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Septiembre 2010
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Inteligencia emocional y Flores de Bach
Dr. Ricardo Orozco
La atmósfera es enormemente emotiva. El grupo de amigos acaba de volver del entierro del padre de Ana. Se conocen desde la escuela secundaria, y algunos desde antes. Ana llora a pequeños intervalos, a veces desconsoladamente. Todos saben del fuerte vínculo que tenía con su padre. María la consuela en todo momento, colmándola de atenciones. Pablo toca cariñosamente el brazo de Ana y su novia le ofrece amablemente pañuelos de papel y chorritos de un frasco con flores de Bach. Elena no hace nada pero se la ve triste, mirando por la ventana de la cafetería donde se encuentran. De pronto Alberto, aparentemente ajeno a la situación, le pregunta a Ana qué va a hacer este verano. Ella no contesta e intensifica su llanto. Los amigos clavan sus miradas en Alberto. Incluso la aparentemente absorta Elena desvía su vista de la ventana y mueve negativamente la cabeza, como diciendo “¿Este tío es tonto de nacimiento o se hace el tonto?” Pablo emite un suspiro asesino. El silencio es sepulcral.
Pero ¿qué pasa con Alberto? ¿Qué es lo que lo lleva a tener una actuación totalmente inadecuada? ¿Sufre algún tipo de retraso mental? Nadie lo piensa; ha aprobado la carrera de ingeniería. ¿Tal vez esté nervioso y haya querido aflojar la tensión emocional del momento? No. Alberto simplemente tiene graves fallas en su inteligencia emocional. No capta el clima emocional de la situación ni procesa adecuadamente el lenguaje no verbal. Cualquier terapeuta floral le prescribiría Chestnut Bud por sus errores continuos e incluso Agrimony, ya que es propenso a soltar carcajadas inadecuadas y contar chistes estúpidos en momentos inoportunos. Afortunadamente no ha contado hoy ninguno de muertos. Aunque su currículum académico es brillante, no permanece demasiado tiempo en ningún trabajo. Sus novias tampoco duran demasiado y los integrantes del grupo de Ana lo evitan todo lo posible, aunque le han avisado del entierro por cortesía.
¿Cuántos de nosotros conocemos a individuos como Alberto? Personas que parecen entrenadas para meter la pata una y otra vez y que sin embargo son habilidosas e inteligentes para cosas como las matemáticas, sistemas mecánicos, etc. ¿Por qué se da esta circunstancia aparentemente contradictoria? La inteligencia emocional tiene respuesta para ello.
Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) empezaron a ensayarse las pruebas que medían la inteligencia mental o cognitiva, inicialmente en los soldados estadunidenses. Hasta bien entrado el siglo XX, tener un alto coeficiente intelectual era sinónimo de éxito en la vida. Por ello, estos individuos eran casi venerados, ya que se creía que eran seres privilegiados, tocados en cierta forma por la fortuna.
Estas baterías de test que miden la inteligencia cognitiva o mental, valoran una serie de habilidades matemáticas, capacidad de memoria y atención, de pensamiento abstracto, etc.
Aún hoy en día, muchos padres presumen de que sus hijos tienen un alto coeficiente intelectual, “son superdotados”, etc., pero la realidad cotidiana demuestra que el triunfo en la vida y la calidad de la misma, no siempre dependen de un alto nivel de inteligencia, sino de otra serie de factores relacionados con el nivel de autoconocimiento y de habilidades sociales como la empatía. De hecho, individuos receptivos a los signos del entorno, pueden interactuar con el mismo de una forma que les acerca a la excelencia, aunque no tengan un alto cociente intelectual. Por otra parte todos conocemos individuos con altos cocientes intelectuales que actúan como verdaderos patanes emocionales, siendo socialmente torpes, inadecuados e impopulares, como en el caso de Alberto.
Existe pues otro tipo de inteligencia, aquella que Daniel Goleman define como inteligencia emocional. El trabajo de este autor alcanzó una enorme difusión en la década de los 90. Si bien el concepto de este tipo de inteligencia no fue creación de este investigador, es bien cierto que fue él quien difundió el tema a través de su libro Inteligencia emocional (Kairós, 1996). Por otra parte, Goleman realizó importantes estudios científicos que demuestran la relación entre la inteligencia emocional, la salud y la felicidad.
Entre 1928 y 1936 el médico inglés Edward Bach creó un sistema compuesto por 38 esencias florales que, sobre todo a partir de 1980, alcanzaría una gran difusión en prácticamente todo el mundo. No es objeto de este artículo detallar las características de este maravilloso sistema floral, sino trazar un puente entre la inteligencia emocional y las flores de Bach, ya que la primera puede ser directamente asistida y fomentada por las segundas. Pero ¿cómo podría definirse la IE?
