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SEPTIEMBRE 2006

 

 

La invocación al Ángel de la Guarda

Una de las operaciones mágicas más extraordinarias jamás escritas es el ritual de invocación al Ángel de la Guarda, que nos proporciona el Libro de la magia sagrada de Abramelín el Mago. Diferente a todos los rituales mágicos en lo que se refiere a la observación de hora, día, época y posición de la Luna, esta operación es relativamente sencilla y el método es bastante coherente.

Se debe disponer de un lugar donde puedan tomarse precauciones para no ser molestado o sorprendido. Una vez conseguido esto, lo demás es muy simple. Los siguientes seis meses de preparación que exige la operación para obtener el conocimiento y conversar con el santo Ángel de la Guarda son una muestra de la constancia y tenacidad que requiere la magia.

La época del año más adecuada para llevar a cabo esta gran operación es el primer día después de la Pascua, cerca del equinoccio de primavera. Si empieza el 22 de marzo terminará en el equinoccio de otoño, es decir, en septiembre, pues el tiempo necesario para realizarla con éxito es seis meses lunares, que se dividen en tres periodos de dos meses, caracterizados por la difícil destrucción de los egos y por el aumento de las oraciones e invocaciones, logrando con ello una fuerte concentración hacia el santo Ángel Guardián.

En cuanto al lugar para la operación, de ser posible debe localizarse en el campo, o en un lugar fuera de la ciudad donde puedas contar con soledad; aunque en la actualidad puedes aislarte totalmente en pleno corazón de la ciudad, sólo con encerrarte en tu apartamento. El aislamiento es el retiro físico de la vida citadina, de la misma manera que lo hicieron Moisés, Abraham, David, Elías y otros santos hombres, hasta alcanzar esta ciencia sagrada.

Esta operación no has de efectuarla en tu laboratorio mágico, pues exige que en el sitio no se haya realizado ninguna operación anterior relacionada con magia, brujería, etcétera. Escoge un apartamento que tenga un balcón descubierto y una pequeña habitación con ventanas por donde puedas ver hacia todas direcciones y desde donde puedas entrar al oratorio. El balcón servirá para que aparezcan los espíritus, pues no podrán entrar al oratorio.

La habitación que servirá de oratorio debe tener piso de madera de pino blanco, lo más limpio posible. Tanto el balcón como la habitación contigua, desde la cual llamarás a los espíritus, debe estar cubierta con una capa de arena fina de río, de por lo menos dos dedos de espesor.

El altar será de madera de pino y estará en el centro del oratorio; si realizas la operación al aire libre, el altar debe ser de piedras que nunca hayan sido tocadas por el martillo. El oratorio (las paredes) tiene que cubrirse con madera de pino y sobre el altar colgará uná lámpara de aceite de oliva, la cual apagarás al terminar tus oraciones. Sobre el altar coloca un incensario de bronce o plata sin moverlo de su lugar hasta que termine la operación. Las cenizas las retirarás con frecuencia arrojándolas en un jardín o en un lugar limpio.

El altar debe tener cajones donde puedas guardar todo lo necesario para la operación, como las dos túnicas, la corona o tiara, la vara, los santos óleos, el cíngulo, los perfumes, etcétera.

La primera será de lino, blanca y larga. La segunda túnica será escarlata, de seda y corta hasta las rodillas, de preferencia de bordes dorados o con hilo de oro. El cíngulo será de seda del mismo color de la túnica, y para la túnica blanca será de lino blanco, tejido en la misma forma que hizo con el cíngulo para los rituales anteriores. La corona o tiara puede ser de seda con oro.

El aceite consagrado se prepara de la manera siguiente:

Media parte de galanga.1

Una parte de mirra de lágrima.

Dos partes de canela de primera.

La mitad del peso de todo lo anterior del mejor aceite de oliva.


¹ Raíz de la India usada en medicina.


Estos ingredientes se mezclarán en forma de bálsamo. (Puedes hacer que lo mezcle un farmacéutico; en este caso debe consagrarse y purificarse después). Luego pónlo en un frasco de cristal y guárdalo dentro del altar.

El incienso se prepara de esta forma:

Una parte de incienso de lágrima.2

Media parte de estoraque.

Un cuarto de parte de áloe (si no consigue madera de áloe, puede usar cedro, palo de rosa o madera de sándalo).

Todos estos ingredientes deben reducirse a polvo y mezclarse bien; guárdelo luego en un frasco o en una caja para usarlo cuando los necesite.

Todos los sábados por la tarde debe prepararse cantidad suficiente de este incienso para que le dure toda la semana.


2Olébano.


La vara debe ser de madera de almendro del largo del brazo.

Todo esto irá guardado dentro del altar.

