos o sublimados, rodeados de tabúes, considerados fuente de dolor y enfermedades, exiliados a las más profundas mazmorras del inconsciente, para después ser manipulados y usados por la propaganda y los medios de comunicación en beneficio del sistema. Este rescate libera tanta energía que permite remover viejas prisiones, externas e internas con las que el Loco continuaba identificándose. Aquí, en el paso por La Torre, Arcano XVI, éstas son destruidas y su vitalidad es tal, que ya no necesitará de este tipo de protección. En La Estrella, Arcano XVII, El Loco recuperará su mente y se sintonizará con las energías cósmicas. Percibirá la falsedad de toda una gama de creencias, definiciones, prejuicios y argumentos, dejando su intelecto receptivo, despierto, realista e intuitivo. El Loco se transforma en un agente de las fuerzas evolutivas y aprende a interpretar las señales que la existencia le envía y se sintoniza con ella. A partir de aquí, estará con la fuerza y lucidez suficientes para encarar y resolver el lado más siniestro de su sombra, para rescatar en profundidad su cuerpo emocional, en su encuentro con La Luna, Arcano XVIII. Eso significa enfrentar los miedos más terribles y las peores amenazas que, en sus primeros siete años de vida, bloquearon su corazón. Tomará conciencia de lo que realmente fue su infancia y trabajará para desenmascarar los mecanismos que apagan su conciencia, esclavizándolo e impidiéndolo de expresar espontáneamente sus sentimientos. Confiando en sí mismo, no dejará que los fantasmas aullantes de La Luna consigan hechizarlo y los transformará en polvo del camino. Del otro lado, encontrará las emociones más puras, auténticas y profundas, su ternura y sensibilidad más sutil. Sumergiéndose en lo más profundo de las tinieblas, El Loco alcanza la luz: El Sol, Arcano XIX. Es su sol interno, su llama divina, su ser espiritual. Aquí El Loco resplandece, pues tomó contacto con la eternidad, consiguió atravesar todos los velos que escondían el Ser de Luz que siempre fue y será. Aquí El Loco dice: “Yo soy un Ser divino, soy la Divinidad”. En El Eón o El Juicio, El Loco vive la reintegración de sus partes recién rescatadas. Instintos, intelecto, emociones y espíritu se funden en un nuevo ser. Este proceso de naturaleza alquímica significa un gran salto cualitativo de conciencia, comparable a un renacimiento. Aparece aquí el nuevo hombre, la nueva mujer, completo(a) y perfecto(a), libre de todas las trabas, divino(a), dispuesto(a) a vivir un tiempo nuevo, una nueva era. En El Universo, Arcano XXI, El Loco culmina su tarea, realiza sus potencialidades, va hasta las últimas síntesis, concretizaciones y consecuencias. Esto implica una trascendencia. El Loco alcanza un nuevo ciclo en la espiral de la evolución. Entonces sólo queda celebrar, libre y feliz, el éxtasis de la danza de la vida.

De “World Military and Social Expenditures”, 1983 (Washington D.C.: World Priorities).
Ver Birth Without Violence, London, Inner Tradition International.
Se han hecho experiencias de regresión al útero con homosexuales de ambos sexos y el 90 por ciento de ellos entraron en contacto con el deseo intenso de sus madres de que fueran del sexo que originalmente no eran.
Ley del gallinero: la gallina que está encima defeca sobre la gallina que está debajo.
La sexualidad infantil no es una sexualidad genital sino que engloba todo el cuerpo.
Ver El cuerpo traicionado, de Alexander Lowen
Leer La revolución sexual, de W. Reich
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