Lainteligencia emocional es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar los estados anímicos propios y ajenos.
Se compone de un conjunto de habilidades. Para conseguir buenos resultados en nuestro entorno es necesario un manejo provechoso de las mismas. El dominio exitoso en la práctica de estas habilidades se denomina competencia emocional. Puede existir la habilidad pero, para ser considerada como una competencia, debe conducirnos al éxito.
Las competencias emocionales determinan el nivel de destreza con que manejaremos nuestras potencialidades. El desarrollo de las competencias emocionales nos lleva a una existencia más feliz, incidiendo sobre diversos ámbitos de nuestra vida:
- Contribuyen a nuestro bienestar psicológico.
- Mejoran nuestra salud física.
- Favorecen nuestra motivación.
- Permiten un mejor desarrollo de nuestras relaciones con los demás (área afectiva, laboral y social).
Las Flores de Bach son inteligencia emocional líquiday nos ayudan a desarrollar y hacer un uso adecuado de las competencias emocionales.
Las competencias emocionales se relacionan con dos tipos de IE:
- Inteligencia emocional intrapersonal.
- Inteligencia emocional interpersonal.
1) La IE intrapersonal tiene que ver con nuestro nivel de autoconciencia. Consiste en darnos cuenta de cómo somos y de lo que nos está ocurriendo. Hacernos conscientes de nuestros estados de ánimo y de los pensamientos que tenemos acerca de ellos. Podríamos hablar aquí de conciencia emocional. Casi todas las flores de Bach trabajan este último concepto, pero existen algunas, como Agrimony y Chestnut Bud, que parecen específicamente creadas para ello, ya que ayudan a identificar y nombrar nuestras emociones.
La correcta autovaloración implica el conocimiento de nuestras propias fortalezas y limitaciones. Vemos problemas para autovalorarse correctamente en individuos desbordados por sus emociones e incapaces de escapar de ellas, o sin fuerzas para controlar su vida emocional. Podemos citar los siguientes patrones florales entre otros: Holly (como niños pequeños que no toleran las frustraciones), Vervain y Chicory (sobrevaloran su postura), Heather (angustia permanente). Pine, Larch, Centaury (infravaloran su postura)
Otras competencias importantes de la IE intrapersonal son la autoconfianza y la autorregulación. Las personas sin autoconfianza perciben lo que les está ocurriendo pero aceptan pasiva o resignadamente sus estados de ánimo y no tratan de cambiarlos, como es el caso de Wild Rose, Gorse, Olive, Gentian, Larch, Mimulus, Centaury, Pine, Cerato, etc. La autorregulación constituye una habilidad que nos permite el manejo de nuestros estados de ánimo, recursos e impulsos, en función de regular la conducta. Casi todas las flores tienen que ver con esta competencia emocional. De forma muy global podríamos hablar de Cherry Plum y Rock Rose. Conocer nuestras emociones nos prepara para el control de las mismas pero esto no implica que siempre cambiemos nuestra pauta de respuesta. Por ejemplo, “Me indigno cuando mi marido no me hace caso (porque me hace sentir sola, vacía, incomprendida)”. Claro que esto no da por hecho que deje de indignarme. Llegamos así al autocontrol emocional. Cada una de las esencias es maestra en este aspecto (no confundir autocontrol con represión emocional). Dos polos: por defecto: expresión desenfrenada (Vervain, Heather, Chicory, Impatiens…) o bien por exceso, representando estilos inadecuados de control emocional: como en la represión emocional (Rock Water, Mimulus, Oak, Cherry Plum) o en la “felicidad a prueba de balas”, citada en el caso de Alberto (Agrimony).
Existen otras competencias emocionales de la IE intrapersonal, como la capacidad de adaptabilidad e innovación, la confiabilidad, la motivación (definición de la meta, impulso de logro, compromiso, iniciativa y optimismo).Todas ellas están relacionadas directamente con flores de Bach muy concretas.
2) La IE interpersonal representa el desarrollo de determinadas habilidades sociales. Queda claro que para desarrollar estas competencias es necesario dominar las anteriores.