Durante el periodo de preparación debes evitar las transacciones comerciales de cualquier clase y procurar mantenerse alejado de compañías ociosas o mundanas; en especial evita las personas malintencionadas o compañeros de fechorías. Los dos primeros meses debes levantarte antes de la salida del Sol y, después de lavarte entrar en el oratorio y abrir la ventana que da al balcón, arrodíllate ante el altar con la cara hacia la ventana, enciende la lámpara de aceite y ruega a Dios que te conceda la gracia de ver a tu Ángel Guardián.

Los siguientes dos meses te levantarás también antes de la salida del Sol y después de lavarte las manos y la cara dirás tus oraciones, las cuales repetirás en la tarde. Pídele a Dios que ordene a sus ángeles que te lleven por el sendero de la sabiduría, estudia las sagradas escrituras, abstente de relaciones sexuales lo más posible. Lava completamente todo tu cuerpo los sábados por la tarde, evita la embriaguez, come y bebe con moderación. A partir de ahora, ayunarás todos los sábados.

Los dos últimos meses te lavarás las manos y el rostro por la mañana y al mediodía, antes de entrar en el oratorio. Haz una confesión de todos tus pecados.

Ruega a Dios que te dé fuerza para soportar la presencia y conversación de sus ángeles y que te conceda la sabiduría secreta, para que puedas tener control sobre los espíritus y las demás criaturas.

Durante estos meses recitará las oraciones tres veces al día. El incienso estará quemándose todo el tiempo (durante el día). Pide a los ángeles que intercedan por ti en este último periodo. Debes alejarte totalmente de toda actividad remunerada. No permitas la compañía de nadie, excepto tu esosa o algún sirviente; haz obras de caridad, da limosnas, lea las escrituras. Ayuna todos los sábados, lava todo tu cuerpo y cambia tu ropa. Cada vez que entres en el oratorio ponte la túnica de lino antes de encender el incensario. Los carbones apagados y las cenizas retíralás del altar en un recipiente de cobre. El incensario no debe moverse del altar hasta terminar la operación completa. En estos dos últimos meses debes cambiar el carbón y retirar las cenizas diariamente.

Durante los primeros cuatro meses quema incienso los sábados cuando recites la oración, por la mañana y por la tarde.

Cuando hayan transcurrido los dos últimos meses, entra en el oratorio antes de la salida del Sol, habiéndote lavado previamente como los dos últimos meses, y deja fuera tus zapatos. Abre la ventana y coloca los carbones encendidos en el incensario y enciende la lámpara. Saca de los cajones del altar las dos túnicas, la corona, el cíngulo y la vara. Pónlos sobre el altar, toma el aceite consagrado con la mano izquierda; echa un poco de incienso sobre los carbones, arrodíllate y ora con fervor.

¡Oh Señor Dios de misericordia, paciente y benigno, que dispensas tu gracia en mil formas a todas las generaciones; que olvidas las iniquidades, los pecados, y las trasgresiones de los hombres; ante cuya presencia nadie es encontrado inocente, que trasmites las trasgresiones de los padres a los hijos, a los sobrinos, a los nietos, hasta la tercera y cuarta generación; conozco mis maldades y no soy digno de aparecer ante tu divina majestad ni de implorar y pedir tu bondad y misericordia ni la menor gracia! Pero, ¡oh Señor de Señores!, la fuente de tu bondad es tan grande, que por sí misma abraza aquellos que sienten vergüenza por causa de sus pecados y los invita a beber de tu gracia. Por ello, ¡oh Señor mi Dios!, ten piedad de mí y aleja de mí toda iniquidad y malicia, limpia mi alma de toda mancha del pecado, renueva en mí el espíritu y confórtalo, para que se vuelva fuerte y pueda comprender el misterio de tu gracia y los tesoros de tu divina sabiduría. Conságrame con el óleo de tu santificación, con el que has ungido a todos tus profetas; purifica todo lo que en mí hay para que sea digno de la conversación con tus santos ángeles y de recibir tu divina sabiduría, concédeme el poder que has dado a tus profetas sobre todos los Espíritus. Amén, amén”.

Una vez terminada la oración, levántese y póngase un poco de óleo consagrado sobre el centro de la frente; luego moje el dedo en el mismo óleo y con él toque las cuatro esquinas superiores del altar y unte también la vara, las túnicas, la corona y el cíngulo en ambos lados. Toque también las ventanas y la puerta del oratorio. Luego, con el dedo mojado en el óleo, escriba lo siguiente en los cuatro lados del altar:

"En cualquier lugar donde se alabe mi nombre yo vendré entre ustedes y los bendeciré".