La empatíaconsiste en hacernos conscientes de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los otros, comprendiéndolos desde su propio marco de referencia.La empatía es la raíz de la ética y probablemente el fundamento de la comunicación. La empatía guarda mucha relación con la autoconciencia. Para entender lo que sienten los demás hay que tener bien clara la vivencia de las propias emociones. No basta con darse cuenta. Incluye el transmitir que se ha captado lo que la otra persona nos comunica. También implica hacer esta lectura no sólo de manera individual, sino en el contexto del grupo: captar el clima emocional del mismo. Luego no es un proceso unidireccional y para que ocurra deben haberse desarrollado las dos siguientes destrezas sociales: sintonización y sincronización. Como vimos en el ejemplo de Alberto, él no puede ser empático, no puede situarse en el lugar de Ana. Al tener muy poca autoconciencia, no puede plantearse lo que le ocurriría a él mismo de haberle sucedido lo que a Ana.
En realidad la mayoría de las flores parece estar destinada a desarrollar la empatía. Tienen especial dificultad los patrones de autocentramiento, aislamiento y rigidez mental: sólo citaré los principales: Clematis, Wild Rose, White Chestnut, Chestnut Bud, Water Violet, Impatiens, Heather, Holly, Willow, Oak, Vervain, Vine, Beech, Rock Water…. Chicory se da cuenta de los estados de los demás pero los utiliza para manipularlos. Quiere esto decir que estas flores ayudan decisivamente en el desarrollo de la empatía en todos aquellos que estén limitados por su aspecto negativo.
Si debiésemos, por el contrario, mencionar dos estados en los que el problema parece ser el contrario, un exceso mal entendido de empatía, éstos serían Red Chestnut y Centaury.
Las destrezas sociales son el punto culminante del desempeño de la IE. Implican el dominio de una serie de habilidades que permiten inducir las respuestas deseadas en los otros. La capacidad de automotivarse debe ser contagiosa para los demás.
La sintonización es la forma en que los demás constatan que sus emociones son captadas, aceptadas y correspondidas. Representa el feedback o retroalimentación del proceso de empatía. Sin embargo, la sintonización no es suficiente, sino que se debe sincronizar con el otro. Se logra sincronizar cuando el estado de ánimo de un individuo encuentra resonancia en otra persona o grupo.
Existe una serie de personas que tienen grandes problemas en resonar con los demás por sus estilos de aproximación y comunicación inadecuados.
Grandes errores son tratar de asumir el mando apresuradamente o ser invasivos, prepotentes, teatrales, etc (Vervain, Vine, Chicory, Impatiens, Heather), o bien protagonismo excesivo, lo que produce rechazo (otra vez en Heather y Agrimony); o los problemas para sintonizar que padecen: Clematis, Wild Rose, White Chestnut, Chestnut Bud, Water Violet, Impatiens, Heather, Holly, Willow, Oak, Vervain, Vine, Beech, Rock Water y Chicory.
En otros casos la falta de destrezas sociales viene de la mano de limitaciones sociales alimentadas por patrones Scleranthus, Larch, Mimulus, Crab Apple, Pine, etc.
Este necesariamente breve repaso por la IE compaginado con las flores de Bach me lleva a la convicción de que esas flores son en realidad inteligencia emocional líquida, pero me gustaría ir un poco más lejos con la siguiente idea:
inteligencia emocional = crecimiento personal
crecimiento personal = evolución espiritual
Y aquí es donde el maridaje entre las obras de Bach y Goleman se torna más definitivo. Según el Dr. Bach, el motivo de la existencia es el aprendizaje. Encarnamos en este “día de colegio”, que llamamos vida, para aprender una o dos lecciones maestras. Éstas pueden traducirse en competencias emocionales intrapersonales e interpersonales. A mi modo de ver, las interpersonales deberían ser las más difíciles de aprender, ya implican que sea necesario poseer una buena inteligencia emocional intrapersonal (conocerse a sí mismo).
Es imposible en este artículo detallar las lecciones enumeradas por Bach y relacionarlas con las competencias de la inteligencia emocional y sus flores correspondientes, pero puedo asegurar que se trata de algo apasionante y fácilmente verificable en la práctica de cualquier terapeuta floral entrenado. Se trata de un trabajo emocionante que verdaderamente merece la pena.
Bibliografía:
Bach, Edward. Bach por Bach. Obras completas. Escritos florales. Continente, Buenos Aires.
Goleman, Daniel. Inteligencia emocional. Kairós. Barcelona, 1996.
Orozco, Ricardo. Flores de Bach. 38 Descripciones dinámicas. El Grano de Mostaza. Barcelona, 2010. Prana-Lectorum, México, 2010.
Rodríguez, Boris y Orozco, Ricardo. Inteligencia emocional y Flores de Bach. Indigo, Barcelona, 2005.
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