Habiendo hecho esto, la consagración queda terminada. Guarda todos los instrumentos, túnicas, vara, etcétera, dentro del altar. Luego arrodíllate y di la oración ordinaria (la que usaste durante los primeros meses). No debes sacar ningún objeto consagrado del oratorio. En el periodo siguiente levántate temprano, pero no te laves ni te pongas ropas comunes, sino usa ropas de luto; entra al oratorio sin calzado, dirígete al incensario, quita las cenizas de él y ponlas sobre tu cabeza; enciende la lámpara y coloca los carbones encendidos en el incensario. Abre las ventanas y ve hacia la puerte. Colócate allí con el rostro contra el piso. Ordena al niño¹ que ponga el incienso sobre los carbones, después de lo cual se colocará ante el altar, de rodillas,siguiendo las instrucciones que se dan a continuación:


¹ Para este propósito se sirve de un niño de 6 u 8 años de edad, que vestirá de blanco. Lo bañara de pies a cabeza, colocará sobre su frente un velo de seda blanca y sobre el velo pintará con oro, el signo que se indica. El operador hará lo mismo, pero con un velo negro.


Una vez que el niño esté arrodillado ante el altar, recita tu oración y suplica al Ángel que se digne aparecer y se muestre ante la criatura inocente y te dé una señal para que tú mismo lo veas en los siguientes dos días.

Es importante que el operador no vea el altar sino que permanezca con el rostro hacia el piso, orando. Una vez que el niño haya visto al Ángel, ordénale que vea en el altar y recoja el plato o lámina¹ de plata que haya puesto para tal motivo y mire lo que el Ángel escribió en él. Luego que vea lo que dejó el Ángel, que el niño coloque nuevamente la lámina sobre el altar; sal del oratorio y ciérralo. No entres en él durante el primer día. Despide al niño. Prepárate el resto del día para que la mañana siguiente disfrutes de la presencia del Ángel Guardián, para lograr el fin deseado en toda la operación. Copia el contenido de la lámina para que no olvides ninguna de las instrucciones que te escriba el Ángel. Deja la ventana abierta y la lámpara encendida. Durante este primer día no hables con nadie ni le contestes nada a nadie, así sea tu propia esposa o sirvientes, excepto al niño. Después de la puesta del Sol puedes comer frugalmente y luego descansar. Duerme separado de tu esposa estos días.

Durante siete días debes realizar las ceremonias sin faltar en nada: el día de la consagración, los tres días de la convocación de los espíritus buenos y los tres días de la convocación de los espíritus del mal.

El segundo día sigue las instrucciones que te dejó el Ángel por escrito. Ve temprano al oratorio, pon los carbones encendidos en el incensario y pónles incienso; enciende la lámpara. Usa las mismas ropas de luto que el día anterior. Póstrese con el rostro hacia el piso. Reza humildemente, pidiendo a Dios que te conceda la gracia de ver a sus santos ángeles y que los espíritus electos se dignen conversar contigo. Esto lo harás con la máxima devoción y fervor de que sea capaz, durante el lapso de dos o tres horas. Luego sal del oratorio y vuelve al mediodía por una hora más. Haz lo mismo en la tarde, después de lo cual puedes comer del mismo modo que antes. El esplendor dejado por el Angel no desaparecerá del oratorio.

La tarde del segundo día báñate completamente. A la mañana siguiente entra al oratorio con vestiduras ordinarias, pero limpias, y los pies desnudos. Pon los carbones y el incienso en el incensario y enciende la lámpara, ponte la túnica blanca, arrodíllate ante el altar y da gracias a Dios por todos los beneficios recibidos. Da gracias a los ángeles también para que te tomen bajo su cuidado por el resto de tu vida y para que tu Ángel Guardián jamás te abandone y te guíe por el camino del Señor.

Este día el Ángel Guardián se mostrará y hablará contigo, siempre y cuando hayas efectuado correctamente las instrucciones durante los seis meses. El tercer día conversarás con Él en el oratorio. Debes salir de éste durante una hora en la tarde, después volverás para recibir las instrucciones que el Ángel, te dé, toma nota de todo. Cuando el Sol se ponga, recita tu oración y quema el incienso acostumbrado y da gracias a Dios. Cuando concluyas tu oración, el esplendor desaparecerá. Sal del oratorio; deja las ventantas abiertas y la lámpara encendida, puedes retirarte luego y comer como los días anteriores.

Las instrucciones necesarias para la convocación de los espíritus del mal las recibirás directamente del Ángel.

Los siguientes cuadrados representan los símbolos que deben ir en la cabeza del operador y del niño durante la invocación angélica. Los cuadros con los números deben ir en el reverso. No son cuadrados mágicos.


En la invocación de este ritual no se usa el círculo mágico. Grandes magos coinciden en que para esta operación no es necesario el círculo porque el oratorio constituye por sí mismo un lugar sagrado al que no pueden penetrar los espíritus, por lo cual hacen su aparición en la terraza o balcón.

El Ángel Guardián al que se invoca no es otro ser que el Yo superior, aunque puedes identificarlo como Adonai, Augoeides, el Santo Ángel Guardián, o denominarlo como gustes.




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